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Viernes, 19 de agosto de 2005

LA PUBLICIDAD Y LA TELEVISION AHORA DEMANDAN CARASANGULOSAS, NARICES PROMINENTES, MELENAS RARAS

Belleza alternativa o la revancha de los feos

En la vereda opuesta a la movida quirúrgica en TV, que ensalza los cuerpos y caras perfectos, cada vez hay más modelos y actores atípicos que defienden la belleza no convencional y definen el viraje notable en el statu quo del espectáculo: ahora los feos se pusieron de moda.

 Por Julián Gorodischer

La rebelión empieza en los pasillos de la galería Bond Street: cinco feos exitosos en publicidad y programas televisivos dan una respuesta pública, desde estas escaleras, al boom de la movida quirúrgica de cuerpos esbeltos pero iguales entre sí: “Saben qué..., a mí me gusta mi nariz ganchuda, mi melena afro toda pajosa, y hasta me llaman de los champús Sedal para que les haga publicidad”, dice el de pelo rojísimo hasta la cintura, descendiente de noruegos e imprevistamente ascendido a la categoría de modelo publicitario. Lejos de los cuerpos divinos que promueven los realities The Swan, Doctor 90210 o Extreme Make Over (donde se corrige al fenómeno) estos feos y/o raros promueven la belleza no convencional, exaltan la forma anómala, ejercen la pequeña revolución que es salirse del standard de deseo y decepción. Aman su parte defectuosa como sólo se hace con lo que da dinero, son hiperconvocados por las marcas y están a tono con la nueva estética dominante: marcas como Dove, Agua Ser, Sprite, Coca Cola y Movistar reivindican al del montón por encima del modelo clásico.
El feísmo en la TV incide con más potencia, en 2005, sobre las mujeres, repentinamente sacadas del rol de objeto sexual también en el spot de Aguas Ser, donde un cuarteto con aspiraciones de chicas Sex and the City verbaliza dramas tales como no quedarse en malla en la pileta, no mostrar la media corrida o dejar de ser insulsa. Aquí mismo, en la entrevista con Página/12, uno de los protagonistas del feísmo en la TV (Fede Pighini, representado como los otros por la agencia Freak Models, entre las cinco más importantes del mercado) define la tendencia: “Más que nunca lo excéntrico, lo distinto, lo que llama la atención es lo que mejor funciona”. Hace cinco años que se puede ver a feos y/o raros en avisos aislados, pero lo que llega es sistemático: es la irrupción en masa del feúcho, un cambio del statu quo del espectáculo y la venta, la conciencia de que es más productiva la identificación horizontal (según la jerga publicitaria) que el valor aspiracional. En el aviso de Sprite se ve clarísimo: Fede luce palidísimo y peinado a la cachetada, dejado afuera del boliche por el patovica. Y la leyenda dice: No te rebotan por las zapatillas. “Salvo en ropa formal y en perfumes –sigue el modelo Fede–, la venta pega más por ese lado.”
El de afro gigante, Eduardo Beyreuther, de 29 años, ya está pensando en asegurar su cabello en millones, sobre todo después de que intentaran quemárselo en un boliche. “Un ignorante intentó prenderme fuego, era pelado y debía mirar ¡esta melena! con envidia; me di vuelta y lo puse”, recuerda. A Eduardo lo convocaron marcas como Movistar y Visa para aportar su onda: lo que a muchos otros les falta. Para la tarjeta de crédito hizo de jugador con ventaja para el cabezazo; para el teléfono hizo de despertado por el sonido del telefonito. El demuestra que, esta temporada, el que mejor ranquea es el que se destaca por exceso o disfunción de pilosidad: melenas inmensas para anunciar celulares o tarjetas de crédito, barbotas de cavernícola para desodorantes y ropa deportiva, pelos teñidos de azul o rojo natural para todo lo demás, y cuanto más inmotivado sea el vínculo con el objeto, ¡mejor! Para el feísmo femenino abundan los roles de neuróticas que deberán aprender a asumirse como son, más cercanas a la autoayuda que al psicoanálisis: ahora las chicas del jabón Dove son una gordita, una narigona, una con cicatriz en el abdomen y una madurita que se bañan con el jabón cremoso a tono con la encuesta que encargó la compañía: “Sólo un 3 por ciento de las argentinas se sienten bellas y apenas el 8 por ciento logra calificarse como atractivas”, les reveló la consultora internacional Strategyone.
El marketing terminó de legitimar lo que se anunciaba y cambió el canon de la multinacional. Coca Cola, en su último aviso, promociona la gaseosa con una pareja de feúchos con aparatos y dientes torcidos, pero redimidos por la enorme sonrisa, mientras que la nueva agua H2O, de la línea Seven Up, los pone a conversar en una campiña primaveral, dibujados sobre siluetas reales alla Richard Linklater en Despertando a la vida, e impone el slogan: “A los hombres nos gustan las mujeres que se gustan a sí mismas”.
