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Sábado, 16 de agosto de 2014

CINE › JANEIRO 27, SOBRE LA TRAGEDIA DE LA DISCOTECA BRASILEÑA KISS, EN EL FESTIVAL DE GRAMADO

“Esto se ha vuelto una causa social”

Los cineastas Luiz Alberto Cassol y Paulo Nascimento prefirieron centrarse en las historias de los sobrevivientes y los padres de las víctimas antes que en el proceso judicial. Por las similitudes del caso, hay testimonios de familiares de los muertos en Cromañón.

 Por Ezequiel Boetti

Desde Gramado

Podría hablarse de tragedia, salvo porque estos protagonistas, a diferencia de los héroes clásicos, jamás marcharon rumbo a un destino manifiesto y, como tal, inexorable. Podría hablarse de accidente, aunque la concatenación de irregularidades esfuma cualquier alegato de imprevisibilidad o sorpresa. Quizás, entonces, no haya término posible para explicar tres secuencias calcadas separadas por miles de kilómetros y una década. Todo empezó en febrero de 2003 en The Station, un boliche del estado de Rhode Island, a 200 kilómetros de Nueva York, donde iba a tocar una banda de rock pesado. El primer acorde nunca llegó. En su lugar hubo gritos, pánico y desesperación desatados a raíz de un incendio causado por una falla con los fuegos artificiales que abrían el show. Murieron 95 personas, en su mayoría jóvenes y casi todos asfixiados. Basta un coordenada de tiempo y espacio para saber de qué se trató la segunda: 30 de diciembre de 2004, Cromañón. La última ocurrió en enero del año pasado en la disco Kiss de la ciudad de Santa María, ubicada a casi 300 kilómetros de Porto Alegre, cuando una bengala alcanzó la espuma de aislamiento acústico del techo, desatando un –otro– incendio. El saldo lastima con solo enunciarlo: 242 muertos y varios centenares de heridos. Sobre este caso –y sobre todos, porque las similitudes asustan– habla el documental Janeiro 27, exhibido en el marco del 42° Festival Internacional de Cine de Gramado.

Tristeza, dolor, muerte, vacío. El vacío de la ausencia, de lo inexplicable. Porque el vacío podrá no ocupar espacio, pero vaya si se manifiesta. Lo hace en el mapeo arbitrario de las cicatrices de los sobrevivientes, en los recuerdos indelebles de la muerte mirándolos fijos mientras liberaba su potencia arrolladora, en los ojos apagados y vaciados de esperanza de los padres, familiares y todos aquellos cuyas vidas dejaron de ser aquello que fue y nunca más será. “Vos podés abrazarme para darme consuelo y tratar de levantarme, pero no me digas que lo sentís porque no podés. Nadie puedo sentirlo”, dice uno de los padres promediando el film. Padre que bien podría ser el de alguna de las 194 víctimas de Cromañón. Tiene su lógica, entonces, que los realizadores Luiz Alberto Cassol y Paulo Nascimento incluyan entrevistas a varios familiares y sobrevivientes del incendio argentino. “Cuando empezamos a investigar descubrimos que los casos de The Station y Cromañón eran muy iguales a éste. Era doloroso e increíble ver cómo se volvieron a repetir los mismos errores diez años después”, dice Ca-ssol ante este diario.

Producido a pedido de la Asociación de Familiares y Víctimas de la Tragedia de Santa María (AVTSM) y exhibido aquí fuera de concurso en el apartado de Largometrajes Gaúchos, Janeiro 27 es un desgarrador retrato sobre la lucha de los padres y sobrevivientes del incendio de Kiss no tanto por conseguir justicia –el film prescinde de cualquier referencia a la investigación–, sino por evitar la tentación facilista y tranquilizadora del olvido. “Nací en Santa María, y Paulo en una ciudad muy cercana; vivimos toda nuestra juventud ahí y conocemos mucho la ciudad. El año pasado, tres o cuatro meses después del incendio, surgió la idea de ver qué podíamos hacer para darles un abrazo a los padres. Lo primero que nos preguntamos en ese momento fue qué hacer, de qué forma mostrar lo ocurrido. Pasamos más de un mes discutiendo hasta que finalmente nos dimos cuenta de que teníamos que hacer un alegato para que esto nunca más suceda. Nuestro objetivo era reflexionar sobre lo que pasó”, explica el documentalista.

