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Jueves, 1 de septiembre de 2016

CINE › PRIMAVERA, DE SANTIAGO GIRALT, CON NAHUEL MUTTI Y CATARINA SPINETTA

Una avalancha de niños disfrazados de grandes

 Por Ezequiel Boetti

Promedia el metraje de cuando José (Nahuel Mutti) pone en palabras ante su hijo Leopoldo (Ángelo Mutti Spinetta) y su pareja (Esteban Meloni) aquello que las acciones previas ya permitían inducir: “¿Vos ves a alguien maduro acá? Son todos niños vestidos de grandes”. No es casual, entonces, que gran parte del nuevo largometraje de Santiago Giralt transcurra en fiestas (de cumpleaños, de disfraces, casamientos o sin motivo aparente) ni que el realizador y también guionista se apropie de ese tono para maximizarlo a todos los componentes del relato, incluidos los intérpretes. La quinta película en soledad de uno de los codirectores de UPA! Una película argentina deja atrás las elegíacas y contenidas aproximaciones al cine de John Cassavetes que había ensayado en Antes del estreno y Anagramas para construir un remedo tardío de la etapa más explosiva y burbujeante de Pedro Almodóvar.

El relato es, como la primera parte de la obra del manchego, colorido, intenso, kitsch, artificioso y abrumador. Quienes los habitan, también: al padre e hijo se le suman la hormonal y embarazadísima Greta (Catarina Spinetta), ex del primero y mamá del segundo; su actual pareja (Mike Amigorena); el ex cuñado de ella y posible pretendiente (Chino Darín); una suerte de madrina artística de José (Moria Casán en plan Moria Casán); un chofer que no se saca su traje celeste ni para bañarse (Alejandro Paker) y la actriz de una flamante obra a punto de estrenarse (Luisa Kuliok). Los famosos entre paréntesis muestran que si algo no le falta a Primavera es elenco. Lejos de apichonarse, Giralt los maneja con soltura y logra equipararlos en una misma clave interpretativa regida por la desfachatez y la exageración. Todos confluyen una y otra vez durante las innumerables fiestas que organizan desde los inicios de la primavera hasta Navidad, encontrándose y desencontrándose al ritmo de los ensayos teatrales, subtrama que le permite al realizador volver, aunque sea de forma lateral y deliberadamente caricaturesca, al mundo de la creación artística, quizá el gran tema de su filmografía.

Filmada en gran parte mediante virtuosos y orquestados planos secuencia, a estas alturas uno de los recursos predilectos de Giralt, Primavera es también una celebración chillona y glam –allí está el uso de “Una luna de miel” en la mano como leitmotiv musical– de las familias ensambladas y la diversidad sexual. Sus personajes han forjado vínculos que trascienden la volatilidad de los sentimientos y los rótulos, constituyendo una auténtica cofradía. Giralt es consciente de ese carácter celebratorio, e imprime a esta comedia de enredos una levedad y un espíritu lúdico innegociables aun cuando no le hubiera venido mal algún momento de silencioso respiro ante tanto movimiento, personajes y escenas huracanadas.

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