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Viernes, 19 de agosto de 2005

VIDEO › “COFFEE AND CIGARETTES”

Una colección de episodios Jarmusch

 Por Horacio Bernades

Uno de los varios proyectos-entre-amigos de su creador, la cosa empezó hace casi 20 años, cuando Jim Jarmusch sentó a una mesa al actor secundario Steven Wright y al inefable Roberto Benigni, por entonces recién salido de su participación en Bajo el peso de la ley. La consigna era sencilla, mínima y más bien vaga: que tomaran uno o dos cafés, que fumaran uno o dos cigarrillos, que hablaran un poco de ambas cosas y que remataran el esquicio con una resolución pensada entre todos. Eso fue en 1986. Diecinueve años más tarde, Coffee and Cigarettes es una película (una colección de episodios, si se prefiere), penúltima del autor hasta la fecha (en el último Cannes presentó la más reciente, Broken Flowers) y estrenada en Estados Unidos a mediados del año pasado. Una de esas sorpresas que el video local suele dar con más frecuencia de lo que se cree, Coffee and Cigarettes ya se consigue en videoclubes selectos y casas de venta de video, lanzada por el sello Renacimiento Nuevo Siglo.
Fotografiada en el blanco y negro que Jarmusch hizo suyo durante la primera etapa de su carrera y con un montaje reducido al mínimo por la total austeridad de la propuesta, tal como se la conoce al día de hoy, Co-ffee and Cigarettes consta de once episodios, todos ellos de una duración cercana a los 10 minutos. Filmados por Jarmusch en el curso del tiempo, puede verse en los protagonistas de cada episodio las piezas que permiten practicar, retrospectivamente, una verdadera arqueología filmográfica jarmuschiana. De Down by Law salen Benigni y Tom Waits; de Una noche sobre la Tierra, el morocho Isaach de Bankolé; de Dead Man, el señor Iggy Pop; de El camino del samurai, los veteranos Vinny Vella y Joseph Rigano, y de la flamante Broken Flowers proviene el nunca bien ponderado Bill Murray. Todos ellos se sientan a sendas mesas, en compañía del habitual desfile de músicos amados (los rappers GZA y RZA, los hermanos White de The White Stripes) y de actores (Steve Buscemi, Alfred Molina, Steve Coogan, Cate Blanchett), que si todavía no actuaron en largometrajes del autor, tarde o temprano sin duda lo harán.
Fotografiados varios de ellos por ese otro amiguísimo de la casa que es el alemán Robby Muller, todos los episodios tienen elementos en común. Más allá de los vicios del título, en algún momento inevitablemente la cámara mostrará desde arriba la mesa, en el momento en que los contertulios hacen su brindis de pocillos. En algún otro momento algún no iniciado acosará a cafeinómanos y fumadores con la acusación de que se trata de costumbres poco sanas, y los que toman y fuman aclararán que ése no es su almuerzo sino sólo la sobremesa. Cuando se practica alguna variante sobre este esquema, deviene en chiste en sí mismo, como sucede en el sketch protagonizado por los muy británicos Alfred Molina y Steve Coogan, que obviamente reemplazan el café por el té (y vituperan, de paso, la infusión que sirven en Estados Unidos). Otra constante es que todos los participantes hacen de sí mismos, lo cual colabora con la sensación de frescura general.
Aun dentro de su característica levedad jarmuschiana, algunos episodios no van mucho más allá de lo simpático, como el de Buscemi y el de Bill Murray con los miembros del Wu-Tang Klan. Otros claramente “pagan” más, ya sea por su rareza (Jack White, presentándole a su hermana Meg una extraña bobina eléctrica casera), por el timing para el diálogo y hermosos vozarrones que exhiben los protagonistas (el dueto Iggy-Waits) o por lo redondo de su entramado. En este sentido, se destacan el match Molina-Coogan y el de Blanchett vs. Blanchett. La australiana se luce en doble composición, como actriz famosa, impecablemente rubia y prisionera de su rol de estrella, y como su contracara morocha, punkie y guarrona. Los dos ingleses están imperdibles: Molina le presenta una propuesta de trabajo a Coogan (el genio de 24 Hour Party People), y lo único que éste quiere es sacárselo de encima. Hasta que escucha al otro hablando por teléfono con Spike Lee e intenta volver sobre sus pasos. Pero ya es demasiado tarde para lágrimas.

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Coffee..., una pieza de arqueología jarmuschiana.
 
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