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Jueves, 13 de diciembre de 2007

CINE › LOS DIRECTORES FEDERICO LEON Y MARCOS MARTINEZ, JUNTO CON JULIO ARRIETA, HABLAN DE “ESTRELLAS”

“Julio es como un embajador de la villa”

La película, que mezcla registros documentales y ficcionales, se mete en la vida de un habitante de la Villa 21 de Barracas, que se organizó y armó una suerte de productora artística. “Esto ayuda a nuestro proyecto cultural”, sostiene Arrieta.

 Por Oscar Ranzani

Julio Arrieta es un habitante muy particular de la Villa 21 de Barracas. Estudió teatro con Norman Briski en 1987 y por aquel entonces se pintaba la cara y se disfrazaba de payaso para despertar una sonrisa en los chicos de los comedores. Después, le resultó importante transmitir lo que había aprendido y enseñó técnicas de teatro a algunos chicos de la zona. Es el fundador del grupo de teatro de la Villa 21, una cantera de valores artísticos muy solicitados por producciones de programas de televisión y también de cine. Julio siempre tuvo la idea “de hacer algo importante en la villa”. Un ejemplo de eso fue la película de ciencia ficción El nexo que, dirigida por Sebastián Antico e interpretada por Arrieta y actores de su grupo, muestra una invasión de extraterrestres a la villa. El nexo fue, en principio, un cuento, luego se filmó un corto y, tras obtener un premio, finalmente derivó en largometraje. Hasta la Villa 21 llegaron Marcos Martínez y Federico León para filmar una película con Julio Arrieta. Ambos directores se conocen desde la escuela primaria y, en medio de un almuerzo, surgió el tema de Julio Arrieta, a quien los dos conocían de lados distintos: Marcos por un trabajo fotográfico que estaba haciendo en la Villa 21 y Federico por haber estudiado con Norman Briski. “Sabíamos que se iba a empezar a filmar el largometraje El nexo y nos parecía importante cubrir ese rodaje. Ese fue el punto de partida”, relata León acerca del puntapié inicial de Estrellas, documental con grandes ingredientes de ficción que se estrena este jueves y que ganó el Premio Especial del Jurado del Bafici 2007, entre otros galardones.

Estrellas establece un recorrido por las ideas de Julio Arrieta, da cuenta del trabajo artístico en la Villa 21 de una manera muy alejada de la mirada estereotipada, señala “la moda de la marginalidad”, rescata el valor de la autogestión (Julio es un manager de actores de la villa y tiene una productora que arma decorados y sets de filmación), expone distintas maneras de representar la pobreza, plantea la discusión entre la elección de actores profesionales y los que no lo son, y también juega a convertir en una estrella de cine a Julio Arrieta, a través de un cruce muy interesante entre realidad y ficción que permanentemente sobrevuela la película. “Estrellas nace como una necesidad de hacer un backstage de El nexo, pero el material era tan bueno que se fue extendiendo hasta que después los directores tuvieron la idea de hacer este largo que yo no puedo creer el éxito que ha tenido en otros países que tienen la misma idiosincrasia o el mismo lenguaje que nosotros”, dice Arrieta en diálogo con Página/12.

–¿Esta película va a permitir que se pueda tener una mirada más positiva sobre el mundo interno de la villa?

Federico León: –Cuando empezamos con la película, conociéndolo a Julio, la idea era mostrar una mirada distinta de esa que hace hincapié en la pobreza. Siempre decimos que el film es un diálogo entre Julio y nosotros. Julio se transformó en los últimos años en un manager de actores de la villa, provee actores, locaciones, va a hacer catering. Es un hombre orquesta y para mí es también un embajador de la villa. Es alguien que está preocupado en cómo aparece la villa en las distintas ficciones. Es producto de una necesidad de productoras de cine y televisión que empezaron a necesitar un tipo de actores. Se dio cuenta de eso, se organizó y armó esta suerte de productora. Estrellas es un documental con muchos elementos de ficción y nosotros nos divertimos mucho haciéndola. Uno puede hablar de una película en la villa sin tener que caer en los lugares comunes: filmar con una cámara en mano, sucia porque la villa es sucia, sin plan de rodaje porque bienvenido todo lo que venga de la villa porque es todo imprevisible y extraordinario, como es el caso de una mirada romántica. Nosotros sabíamos lo que queríamos: la película está filmada con planos fijos, muy cuidados, como si fuera de ficción. De la misma manera que Julio es para nosotros una intervención dentro de la villa, es una persona muy atípica. No sé si va a ser más o menos positivo, pero pudimos meternos con este tema de otra manera.

–Escapa del abordaje típico de los medios de comunicación.

