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Domingo, 15 de marzo de 2015

PLASTICA › FLORENCIA “HANA” CILIBERTI Y LA INSTALACION EN REPOSO

“Más allá de cada creencia, le estoy hablando al mundo”

La compositora y artista plástica sufrió dos abortos espontáneos antes de que un simple análisis detectara que padecía trombofilia, y que tenía solución. “Sentí que tenía que hacer algo a través del arte, con la idea de concientizar, informar, darle luz a esto”, dice.

 Por María Daniela Yaccar

“Necesitaba hacer alquimia de lo que no fue”, confiesa Florencia “Hana” Ciliberti, quien decidió hacer público un episodio muy íntimo de su vida. Este hecho está reflejado en videos, acrílicos y una instalación en una de las salas del Centro Cultural Rojas. Su caso es íntimo pero es evidente que toca a varios de los que por allí transitan, especialmente a las mujeres: justamente este día una señora se le acerca para descargarse, para decirle: “A mi hija le pasó lo mismo que a vos”. Y ya se le hizo cotidiano el hecho de recibir mensajes de gente que pasó por la misma situación. “Lo que no fue”, para Ciliberti, que es artista plástica y música, fueron dos bebés: los perdió en embarazos avanzados y los médicos le decían que era simplemente una cuestión de “mala suerte”. En el tercer intento, una nueva doctora le habló de la trombofilia, que con un análisis de sangre se podía detectar. Entonces, ya con un diagnóstico y con el tratamiento adecuado, Ciliberti pudo ser mamá. El 19 de febrero del año pasado llegó a su vida su “adorada” hija Bruna, tras ocho meses de reposo absoluto e inyecciones diarias de heparina.

La trombofilia es un trastorno en la sangre, que hace que una persona coagule más de lo normal. Muchas veces se desencadena frente a una alteración hormonal, como el embarazo. Los coágulos obstruyen las arterias uterinas del bebé. Si bien se la puede detectar con un análisis de sangre en laboratorios especializados, muchos médicos esperan hasta el tercer aborto para recomendar a las mujeres que se hagan el estudio. Ciliberti nunca había oído hablar de la trombofilia. Por eso, ahora que sabe con precisión qué fue lo que le pasó y que conoce una verdad angustiante –que sus bebés podrían estar vivos si le hubieran dado el diagnóstico correcto–, montó En reposo. Para que se sepa más sobre el trastorno. “Imagino que muchas mujeres se la pasan de consultorio en consultorio tratando de que les den una respuesta que no sea ‘mala suerte’. Lo que más me alarmó es que la solución es muy sencilla”, se lamenta.

Todavía no puede creer la actitud de los dos primeros doctores. Aunque el sentido último de la exposición es positivo –ser mamá se puede, sólo hay que seguir un tratamiento al pie de la letra–, la incredulidad persiste en ella. Y no es para menos. “Muchos médicos no mandan a hacer los estudios porque hay un negocio: la medicación es cara. Tiene que ser cubierta por las obras sociales. Y ni hablar de alguien que no tiene cobertura médica. Es muy difícil que pueda acceder. Es patético. Estamos en 2015, y se pierden vidas de una manera muy terrible para la mujer. Porque, en la mayoría de los casos, la trombofilia se manifiesta en embarazos avanzados. Sentí que tenía que hacer algo a través del arte, con la idea de concientizar, informar, darle luz a esto. Me interesa hacer ruido: sería maravilloso que esto termine en una ley, para que el análisis sea de rutina”, se ilusiona Ciliberti. Mañana a las 19.30, su hematóloga, Adriana Sarto, brindará una charla gratuita en el centro cultural.

“El arte es el lugar donde el horror es belleza”, define la compositora, al ingresar a la sala donde está la muestra. Y, efectivamente, algo de eso se percibe. Porque aunque la camilla que tiene arriba las más de 250 jeringas que utilizó durante ocho meses da un aspecto tétrico al espacio, en En reposo no todo es triste. La muestra propone un recorrido cronológico, que culmina con un video de Ciliberti meciendo a Bruna, en el living de su casa, mientras suena Mozart. “Quería destacar el ‘sí se puede’. Porque, después de tantos intentos, logré bailar con mi hija”, subraya. “Estando en reposo escuchaba música de todo tipo. Había escuchado hablar del efecto Mozart y dedicaba una hora a él. Seguí con el ritual de escucharlo en casa. Me gustó este cierre para la muestra”, dice.