–La película no muestra imágenes de archivo para centrarse exclusivamente en el testimonio a cámara de padres y sobrevivientes. ¿Por qué tomaron esa decisión?

–Esa idea fue nuestra y se debe a que creíamos que la prensa ya había mostrado lo suficiente durante todos los meses posteriores. Muchos sobrevivientes nos mandaron fotos y videos de esa madrugada, pero no los aceptamos porque había una idea narrativa que era focalizarnos en los padres y en los recuerdos de esa trágica madrugada.

–Tampoco se habla del estado de la causa judicial...

–Hay causas abiertas y en pleno proceso de investigación, pero era muy difícil señalar un solo culpable, porque se trató de una serie de yerros que, sumados, desembocaron en Kiss. Hubo una incompetencia enorme de distintos factores. Tanto la información que juntamos como los padres y sobrevivientes coinciden en el exceso de personas y la falta de medidas de seguridad como las principales cuestiones, pero decidimos que el documental no señalara los culpables, sino que reflexionara sobre lo que aconteció.

–Varios testimonios coinciden en la idea de luchar contra el olvido. ¿De qué manera cambió Santa María después de los hechos?

–La ciudad estuvo muy parada y sintió muchísimo el impacto: los bares y los boliches estuvieron prácticamente vacíos durante meses. Hoy no podemos negar lo que pasó y que hubo 242 muertos. Ahora lentamente va retomando su ritmo, pero tiene que hacerlo pensando en lo que pasó. Hoy todos los lugares tienen carteles indicando la capacidad máxima, las salidas y demás, pero me gustaría saber hasta cuándo será eso. Para que casos como éste no se repitan debería ser para siempre. Los padres han luchado muchísimo en ese sentido, fundando organizaciones y apoyándose mutuamente. Nunca hubiera querido hacer Janeiro 27. Esto se ha vuelto una causa social.

–Más allá del dolor y la tristeza, a muchos padres se los nota con muchas ganas de hablar...

–Conseguir algunos testimonios fue difícil porque ellos no sabían cómo haríamos la película. No creíamos que esto fuera una cuestión binaria de buenos y malos, pero sí sabíamos que tendríamos una posición definida del lado de los padres, así que fuimos buscando distintos casos y después me tocó la infeliz tarea de seleccionar cuáles servían y cuáles no porque había muchos casos similares.

–Algo llamativo de las imágenes es una suerte de vacío en la mirada de los padres. ¿Cómo vivió el proceso de entrevistarlos?

–Hay un padre y una madre en particular que perdieron a sus dos hijos. Cada vez que los escucho me da una tristeza enorme, y eso que estuve 22 días encerrado en la sala de montaje con dos editores cuidando de no dejarlos expuestos. Cada entrevista duró entre dos y tres horas, y el 75 por ciento del tiempo eran llantos, así que tuvimos que concentrarnos muchísimo en contar la historia y no el sufrimiento. La mayoría de ellos estaban como perdidos, duros, y como entrevistador fue muy difícil estar a menos de dos metros de ellos.

–Dadas las similitudes con el caso Cromañón, ¿hay algún plan para exhibir Janeiro 27 en la Argentina?

–La Asociación de Santa María tiene total libertad de hacer lo que quiera con esta película porque ahora les pertenece a ellos. Algunos festivales llamaron para exhibirla y yo acepto siempre que no esté dentro de una competición ni nada. Mostraremos la película donde quieran ellos, siempre que sea para contribuir a la reflexión. La primera proyección que hicimos fue para los padres de Santa María en el primer aniversario, en enero de este año, y ahí vino un grupo de doce o quince padres de víctimas de Cromañón. En octubre habrá un evento y creo que estaremos allí.

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Cassol y los miembros de la Asociación de Familiares y Víctimas de la Tragedia de Santa María.
 
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