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Jueves, 13 de diciembre de 2007

CINE › “HERCULES 56”, SILVIO DA-RIN Y BRASIL EN LOS ’70

La guerrilla carioca y un secuestro que hizo historia

El film reconstruye la captura de Charles Burke Elbrick, embajador de los Estados Unidos, ideada por miembros de agrupaciones revolucionarias conformadas tanto por estudiantes como por obreros.

 Por Horacio Bernades

Hace casi diez años se conoció en Argentina un film brasileño llamado Cuatro días en setiembre. Dirigido por Bruno Barreto, narraba, en formato de crónica levemente ficcionalizada, uno de los hechos políticos más resonantes sucedidos en ese país durante los años ’60 y ’70: el secuestro del embajador estadounidense a cargo de un grupo guerrillero y su posterior liberación, a cambio de una serie de concesiones otorgadas por la junta militar que gobernaba ese país. En formato estrictamente documental y dirigida por el carioca Silvio Da-Rin, Hércules 56 reconstruye ese mismo hecho, del que participó José Dirceu, años más tarde uno de los fundadores del Partido Trava-lhista y primer ministro de Lula, desplazado de ese cargo a comienzos de 2006, bajo sospecha de peculado.

Que muchos de los protagonistas del hecho estén vivos le sirve a Da-Rin para escapar de todo posible museo de la historia y construir una narración en tiempo presente. El realizador no se priva de usar abundantes imágenes de archivo televisivo, pero son los testimonios de los protagonistas, registrados aquí y ahora, los que traman la reconstrucción. Da-Rin hilvana dos series de relatos: los de los sobrevivientes del grupo que llevó a cabo el operativo y los de los ex presos políticos, liberados a cambio del embajador. En este último caso se trata de testimonios individuales, pero en el de los ex guerrilleros es una reconstrucción colectiva, con nueve de ellos sentados a una mesa y departiendo como viejos amigos. Esta conversada forma de coralidad permite darle nuevo sentido a una de las más trilladas herramientas del género, como son las cabezas parlantes.

El secuestro de Charles Burke Elbrick tuvo lugar el 4 de septiembre de 1969 y fue ideado y ejecutado por miembros de dos agrupaciones revolucionarias, ALN (Acción Libertadora Nacional) y MR-8 (Movimiento Revolucionario 8 de Octubre). Se trataba de grupos pequeños y no muy organizados, cuyos integrantes provenían tanto del activismo estudiantil como del PC brasileño y, en algún caso, de la militancia obrera. Parecida composición tenían los quince presos políticos liberados a cambio del embajador, trasladados en ese Hércules 56 que da nombre al documental, primero a México y de allí a Cuba. En la patria de Fidel la mayoría de ellos siguió entrenamiento militar, volviendo a su país años más tarde y emprendiendo acciones armadas (en 1977, Dirceu participó de la voladura de un cuartel militar en San Pablo).

Bastaría confrontar el lenguaje del comunicado emitido en su momento por el ALN-MR-8, lleno de aserciones, consignas y eslóganes, con las contradicciones, matices, paradojas y hasta el sentido del humor que se desprende de los testimonios actuales, para trazar la diferencia entre los tiempos revolucionarios y los de la posrevolución. Descontraídos, combatiendo con gaseosas el calor de Río, sin el menor temor al ridículo histórico y ninguna obediencia a la etiqueta política, los ex guerrilleros urbanos no tienen problema en admitir, por ejemplo, que la idea de secuestrar al embajador estuvo lejos de ser producto de una planificación seria, meditada y responsable. “El tipo pasaba todos los días en auto por la puerta de mi casa –dice uno de ellos–, y un día que estábamos charlando se nos ocurrió que no estaría mal secuestrarlo, pero enseguida nos pusimos a hablar de cualquier otra cosa y nos olvidamos del tema.”

Cosa curiosa, que ya estaba en Cuatro días en setiembre: Charles Burke Elbrick no era un halcón ni mucho menos, sino un liberal, que entre otras cosas se oponía a la intervención de su país en Vietnam. Con lo cual secuestradores y secuestrado encontraron, en medio del encierro, que tenían entre sí más coincidencias que diferencias políticas. Más, incluso, que las que los propios liberados podían exhibir: alguien recuerda que, llegados a Cuba, estaban los que adoraban a Fidel y los que lo cuestionaban, los que abrazaban la lucha armada y los que descreían de ella, y hasta uno que terminó viajando a París, abandonando la política y dedicándose a la música. Esa celebración de la diversidad es, seguramente, una de las razones por las cuales esta charla de hora y media llamada Hércules 56 se hace tan disfrutable.

7-HERCULES 56

Brasil, 2006.

Dirección y guión: Silvio Da-Rin.

Edición: Karen Harley.

Intérpretes: Gregorio Becerra, José Dirceu, Vladimir Palmeira, Maria Augusta Carneiro Ribeiro y Flavio Tavares.

Estreno de hoy exclusivamente en el cine Cosmos.

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El film de Da-Rin se ocupa de un hecho resonante del Brasil del siglo XX.
 
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