El inicio de todo es el deseo. Unos pequeños cuadros reflejan los iconos y las representaciones de la maternidad y la fertilidad para diferentes creencias. La serie se llama Ilusión, e incluye a la Venus de Willendorf, la azucena, la diosa Isis, la vaca (símbolo hindú), la araña (la maternidad según la artista francesa Louise Bourgeois), la mamushka, la rana, el signo de multiplicar, el planeta Venus. “Más allá de cada creencia, le estoy hablando al mundo”, recalca Ciliberti. En el medio de los cuadritos hay uno todo gris. “Me pareció interesante pintar un espacio de silencio, de abismo. Porque eso representó en su momento la maternidad para mí: un lugar de vacío.”

Al lado de los cuadros hay otra pantalla, dividida en cuatro, que muestra la ventana desde la cual la artista veía el mundo mientras esperaba a su hija. En cada segmento se ven distintos climas, la tormenta, el sol, el viento que mueve a los árboles; y en el último, el nacimiento de Bruna se sintetiza en una red de protección. La música de Mozart se mezcla con los ruidos que le llegaban a la artista desde el afuera: bocinazos, colectivos y autos andando, los sonidos urbanos que eran de otros, que habían dejado de pertenecerle. “Era importante poner la ventana porque a través de ella veía el mundo exterior del que no participaba. Sin embargo, estaba haciendo reposo por algo muy importante para el mundo: darle vida. Es un exceso de momentos de reflexión, una aparente quietud en un movimiento enorme. El tiempo se deforma, es otro el ritmo. No hay principio ni fin, los días se van sucediendo, la meta es larga. Entrás en un tiempo atemporal de mucho deseo”, sostiene.

El paso del tiempo se acomoda en mi panza y en el crecer de las hojas más verdes del árbol que asoma por mi ventana se llama esa obra. Fue durante el reposo que se le ocurrió hacer esta muestra. El año pasado inauguró una, con un corte “más lúdico”, porque todavía no estaba preparada emocionalmente para exponer las ideas que tienen lugar aquí. Cinco meses del embarazo los vivió en la cama de su casa, y los últimos tres en una clínica, con controles permanentes. “El reposo fue absoluto, al punto de que, en el octavo mes, cuando me pidieron que volviera a caminar para la cesárea, no podía hacerlo. Era como un bebé”, cuenta. “Me llevó mucho tiempo entender bien cuáles eran las piezas que iban a componer esta instalación. La idea de obra fue con la primera inyección que tuve que aplicarme, el primer día de embarazo. Pensé que no tenía que tirar las jeringas. Las guardé sin saber qué iba a hacer, pero sabiendo que tenía que hacer algo... y las empecé a acumular.”

“Durante los primeros meses tenés una comodidad física mayor que la que viene después. Tenía el Ipad, instrumentos, la compu; empecé a grabar. Sentía que mi imaginación estaba activa. A medida que pasaban los meses empecé a sentir la necesidad de ir renunciando a motivaciones externas. Empecé a ver menos películas, a leer menos y a generar una conexión profunda con el movimiento de mi beba. Se borró el tiempo. Pasaban los días y tenía la sensación de tiempo conquistado: cada semana en la gestación de un bebé es determinante. No lo atravesé con miedo porque tenía una respuesta. Lo peor que te puede pasar es que te digan ‘mala suerte’. Si bien todo esto parece muy sacrificado, y por supuesto que lo es, es lo que me convirtió en mamá. Y si tengo que volver a pasarlo no lo dudaría”, concluye la mamá de Bruna.

* En reposo se puede visitar de lunes a viernes, de 14 a 21, en Avenida Corrientes 2038. Para más información sobre la trombofilia se puede visitar la página trombofiliayembarazo.org, elaborada por un grupo de mujeres que pasaron por la misma experiencia.

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“Muchas mujeres se la pasan de consultorio en consultorio. Lo que más me alarmó es que la solución es muy sencilla.”
Imagen: Sandra Cartasso
 
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