Es que “el 47 por ciento de las 3200 entrevistadas por la consultora Strategyone –sigue la encuesta de Dove– en países como Estados Unidos, Japón, Canadá, Italia y Francia dijeron que su peso está demasiado elevado”. El ejecutivo conoce de cerca el viraje y elige a Maximilian Gerll, de 21, última adquisición de Sedal para vender champú. Su larga melena colorada es más la de un cantante de Heavy Metal que la de una ninfa de las de antes, y tal vez por eso cotiza tan alto. “¿Soy raro? Toda persona es siempre diferente a los otros –dice Maximilian, comprometido cantante hardcore antibushista–, cada uno tiene su rareza. Uso campera de cuero, me visto de negro, y la gente se asusta. Hablo de temas revolucionarios, de la guerra de Estados Unidos, estoy en contra de la invasión a Irak con un mensaje positivo.” Casi como si se implicara gremialmente en el asunto, o como si se pudiera trasladar una estrofa antibelicista al ámbito de las ganancias en la tele, Maximilian termina: “Se crean armas tecnológicas que valen millones, pero el pobre no ve un centavo. Eso te llega, es una desgracia”.
Tal vez lo más excitante del feísmo en la TV llegue con el fetichismo de la diferencia, esa pasión por convertir el sobaco peludo de una modelo (Lorena Ceriscioli, en Divas en exceso, por Telefé en 2005) en objeto de consumo erótico, o de ayudar a la identificación antes que a la frustración en tandas. El fotógrafo Gabriel Rocca (en avisos y en los programas Fantasías y Divas...) aportó a la cruzada desmitificando la silueta ideal. Lo criticaron mucho, este año, por afear con morbo a las actrices y modelos más lindas. “Quise mostrar a Dolores Trull cortándose los pezones, a Dolores Fonzi haciendo lo propio con la boca. También fueron extremas las de Lorena Ceriscioli con pelos abajo del brazo”, dice Rocca (ver aparte). Antes hizo desnudar a la gorda y el hiperpiloso en breves portfolios para el escándalo, y prefiguró lo que está de moda: que el feísmo no sólo rompa con lo anterior sino que proponga estrategias para calentar. “En el aviso estoy tomando algo con una chica, en una barra, muy en ganador”, dice el nórdico Maximilian. “Las chicas me atacan para tocarme el pelo –agrega el melenudo Eduardo Beyreuther–, y yo les digo: no me lo toqués. Yo se lo dejo tocar, pero sólo si es el comienzo de algo. Pero que sean ellas las que vengan a avanzarme. Yo quedo a la espera indagando, tratando de decidir qué es lo que quiero...”
Siguen las historias de sublevados: Manuel Daniel, el coloradito de la foto que ilustra esta nota, sabe que su fuerte es la cara de nabo. Lo une a los otros no haber imaginado su futuro como modelo, cargar con cierta irritación cada vez que los compañeros de la Facultad de Ingeniería le gritan: ¡Modelito! Si él introdujo el atractivo del petiso pecoso en el aviso de la gaseosa (Sprite, haciendo de bobo), su propio gusto corre por una senda más convencional. “Me gusta Angelina Jolie, ese tipo de belleza más corriente... ¿En hombres? Destacaría a Bruce Willis...”. ¿Y de sí mismo? “Lo único lindo que tengo son los ojos, pero no me considero nada especial. El color de pelo es una casualidad que me sigue dando frutos: a mi novia le gustan sólo los colorados. Hago publicidad para visitarla en Formosa, donde vive.” El veterano del grupo es Ricardo Piazza, ex kiosquero de Mantecol en un aviso de los ‘80, precursor y abrepuertas en el asunto de la belleza no convencional. De barba entrecana y larguísima, galera y frac, hizo de un Cupido extraño en un separador reciente de MTV para el Día de San Valentín. “Quiero sacudir la pacatería que tenemos tan metida adentro; la gente anda siempre con cara de pedo”.
–¿Podría ser más explícito?
–Yo no digo cara de culo, porque hay unos culos hermosos que se ven transitar por las distintas avenidas, y es una ofensa a esa parte tan especial que tienen las niñas, pero el pedo es asqueroso, especialmente en invierno y en un colectivo. Los lindos creen que son pipí-cucú, y todos los demás son un sorete. Un director de cine de Estados Unidos me dijo:vos sos el rey de los punks. Y yo soy un tanto punk..., en eso de ir contra la corriente.

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El marketing puso ahora la mira en aquellos que se salen del modelo de belleza perfecta habitual en la publicidad.
 
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