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Miércoles, 29 de octubre de 2008

TELEVISION › TERMINA VIDAS ROBADAS, EN VIVO DESDE EL TEATRO OPERA

Mucho más que una telenovela

“Si les explicábamos a los productores cómo íbamos a contar la historia, hubiésemos tenido problemas”, admite el guionista Marcelo Camaño. Hoy se sabrá el destino de Astor Monserrat, Bautista y la secuestrada Juliana, en una propuesta atípica.

 Por Emanuel Respighi

Luego de 130 capítulos, asesinatos, secuestros y traiciones entre los personajes, hoy termina Vidas robadas, la telenovela de Telefé que supo impregnar la dura realidad del secuestro de personas para la prostitución a una trama de ficción que nunca dejó de ser televisivamente atractiva. Sin el magnetismo clásico de una fuerte historia de amor ni la acción adrenalínica de un policial, Vidas... priorizó un relato que conjugó el anclaje verídico con cierta licencia poética. Un estilo narrativo que pasó inadvertido por muchos de los televidentes y la crítica, más pendiente de los números de rating que de la propuesta artística de un programa que fue encontrando el tono promediando su temporada. Vidas robadas culmina hoy a las 22.30 y se transmitirá en vivo desde el Teatro Opera, con elenco y público presente. Otra experiencia, como la de Montecristo y Resistiré, que suele ser vivida por los televidentes como un momento de catarsis a la espera del happy end (casi) obligado.

La novela protagonizada por Facundo Arana, Jorge Marrale y Soledad Silveyra culminará con un capítulo en el que habrá altas dosis de acción, suspenso y emoción. ¿Qué pasará con Astor Monserrat (Marrale)? ¿Podrá evadir la persecución de la Justicia, de quienes se sintieron traicionados y de aquellos “socios” en la red de corrupción que lo tienen en la mira? ¿Logrará escapar Juliana al “síndrome de Estocolmo” que la ata a Nicolás (Juan Gil Navarro) y recuperar su vida al lado de Rosario (Silveyra), su madre? ¿Bautista (Arana) logrará salvar a Ana (Mónica Antonopulus) de la demencia de Nicolás? Todos estos interrogantes se develarán en un capítulo que promete no dejar conformes a todos. “Habrá finales felices e infelices de las distintas líneas de la historia. Si es que el tráfico de personas como temática puede tener un final”, dice Marcelo Camaño, autor del programa junto a Guillermo Salmerón.

Las transgresiones narrativas que Vidas... impuso en el prime time de uno de los dos canales líderes no son pocas, teniendo en cuenta el alto riesgo que este tipo de licencias tiene para la pantalla chica. No es habitual que los capítulos no tengan continuidad directa entre el final de uno y el comienzo del otro, como cuando Bautista recibió un tiro y al capítulo siguiente no se supo qué fue lo que había pasado: hubo que esperar varios episodios para conocer los detalles a través de flashbacks. Tampoco lo es la elección de los autores de no tener la obligación de mostrar en imágenes todo aquello que pasa o dicen los personajes. Mucho menos quebrar el relato de la trama con un capítulo a dos personajes, como en el que Astor trata de persuadir a su hija Ana de que él era una víctima.

“Si les explicábamos a los productores cómo íbamos a contar la historia, hubiésemos tenido problemas y nos iban a decir que pecábamos de modernos. Pero el estilo de relato no fue elegido por modernos, sino que sentimos que era la manera de hacerlo, ya que como espectadores estamos tan especializados en el género que necesitábamos nuevas formas”, cuenta Camaño. “Sabíamos que la trama del tráfico de personas –analiza el guionista de Montecristo– iba a ser mucho más fuerte que cualquier otra historia. Por eso no fuimos por el lado de tener a nuestro galán disputado entre dos chicas. No sentíamos que había que contar por ahí. La historia de amor entre Ana y Bautista tenía que tener sus imposibles dentro de un melodrama, pero el foco debía estar puesto en lo social y no en polleras. Vidas... fue un programa hiperrealista con licencias poéticas.”

Independientemente de la repercusión social –fue declarado de interés social por la Legislatura porteña y de interés cultural por la Cámara de Diputados, además de haber contribuido a la aprobación de la ley de tráfico y trata de personas–, luego de un comienzo con tropiezos, Vidas... se convirtió en uno de los pilares de la recuperación de Telefé en el rating. “Nunca entramos en la locura del rating porque sabíamos que no era un ciclo de 40 puntos. No es fácil hablar de estos temas y mucho menos digerirlos para el público. Si hasta hubo muchas situaciones que pasan en la realidad pero que preferimos no incluirlas porque parecían de ficción...”, se sincera Camaño.

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Vidas... se concentró en lo social antes que en la historia de amor.
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