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Martes, 19 de julio de 2011

PLASTICA › ARTE TEJANO CONTEMPORáNEO EN LA FUNDACIóN OSDE

Hibridaciones estampadas

El arte tejano tiene una historia que parte de los pueblos originarios y sigue la conquista española, la independencia mexicana y la anexión norteamericana. Resistencias, reivindicaciones e hibridaciones culturales.

 Por Fabián Lebenglik

El Espacio de Arte de la Fundación Osde, junto con el Smithsonian Latino Center de Estados Unidos, presenta la muestra Arte tejano, de campos, barrios y fronteras, una extensa selección de estampas serigráficas provenientes de la Serie Project 1993-2010. La muestra tiene curaduría, texto y diseño de montaje de Cesáreo Moreno.

Los antecedentes históricos de esta serie vienen del arte popular, político y didáctico que se derivó del muralismo y la gráfica tejanas que, a su vez, son herederos del arte popular mexicano, particularmente del legado del grabador José Guadalupe Posada, en la segunda mitad del siglo XIX, y de los muralistas Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siquerios, durante la primera mitad del siglo XX. Desde sus propias génesis, la estampa política y el muralismo mexicanos, así como sus sucedáneos tejanos, privilegiaron para la práctica artística una función didáctica y pedagógica para generar conciencia social a través, por ejemplo, del relato de las tradiciones y de la historia desde la perspectiva política de la propia comunidad.

Otro antecedente, más cercano, de la Serie Proyect fue el taller serigráfico creado por la monja católica Karen Boccalero en el barrio chicano de la ciudad de Los Angeles en 1971. Se trataba de un proyecto social y artístico que generó un gran impacto a partir de la década del setenta.

El artista tejano Sam Coronado, luego de visitar aquel taller, organizó Serie Project, en 1993, en Texas: un programa para artistas residentes destinado a artistas “subrepresentados”. Hasta ahora allí han trabajado más de 250 artistas.

La selección de estas obras de arte popular contemporáneo da cuenta de una larga historia, que comienza con la conquista española y llega hasta el más global de los presentes. La marca constante es la hibridación multicultural, la fuerte impronta chicana y el sentido fronterizo, tanto literal como figurado. Todo esto a través de una amplia apropiación y mezcla de estéticas que tanto rescatan lejanas genealogías como movimientos y escuelas artísticas modernas y contemporáneas.

Según explica el curador Cesáreo Moreno en el catálogo, el primer europeo que vio el bisonte americano y sus grandes manadas fue Alvar Núñez Cabeza de Vaca, quien había integrado la avanzada expedicionaria que Carlos V envió a América a comienzos del siglo XVI.

Cabeza de Vaca registró en su diario el modo en que los soldados españoles ejercían la conquista territorial y sojuzgaban a los nativos: “Esto nos causó profunda tristeza, ver la tierra tan fértil y hermosa, tan llena de agua y arroyos, pero abandonada y sus aldeas quemadas, y la gente tan delgada y lánguida, escapándose y escondiéndose”. También consignó la protesta de los nativos: “Nosotros venimos del amanecer, ellos del ocaso; nosotros curamos a los enfermos, ellos mataron el sonido; vinimos desnudos y descalzos, ellos vestidos y con lanzas; no codiciamos nada, sino que dimos lo que teníamos mientras ellos robaban a quien encontraran y no le concedieron nada a nadie”. En algunas de las obras de la muestra se rescatan símbolos e iconos de las antiguas civilizaciones aborígenes para tender un puente de tradiciones reivindicadas.

La cuestión étnica está también muy trabajada en la exposición. Desde este presente, algunas obras remiten a la clasificación racista que hicieron los conquistadores para controlar y dominar a los nativos mediante un sistema de castas. Otro sistema eficiente de control fue la religión y su imaginería. Hay toda una secuencia de grabados que remiten a la iconografía religiosa, el barroco colonial y a las sucesivas hibridaciones con los cultos nativos.

La región de Texas, tras el dominio de los nativos por parte de los españoles, pasó a formar parte del Estado mexicano, luego de las luchas por la independencia y del proceso revolucionario. Pero esta situación duró poco. Porque buena parte del naciente Estado mexicano pasó a formar parte de EE.UU., en plena expansión. “Una vez consumada la independencia –escribe Octavio Paz–, son las clases dirigentes las que se consolidan como herederas del poder español. Cortaron lazos con España, pero fueron incapaces de crear una sociedad moderna. No podría haber sido de otro modo, ya que los grupos que encabezaban el movimiento por la independencia no representaban nuevas fuerzas sociales, sino tan sólo una prolongación del sistema feudal.”

La anexión de Texas se justificó por parte de Estados Unidos muy sencillamente. En 1845, John O’Sullivan, editor de una publicación norteamericana, escribió: “Nuestro destino manifiesto es extendernos por todo el continente que nos ha sido asignado por la Providencia, para el desarrollo de nuestros millones de habitantes”. La misma inspiración que los españoles, auspiciada por el mismo, divino mandato.

A partir de la anexión norteamericana comienza otra historia de despojos territoriales, culturales, lingüísticos, legales, civiles, políticos, económicos, etc. Y también toda una larga lucha de resistencia, que toma distintas formas, grados y compromisos, con las consiguientes, múltiples hibridaciones.

En gran medida, la música tejana –con sus variantes y mezclas, de fuerte raíz mexicana– es el emergente popular y cultural más fuerte que sobrevivió y a través del cual se expresa toda la complejidad del pasado y presente tejanos. La exposición tiene un importante capítulo reservado para la música, con grabaciones, videos, conciertos grabados, la estética asociada a la música, la gráfica, etc. Pero en alguna medida también en las artes plásticas se manifiesta esa historia.

Otra secuencia de la muestra ilustra sobre la migración del campo a la ciudad, la experiencia obrera, la cultura del barrio; los movimientos de lucha por los derechos civiles de las minorías, la fuerza política, cultural y reivindicatoria del Movimiento chicano.

Según testimonia el artista plástico José Esquivel (nacido en 1935), “antes del Movimiento chicano no teníamos políticos que se enfrentaran al sistema. Básicamente nos quedábamos sin hacer nada para mejorar nuestra condición –aceptábamos las cosas como eran–. Hasta las rebeliones estudiantiles aceptábamos el dominio de los blancos...”

Desde el más puro presente, un artista joven, Vincent Valdez (nacido en 1977), cuenta que para su generación hoy la identidad cultural parece estar más influenciada por la música popular, la moda, los medios de comunicación masiva, el entretenimiento y otros factores vinculados con la cultura a-mericana urbana que por elementos ancestrales o étnicos.

* Arte tejano, de campos, barrios y fronteras, exposición en el Espacio de Arte de la Fundación Osde, Suipacha 658, 1º piso, hasta el 13 de agosto. Entrada libre y gratuita.

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Mona Maya, de David Moreno; serigrafía de 2000.
 
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