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Sábado, 14 de febrero de 2009

PLASTICA › GUSTAVO MASó Y LA MUESTRA EL QUE EL MUNDO SE OLVIDó

“Charly es como una persona de metal”

El artista habla de la muestra que toma a García como musa inspiradora, pero niega que se trate de un mero acto de fanatismo.

 Por Suyay Benedetti

Mañana cierra la muestra El que el mundo se olvidó, una exhibición de Gustavo Masó que cuenta con la intervención artística de Charly García. Grafitos, aerosoles, acrílicos, óleos, témperas, esmaltes, tintas, música y displays electrónicos forman parte de la propuesta que tiene a García como musa inspiradora. En la sala 13 del C. C. Recoleta (Junín 1930), el visitante puede ser testigo de las estimulantes instalaciones creadas por los artistas. Gustavo Masó comenzó a pintar el rostro de Charly a comienzos de 2000: en 2003 conoció a su ídolo de la mano de Pipo Cipolatti. La primera muestra de Masó, en 2005, se tituló El hombre que huyó del mundo/ El mundo que huyó del hombre, y Charly asistió para tocar en vivo. Este año se lleva a cabo la segunda exposición, donde Charly está presente no sólo a través de su música, sino también con un cuadro de su autoría, titulado Venus. Gustavo Masó relata a Página/12 los recovecos plásticos y sonoros que dieron como resultado la exposición.

–¿Cuándo comenzó a hacer arte? ¿Desde cuándo pinta?

–Mi primer recuerdo artístico es de cuando tenía aproximadamente 4 años: me quedó la imagen de estar encerrado, solo, en un cuarto entre dibujos hechos con una fantasía única. Probablemente en estos años he querido alcanzar ese tipo de resultados y no creo haberlos logrado. Esa sensación me marcó y forma parte de mi nostalgia.

–¿Cómo surgen los títulos que le puso a las muestras?

–El hombre que huyó del mundo fue el título de la exposición anterior, y tenía referencia a mí. Cuando Charly lo escuchó prefirió darlo vuelta y ponerle El mundo que huyó del hombre, en referencia a él. Por lo tanto quedaron esos dos títulos opuestos que hacían hincapié en la situación en la cual se sentía cada uno de nosotros. Siguiendo ese concepto surgió El que el mundo se olvidó, que sería algo así como la persona que se olvida del mundo o la persona olvidada por él. Una ambigüedad, los dos caminos por los cuales transitamos mientras estamos bien o mal.

–¿Qué proceso de creación llevó cada una de las obras de la exhibición?

–El proceso de creación tiene que ver netamente con los estados de ánimo, y podría describirse en etapas. La primera etapa sería la de gestación: es el momento de prestarle atención a los disparadores que generan imágenes y retenerlos para que, luego, sean la estructura de la obra. Después llega la etapa de crecimiento: en este momento es esencial la fantasía y el simbolismo que se pueda generar sobre esas imágenes. Estos dos componentes serán la parte visual más importante. Y por último llega la etapa de maduración, que es cuando la obra ya está lista como para ser detenida en ese punto exacto, porque si uno continúa puede llevarla a la muerte en un solo trazo.

–Usualmente utiliza técnicas variadas y diferentes soportes expuestos al mismo tiempo. ¿Cree que este modo en que se expresa es una consecuencia del tipo de vida hiperconectada del siglo XXI o es un modo de hacer que ayuda a complementar la experiencia estética de cada obra?

–La obra tiene que ver con algo muy íntimo que probablemente provenga del inconsciente; por lo tanto no creo que esté atravesada directamente por lo que la rodea. Si bien de alguna manera podría tener alguna influencia del mundo exterior, para mí prevalece el sentido estético por sobre todas las cosas. Este sentido estético tendría que compatibilizarse con la idea original, el alma de la obra, para que el resultado sea algo conceptual y movilizador. Por lo tanto, la realización de la obra tiene que ver con necesidades que responden a lo estético: si una canción precisa un piano, no se puede prescindir de él.

–¿Cuál es su próximo proyecto?

–El próximo proyecto tendrá que ver seguramente con la sensación que me quede de éste. Si bien ya tengo pensado algunas cosas, esta muestra me ha demolido de alguna manera, me quitó algunas partes. Al mismo tiempo hizo funcionar la máquina generadora de ideas. Lo que sí sé es que de la sensación del olvido que uno siente durante el proceso de creación provienen las ganas de olvidarse del mundo para generar una obra nueva.

–¿Cómo y cuándo surgió su fanatismo por Charly?

–No lo llamaría fanatismo, una palabra que asocio a otras cosas. Lo mío no es un tributo ni un homenaje, sino una demostración o materialización de lo que no se puede ver de una persona. En este caso lo que no se puede ver de mí. Y si bien él puede identificarse (alguna vez dijo que yo veía lo monstruoso que hay en él y que eso era lo que le atraía de las imágenes), no creo poder directamente representar la esencia de una persona mejor que la mía.

–Estuvo visitando a García en la quinta de Palito Ortega. ¿Cómo lo vio?

–Cuando fui me dijo que se sentía raro. Al verlo me dio la impresión de estar frente a una persona que está en un proceso de conexión cuerpo-mente. Antes del tratamiento lo veía como en un estado de conciencia: el Charly de ese momento ejercitaba la división entre el cuerpo y el espíritu. Hoy lo veo diferente, como una persona de metal que por aleación mimética está recomponiéndose. Como el tipo de mercurio de Terminator.

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“Lo mío no es un tributo, sino una materialización de lo que no se puede ver de una persona.”
Imagen: Jorge Larrosa
 
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