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Miércoles, 16 de julio de 2014

CINE › UNA INDUSTRIA QUE PREPARA EL GRAN SALTO PLANETARIO

La gran batalla de Chinawood

Transformers 4 es un resonante ejemplo del fenómeno que ya nadie puede ocultar: la República Popular China apunta a desarrollar una industria cinematográfica con impacto global. Las cifras así lo demuestran: su producción ya está en tercer lugar.

 Por Horacio Bernades

El mercado mundial se conquista con inversiones, infraestructura, expansión, diversificación, modernización tecnológica... y cine. Eso comprendieron los Estados Unidos una centuria atrás y a eso apunta, en el siglo XXI, la República Popular China. Lo que se plantean las autoridades del país presidido por el inminente visitante Xi Jinping es que el cine se constituya no sólo en una de sus industrias más poderosas, sino también en vehículo de exportación de cultura, costumbres, idioma, valores, gastronomía. Exportación de la imagen misma del país. Aspiran, en una palabra, a “marketinear” China por medio del cine. Tal como hicieron al norte del río Grande al descubrir, entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, el poder de penetración de las moving pictures.

Las cifras reflejan con contundencia este gran salto adelante de la cinematografía del país más poblado. En los últimos cuatro años, la cantidad de salas cinematográficas ubicadas en el país del oso panda se triplicó, estimándose que se inaugura un promedio de catorce salas diarias y alcanzando en este momento la pasmosa cifra de cinco mil en total. Las recaudaciones aumentaron el 22 por ciento en el último año, convirtiendo a la China en el segundo mercado cinematográfico más grande del mundo, detrás de los Estados Unidos. En el mismo período, el volumen de producción creció un 20 por ciento, estimándose un total de 700 producciones para el curso de este año. Esa cifra hará de la China el tercer mayor productor cinematográfico del planeta, apenas por debajo de EE.UU. y la India. Con una diferencia clave: la India, a diferencia de su vecino del norte, lo hace casi exclusivamente para su gigantesco mercado interno, mientras que el mercado en el que piensa la China de hoy es el mundo entero.

En su carácter de coproducción entre Estados Unidos y China, uno de los grandes “tanques” globales de la temporada –la recién estrenada y tan yanqui Transformers 4– aparece como punta de lanza del proyecto de internacionalización de Xi Jinping y sus muchachos. “Promover el uso de alta tecnología en la producción, la exportación de películas y producir películas altamente comercializables”: ésa es, de acuerdo con un artículo difundido un par de semanas atrás por la agencia oficial de noticias Xinhua, la nueva política de la RPC en materia cinematográfica. Así lo confirma un paquete de medidas oficiales, dictado en simultáneo con el comunicado. Las medidas contemplan un presupuesto anual para el cine de mil millones de yuanes (equivalente a 163 millones de dólares), exenciones fiscales para estimular la inversión, aliento a la inversión por parte de bancos y entidades financieras, así como la suspensión por cuatro años del impuesto al valor agregado para los ingresos por venta de copias, derechos de autor y distribución de películas.

El eje de la política oficial serán las grandes producciones, con hincapié en aquellas que tengan alto contenido de efectos especiales, ya se trate de coproducciones en las que la parte china sea minoritaria (el caso de Transformers 4) u otras en las que los que dominen sean los capitales propios. Con un aporte considerable por parte de la compañía China Media Movie Group, la película de los robotazos incluye en su elenco (aunque en papeles no protagónicos) a dos figuras sumamente populares en la tierra de Mao: la bella Li Bingbing y el bello Han Geng. Además de ello, parte de la acción transcurre en Hong Kong y Beijing y un señor llamado Stanley Wan Sze Chan se desempeñó como asistente de dirección y director de la segunda unidad.

Como resultado, en la semana de estreno la película de Michael Bay devino la primera en la historia en recaudar más en China que en Estados Unidos: 134 millones y medio de dólares contra 121, en una batalla de gigantes que parecen replicar a los de la ficción. A la fecha, el duelo de colosos registra un empate: 200 millones recaudados en cada uno de esos territorios, sobre un total global de más de 600. O sea que en China, La era de la extinción engrosó hasta el momento un tercio de su recaudación planetaria. El tamaño del mercado doméstico es lo que hace que esta clase de coproducciones sea de interés para todos. A los chinos les interesa el mercado mundial; a las majors, el mercado chino. Resultado: coproducción.

Símbolo de la apuesta oficial por el cine son los Hengdian World Studios, cuyo dueño es Xu Wenrong, magnate equivalente a los de los comienzos de Hollywood, que cuenta con apoyo estatal. Construidos a 300 km de Shanghai desde mediados de los ’90, los estudios Hengdian constituyen el corazón de “Chinawood”, equivalente oriental de Hollywood. Con una superficie total (en expansión) de quinientos mil metros cuadrados, son, claro, los más grandes del mundo. Para darse una idea: si los estudios de la Universal y la Paramount se fusionaran, no llegarían a reunir esa superficie. Desde hace una década es allí donde se producen más series y películas en el mundo entero (para este año, la cifra de estrenos en el mercado doméstico se estima en alrededor de mil).

En esos estudios, que cuentan con una reproducción a escala real de la Ciudad Prohibida, se filmaron desde una de las secuelas de La momia hasta la reciente Black Coal, Thin Ice (ganadora del Oso de Oro en la última edición de la Berlinale), pasando por Héroe, de Zhang Yimou, y El tigre y el dragón, uno de los puntales en la popularización internacional del cine chino. Otros bastiones de este verdadero salto del tigre son el Parque Nacional de la Animación, centro de oficinas inaugurado un par de años atrás, incluyendo una que es propiedad nada menos que de James Cameron y Qingdao Oriental Movie Metropolis, emprendimiento de Wang Jianlin, dueño del Grupo Wanda y lisa y llanamente el hombre más rico de toda China (su patrimonio se estima, pesos más, pesos menos en 22 mil millones de dólares).

En diciembre pasado, Leonardo DiCaprio, Nicole Kidman, John Travolta y Catherine Zeta-Jones fungieron como estrellas invitadas en el lanzamiento de esa “metrópolis”, cuya inauguración oficial se prevé para 2016. Con un costo estimado en el equivalente a cinco mil millones de dólares, el de Qingdao será un gigantesco complejo. Incluyendo el primer estudio subacuático del mundo, construido tal vez a la medida de Mr Cameron, notorio fan de esa clase de filmaciones. Involuntaria invocación del muy crítico film The World, de Jia Zhangke, la “metrópolis” contará también con un parque temático, siete hoteles, shoppings y, como corresponde, el cartel con su nombre, montado sobre una colina. Igualito al de Hollywood, pero en ideogramas. El señor Wang no se conforma con eso: pretende llevar adelante en el complejo, a partir de 2016, un festival internacional de gran tamaño.

Levantar una Hollywood del Extremo Oriente, que sea mil veces más grande que su modelo, parece ser la estrategia oficial de un país que se apresta a ser primera potencia mundial y quiere contar con imágenes que refuercen esa condición. Ya las está produciendo, a toda velocidad y con todos los yuanes del mundo puestos en la empresa. De aquí en más el planeta entero será testigo de ello. La apuesta es que además de testigo sea su espectador: ésa es la próxima batalla de esta guerra de conquista.

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A 300 km de Shanghai, los Hengdian World Studios cuentan con quinientos mil metros cuadrados.
 
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