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Miércoles, 29 de octubre de 2008

MUSICA › THE NIGHTWATCHMAN, LA NUEVA CARA DE TOM MORELLO

De la furia punk a la furia folk

El guitarrista de Rage Against the Machine y Audioslave abandona la electricidad para The Fabled City, su opus dos solista.

 Por Eduardo Fabregat

“Perdí mi guitarra, mi hogar, mi esperanza y mi fortuna/ Perdí a mi abuelo dos vecinos y un amigo/ Le ruego a Dios que venga y hunda al Presidente/ cuando el dique se rompa otra vez.” Si hay algo que une a The Nightwatchman y Rage Against the Machine es la intención de decir cosas más allá de la música: “Midnight in the city of destruction”, una de las grandes canciones del sorprendente segundo disco solista de Tom Morello, se encarga de subrayar el vínculo. Pero allí se terminan las comparaciones: Morello, personalísimo guitarrista al que RATM (y sus sucesores Audioslave) le deben buena parte de su ADN sonoro, decidió en 2007 abrir un sendero completamente nuevo, en ese momento con One man revolution y ahora con The Fabled City (Sony BMG), que se acaba de editar en la Argentina. Uno de esos discos que, aun abrevando en fuentes conocidas, implica un bienvenido soplo de aire fresco.

El mismo Morello admite que ese paso no fue fácil, y que las primeras presentaciones estuvieron dominadas por un inesperado miedo escénico. Es que la obra solista de Morello está directamente conectada con una línea que une a Woody Guthrie, Johnny Cash, Bob Dylan y Bruce Springsteen: una clase de material eminentemente acústico, con una fuerte carga lírica, que supone un protagonismo atípico para un músico acostumbrado a expresarse por vía de sus seis cuerdas. Como sea, Morello asume esta faceta con la personalidad necesaria. Su grave voz parece cortada a medida para el poderoso combo de apertura con “The fabled city” (“He visto la ciudad legendaria, y sus calles están pavimentadas con oro/ pero una cerca de hierro las rodea, y la puerta de hierro está cerrada”) y la potente “Whatever it takes”, que alcanzan como declaración de principios y fijan el clima para un disco que abunda en discurso político, sí, pero sobre todo rezuma convicciones musicales.

Con el esporádico aporte en algunos instrumentos de Brendan O’Brien y la presencia del también militante Serj Tankian (System of a Down) en “Lazarus on down”, Morello les va dando curso así a once canciones rotundas y encantadoras, vibrantes, con nobleza de nylon y madera allí donde suele asociarse su nombre con furia y electricidad. Puede ser luminoso y lúdico en canciones como “The lights are on in Spidertown” o la galopante “St. Isabelle”, que parecerían convocar a un coro de beodos en el bar de la esquina; puede adquirir la gravedad necesaria para momentos melancólicos como la preciosa “Lazarus...” o “Rise to power”, que cierra el álbum con una nota algo amarga; puede ponerse épico, como en “The iron wheel” (“A veces te dicen que te quedes quieto, cuando sabés que es el momento de correr”) o “Gone like rain”. Y en ningún caso Morello suena impostado, como intentando algo diferente para zafar del tono algo monótono que había adquirido el RATM de los últimos tiempos. Así, The fabled city puede entenderse como el audaz paso de un hombre que, cansado de ser guitar hero, se probó el traje de songwriter. Y no le sienta nada mal.

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Morello pasa del traje de guitar hero al de songwriter.
 
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