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Jueves, 6 de septiembre de 2012

DISCOS › TANGO JUNTA A RAUL LAVIE CON EL SEXTETO MAYOR

Evocación y festejo del pasado

La voz del cantor y la música del grupo se funden plenas en las trece versiones elegidas, entre las que hay clásicos como “Garúa” o “Che bandoneón”, pero también joyitas menos transitadas como “Tú”, “Después” y “Soledad, la de Barracas”.

 Por Cristian Vitale

Como actor, el archivo de Raúl Lavié resiste por su rol en gemas del cine como Los gauchos judíos, El Pibe Cabeza o Boquitas pintadas –por nombrar algunas–, más que por “deslices” de juventud: El club del clan, La escala musical o Ritmo, amor y juventud, por nombrar otras. Pero hasta tales “patinadas” configuran una personalidad de cruce, valiente y desprejuiciada, que supera aquella dicotomía que el tanguero tipo nunca toleró: el arribo de las nuevas olas de la década del ’60 y sus efectos nocivos que desembocaron en la duradera crisis del género. Ya en 1957, en los umbrales de aquellas quejas colectivas, se perfilaba la fibra gruesa y “macha” de la voz de Lavié en la Orquesta de Héctor Varela mientras, por la misma época, Héctor Stamponi clavaba su interés en él para hacerlo grabar en el sello Phillips. Algo germinal, esencial, que no pudo ser borrado por ese período clanesco y edulcorado que, dado el intenso devenir posterior (Lavié con Fresedo; Lavié con Salgán, Lavié con Piazzolla), ni siquiera asume status de mancha.

Menos si se suma al racconto la afinada voz barítono que este rosarino, nacido hace 75 años como Raúl Alberto Peralta, aportó a “Balada para un loco” –eterna rival de la dicha por Goyeneche–, “Barrio de tango” o “Tinta roja”, favorecido por una equilibrada fórmula de carisma, potencia y clara dicción. El flamante disco Tango, entonces, viene a refrendar una historia personal con deudas “de prejuicio” largamente saldadas. Sustentado por el trotamundos Sexteto Tango –fundado hace treinta años por Luis Stazo y Pepe Libertella–, el Negro aborda con tacto rítmico y una pasión atravesada por más de cincuenta años de experiencia en el género, clásicos que Mario Abramovich y Eduardo Walczak (violín), Enrique García (contrabajo), Fulvio Giraudo (piano) y Luciano Sciaretta y Horacio Romo en bandoneón suelen desparramar por el mundo.

En el trabajo grabado en la Casa de la Música de Villa Mercedes, San Luis, y editado por Calle Angosta Discos, la voz de Lavié y las músicas del Sexteto se funden plenas en trece versiones que incorporan a un repertorio algo trillado pero siempre digno de escuchar si se lo aborda con justeza (“Garúa”, de Troilo y Cadícamo; “Che Bandoneón”, Troilo y Manzi; “Danzarín”, Julián Plaza y “Milonga sentimental”, Pontier y Castillo). A eso se le suman algunas perlas que resultan, tal vez por su plus de Lado B –o algo menos transitado–, una buena alternativa para oídos que esperan un pasado servido en copa nueva. “Después”, por caso, de Hugo Gutiérrez y Homero Manzi; “Tú”, de José Dames y José María Contursi, y “Soledad, la de Barracas”, tangazo de 1945 con letra de Carlos Bahr y música de Roberto Garza, en el que la voz de Lavié da un giro de borrachera y suburbio para arrojar luz sobre una frase que tal vez redondee la intención del disco: “Hoy ando medio animado / con unos tragos de más / Es que evocando el pasado / se me dio por festejar”.

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Raúl Lavié tiene más de cincuenta años de tango encima.
Imagen: Télam
 
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