Marcos Martínez: –En ese ida y vuelta con la gente de la villa y del grupo de teatro, la idea no sólo era demostrar el contenido sino también la forma. La película es política en el modo en que estuvo hecha. Fue un trabajo de ida y vuelta, de diálogo y discusión, porque venimos de lugares distintos. Entonces, en muchos temas estábamos de acuerdo y en otros no. El punto de partida de la película es una frase que dice Julio que está en El nexo: “Nosotros merecemos tener marcianos”. Es decir, que se cuenten otras historias en la villa, que no se haga solo hincapié en los pibes chorros o en la pobreza. Podés hacer un musical, una telenovela, una de ciencia ficción. Nosotros hacemos un documental con elementos de ficción.

F. L.: –No es una biografía sobre Julio. La película da por sentado que uno sabe lo que es una villa, cómo se vive en una villa, tiene una mínima información al respecto. No cuenta eso. Mucha gente dice: “Che, pero qué lástima que desaprovecharon filmar los pasillos”. ¡No!, es una persona que vive en la villa y que tiene su proyecto artístico. No se trata de hablar de los hijos de Julio.

–¿Cómo se pueden relacionar el adentro y el afuera a través de un proyecto artístico?

Julio Arrieta: –Justamente esa es la idea que estamos trabajando. No queremos que esto quede dentro de la villa para que se convierta en un ghetto, un lugar inaccesible o una isla. El trabajo que estamos haciendo es tratar de componer un nexo entre la gente del afuera y la gente del adentro. Para los de adentro hay que tratar por todos los medios de capacitar. Ese es el hecho principal y el mensaje de todas las películas que venimos haciendo: la capacitación nuestra para poder ofrecer un mejor servicio, para poder ofrecernos laboralmente en un lugar que nos hace falta a nosotros y le hace falta a la gente del afuera. La mirada artística de la villa es impresionante, porque se puede llegar a trabajar sobre cosas que todavía no están descubiertas como, por ejemplo, una novela de amor. Lo que pretendemos es tratar de interesar a gente de cine que tenga ganas de jugar, de soñar, y que nos utilice para ese juego y ese sueño que es el celuloide.

–Hay límites difusos entre realidad y ficción en Estrellas. ¿Usted, Julio, interpreta un papel haciendo de usted mismo?

J. A.: –Hago de mí mismo y aparte trato de volcar mi pensamiento fidedigno sobre lo que es el arte en la villa, qué estética tendría que tener, cuáles son las pautas de juego que nosotros deberíamos establecer entre ellos y nosotros; es decir, los fundamentos de hacer arte y cultura en la villa. Cuando fui a recibir el Martín Fierro por la serie Tumberos, rebeldemente dije una frase que no quisiera que suceda: “Nosotros los villeros ¿hemos crecido en el plano de la cultura o la cultura cayó tan bajo que llegó a la villa?”. Lo dije como un acto de rebeldía, porque vi que a nadie le importaba nada que yo estuviese o no, nadie notó la diferencia. Tampoco era una gran estrella, pero nadie prestó atención a nada, cada cual hacía su propia rosca. Lo dije como un acto de rebeldía, pero yo no quiero que la cultura caiga a la villa. Quiero que nosotros crezcamos en el plano de la cultura y que podamos vender nuestra cultura que no está escrita. ¿Cuál es la cultura de la villa? Tratamos de mostrarla y que la conozca la gente. ¿Es mejor que otro tipo de cultura? No, es una cultura, está ahí. Habría que mostrarla y en eso estamos. ¿Nosotros vamos a progresar a través de la cultura? Yo pienso que sí.

–¿El cine argentino colaboró con la estigmatización de la pobreza?

F. L.: –Hubo una gran cantidad de películas con temática marginal en los últimos años. Por eso, lo que decíamos antes de productoras de cine y también de televisión que se empezaron a acercar como si hubiese una cuestión de cambio de verosimilitud diciendo: “Busquemos otro tipo de actores”. Con respecto a esta discusión de actores profesionales o actores no profesionales, considero que cada proyecto necesita un tipo de actor distinto. No es una pelea entre dos bandos. De la misma manera que la gente de la villa siempre hace de pobre, hay actores que siempre hacen de malos.

M. M.: –En el film a Julio lo vamos convirtiendo en una estrella. Va pasando por distintas etapas: tiene una sesión de fotos, recibe premios, tiene su página web. Todo el tiempo la película juega con a la manera de una estrella de cine y el final de Hollywood pero con el toque local: el Falcon roto, el mate en una ruta de Argentina. La película arranca muy documental con una entrevista y, de a poco, va entrando en distintas capas. Hay un juego de la representación de la pobreza pero también de cómo se arma una estrella.

–¿Cuánto ayuda esta película al proyecto cultural de la Villa 21?

J. A.: –Es impresionante cómo ayuda, porque gracias a esto ya ha empezado a trabajar gente como extra en películas. Hay dos chicos que estuvieron filmando como personajes principales en una publicidad para Canadá. Eso significa dinero para la gente de la villa en un lugar donde era atípico ver ese equipo de personas. O sea, gracias a Estrellas y a algunas otras películas que hicimos, hemos sembrado la idea de que los directores vengan a buscar portadores de cara, que es lo que somos.

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León, Martínez y Arrieta, responsables y protagonista de un film atípico.
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