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Viernes, 18 de diciembre de 2015

COSAS VEREDES

No paren la música

Pero que se detenga el acoso en los recitales. Cinco adolescentes británicas comenzaron una campaña para decirles basta a los manoseos a mujeres en conciertos y festivales de música. Y ya son muchos los grupos que se sumaron.

 Por Guadalupe Treibel

Como cualquier purreta melómana, Hannah Camilleri, Anni Cameron, Anna Cowan, Ava Cadenhead y Bea Bennister gustan de ir a recitales y sacudir las melenas teen al son de la melodía de ocasión; probablemente tomarse alguna selfie en el proceso. Con base en Glasgow, Edimburgo y Londres, estas jovencitas británicas –amigas distribuidas por las islas piratas– tienen entre 15 y 17 pirulos, van al secundario y, en sus ratos libres, asisten a suficientes conciertos. Suficientes para comprender que su saludable afición es frecuentemente puesta en jaque por un “inconveniente”: el de ser manoseadas impunemente mientras intentan escuchar a su banda favorita en paz, amén de varones que aprovechan las luces bajas, la falta de seguridad y el anonimato propio de la muchedumbre para acosar a chicas sin consecuencia alguna. Empero, lejos de desalentarse o naturalizar la peligrosa ecuación, el despabilado quinteto ha decidido poner los puntos sobre las íes, decir –fuerte y claro– “sanseacabó”. Y, en pos de finiquitar una situación de hecho que se repite por las ciudades, los países, los continentes, han comenzado a militar por la –a menudo desatendida– causa. Desatendida en comparación a otros campos de batalla cotidianos (la oficina, el bondi, el subte, la calle…), donde la mujer debe lidiar con la virulenta cultura sexista a diario (en ese sentido, y a nivel local, cabe resaltar el laburo de colectivos como Acción Respeto, dedicado a intervenir la vía pública para concientizar acerca del acoso callejero que sufren las mujeres todo el bendito tiempo).

Cuestión que, el pasado mes, las chicuelas brit iniciaron la campaña Girls Against (en criollo, “Muchachas contra”), nombre con el que también han bautizado a su floreciente organización: “Un grupo de feministas interseccionales que se enfrenta al acoso sexual en los recitales”, como advierte su acta de declaraciones. Lo hace ofreciendo a las víctimas un espacio seguro para compartir sus propias experiencias, ayudándolas a superar el mal trago y, en el ínterin, exponiendo esta forma de violencia en los conciertos. También abogan por más presencia femenina en el rock, y piden a los músicos más cuidado en el mensaje de sus letras. Oh, y ante la falta de números oficiales, incluso realizan encuestas por Twitter sobre la materia, arribando a cifras –obviamente– inquietantes: que el 50% de las mujeres ha sido víctimas de acoso (verbal o físico) en recitales; que el 43% no se siente segura en ellos; que el 68% opta por asistir con ropas no reveladoras para desalentar la intención no deseada de los varones… Oh, oh: también brindan “reglas de etiqueta” para quienes aún no han aprendido a comportarse en shows en vivo; reglas que el medio inglés The Guardian, tras entrevistar a las chicas, sintetiza de esta forma: “No manosearás, acosarás o asaltarás”; “No incomodarás a quienes te rodean para obtener un mejor lugar en la multitud”; “No discriminarás a nadie”; “No cosificarás a los miembros de la banda”; y último, pero no menos importante, “No serás un idiota”. Hoy más que nunca: juventud, divino tesoro.

Aunque de reciente estreno (acaban de lanzar sitio propio –girlsagainst.tumblr. com–, cuenta de Twitter propia –@girlsagainst– y un pedido crowdfunding para financiar su producción de pins y folletos con información sobre el tópico), el proyecto tuvo su puntapié inicial hace unos meses, y de triste modo. Hannah, una de las chicas, había ido a un gig de la banda indie Peace en su Glasgow natal, donde un tipo que estaba parado atrás suyo, la tomó por la cintura: “Cada vez que intentaba alejarlo, me agarraba más fuerte y apoyaba todo su peso sobre mi espalda. Como no soy muy fuerte ni muy grande, no podía liberarme. Y él continuaba, bajando sus manos por mis piernas, impidiéndome moverme”. Por fortuna, la muchacha logró darse al pique antes de que la situación pasara a mayores, pero la experiencia –traumática– la dejó temblequeando. A punto tal que necesitó compartirla con sus amigas para calmar los ánimos. Y las amigas, a su vez, compartirla en redes sociales, para contagiar la indignación. Cuestión que Harry Koisser, cantante de Peace, levantó el guante y, disgustado con lo que había sucedido, disparó el siguiente tuit: “Si les pasa algo así en nuestros shows, búsquenme a mí o a un guardia de seguridad de inmediato. Si creen que está bien lo que pasó, ni se molesten en regresar a nuestros toques”.

No fue el único en expresarse al respecto. El dúo punk Slaves, oriundo de Kent, se solidarizó con el proyecto al son de “Si le ponés una mano encima a una mujer sin su consentimiento, no sos bienvenido a nuestros conciertos”, prometiendo además parar sus shows si advertían cualquier forma de acoso en el público. Los muchachos de la banda indie rock Circa Waves hicieron lo propio. Al igual que el grupo femenino español y garagero Hinds. Al igual que otros como Slutface, Swim Deep, Gengahr, Rat Boy, Sundara Karma, Spector, etcétera, etcétera, etcétera. “Entendemos que los músicos no pueden asistir físicamente; ese es el laburo de la gente de seguridad. Pero pueden referirse al tema, dejar en claro a los perpetradores que ese comportamiento no será tolerado. A los que ya lo han hecho, les estamos profundamente agradecidas”, destacó Anna, otra de las aguerridas purretas.

Por cierto, las jóvenes no son las primeras en advertir la cuestión. En una reciente nota de la periodista brit Kate Lloyd para el sitio Vice intitulada “El problema de las violaciones en los festivales de música que a nadie le importa”, se subraya cómo “pese a que los delitos sexuales son menos comunes que los robos en este tipo de evento, ocurren en todo tipo de festivales de Reino Unido, desde conciertos de metal hasta raves de house o recitales folk–rock. Este año, se denunciaron tres casos de violencia sexual en Glastonbury; en 2014, dos. El año pasado, dos hombres fueron arrestados por violar a una mujer en el Reading Festival, en que se produjo otra violación en 2009. Hace poco, un enfermero fue condenado por abusar de dos mujeres inconscientes en la tienda de primeros auxilios del festival Wilderness en Oxfordshire, en 2013”… Y siguen los casos. “La tendencia actual a trivializar, normalizar o ignorar las agresiones sexuales ha empezado a calar también en los recintos de música”, destaca Lloyd. Y, desde otros puntos cardinales, como Estados Unidos, donde existe otro tanto de ejemplos desdeñables, le dan la razón. De allí la importancia de que esta banda –de cinco chicas brit– siga tocando: hay que hacer ruido.

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