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Jueves, 24 de diciembre de 2015

ENTREVISTA

Las manos en la masa

Fabiana Tuñez llegó al Consejo Nacional de las Mujeres desde su trabajo en la ONG La Casa del Encuentro y el Observatorio de Femicidios “Adriana Marisel Zambrano”. En una entrevista con Las/12 es muy crítica de la gestión anterior a la que cree que le faltaba iniciativa y sufría de dependencia política con el Ministerio de Desarrollo Social. Su objetivo central es la lucha contra la violencia de género y la puesta en marcha de un Plan Nacional. Por ahora descarta ocuparse de otras temáticas y cree que la pelea por un mayor presupuesto llegará recién el 2017.

 Por Luciana Peker

Fabiana Tuñez se hizo feminista en 1986, durante el Encuentro Feminista de San Bernardo, que la cambió para siempre. El 4 de octubre del 2003 abrió La Casa del Encuentro junto a su compañera Ada Rico. A partir del 2008 empezó a difundir la cifra de femicidios en la Argentina, a través del Observatorio “Adriana Marisel Zambrano”. Ahora dejó la ONG a la que le puso la voz, la cara y el ímpetu para ocupar, por primera vez, una función pública. Asumió la Presidencia del Consejo Nacional de las Mujeres y reivindica que vuelva una feminista al organismo. No cuenta con más presupuesto que la gestión anterior y tiene distintos frentes abiertos: desde los sectores conservadores hasta el movimiento de mujeres, crítico con las medidas del gobierno de Mauricio Macri. Propone tejer alianzas de género, más allá de las opiniones políticas y partidarias sobre las medidas adoptadas por Cambiemos. Su gestión va a estar centralizada en la lucha contra la violencia de género y con el objetivo central de un Plan de Acción para que la ley 24.685 se cumpla y sea federal. Por eso define: “Hay mucho trabajo por hacer. Yo antes hacía cosas por un universo pequeño de mujeres que tenía la posibilidad de ayudar. Mi ilusión ahora es ayudar a la mayor cantidad de mujeres posibles a lo largo y ancho del país porque cuando vas por Orán o Charata te das cuenta de que no hay nada”, define su expectativa y su compromiso de trabajo de ordenar las deudas administrativas desde la oficina, recibir al movimiento de mujeres en reuniones de puertas abiertas y, a la vez, recorrer el territorio nacional, como mínimo, una vez por semana.

¿Cómo decidiste aceptar presidir el Consejo Nacional de las Mujeres?

La propuesta me la hizo la Ministra (de Desarrollo Social) Carolina Stanley, charlamos mucho sobre las políticas de género, las cuestiones pendientes y mientras hablaba con ella se me venía la imagen de cual había sido la última feminista en el Consejo que fue Virginia Franganillo en la época de (Carlos) Menem. De allí en más el Consejo se fue desdibujando y perdiendo la esencia y el protagonismo. Me fui a dormir y pensé mucho en los costos: iba a tener que dejar La Casa del Encuentro, dejar de estar con mis compañeras de lucha, salir de la comodidad de la ONG. Pero en el movimiento de mujeres había una fuerte crítica sobre la falta de diálogo y de iniciativa de los últimos años del Consejo Nacional de las Mujeres.

Tuviste una mirada muy crítica hacía la gestión de Mariana Gras en el Consejo Nacional de las Mujeres. ¿Qué balance hacés ahora?

Claramente. Parecía que para el Consejo ser feminista era mala palabra o que estábamos en contra de los hombres, no sé qué historia tenían. De hecho, conocí el Consejo Nacional de las Mujeres el día que hice el traspaso con Mariana Gras. Yo venía de una ONG y no sabía dónde quedaba el Consejo Nacional de las Mujeres. Una sola vez se invitó a las ONG en una reunión que estuvo Silvina Zabala (ex Subsecretaria de la Unidad de Coordinación Nacional para la Prevención, Asistencia y Erradicación de la Violencia) al frente de esa reunión y que yo no pude venir. Ahora que estoy acá recibo una gestión con grandes déficit también administrativos. No te digo que hay que empezar de cero porque las paredes están y algunas cosas se hicieron, pero más desde los lineamientos que planteaba Alicia Kirchner (ex Ministra de Desarrollo Social) que de lo que planteaba Mariana Gras.

¿Pediste mayor autonomía del Consejo en relación al Ministerio de Desarrollo Social?

Nosotras estamos dentro de la estructura, no podemos salirnos. En esa conversación con Carolina Stanley le planteé cuales eran mis prioridades. Una mujer cada treinta horas es asesinada en nuestro país. No hay lugar a dudas ni al debate. Lo prioritario es el Plan Nacional para la Erradicación de la Violencia de Género y estamos trabajando en esa deuda que está desde el 2010.

El Consejo presentó un Plan contra la Violencia. ¿No estabas de acuerdo?

Ese informe no era un plan, sino un informe de gestión. No veo mal que hagan un informe, pero no era, de ninguna manera, un plan.

¿Qué diferencia hay con un plan?

El Plan que estamos elaborando, junto con mi equipo, tiene una mirada integral, transversal, interdisciplinaria y federal de la violencia de género con programas de asistencia, protección, investigación, educativas.

¿La prevención de la violencia de género la querés implementar a través de la educación sexual?

A través de la educación sexual y de otras reformas. Por ejemplo, si estudiás abogacía o psicóloga o trabajadora social te recibís con cero género. No hay materias sobre trata y violencia de género en las curriculas terciarias.

¿Cuáles son las medidas que se pueden implementar en tu gestión para proteger a las mujeres?

Las medidas dependen del Plan que es el punto de partida. Hoy hay todas políticas segmentadas. No es lo mismo ser victima de violencia de género en una capital que en el interior de las provincias. El Plan tiene que ver con los botones antipánico, con capacitación a las fuerzas de seguridad y a la justicia. Lamentablemente todavía hay lugares donde a la mujer no se le toman las denuncias por violencia psicológica.

¿Tiene que haber más refugios?

Tiene que haber más refugios, pero, principalmente, se debe apuntar al fortalecimiento de las mujeres para la autonomía económica y la inserción laboral. En un primer momento una mujer victima de violencia, que se encuentra en una situación de absoluta vulnerabilidad, necesita de la ayuda del Estado. Pero no queremos que esté siempre con la ayuda del Estado porque sino salimos del poder del agresor a la tutela del Estado. Mientras se la está asistiendo hay que trabajar fuertamente con programas como el “Ellas hacen” en la capacitación y generar acuerdos con empresas o instituciones que puedan dar trabajo genuino a esas mujeres. No hay salida a la violencia completa si no hay autonomía económica.

¿Cuenta con recursos adecuados el CNM?

Vamos a empezar con la realidad: el presupuesto que voy a tener para ejecutar es el que se aprobó este año, no es un presupuesto nuevo. Yo tengo que trabajar con el presupuesto aprobado. Viene la presión: “¿Va a lograr tener más presupuesto?”. Es el presupuesto aprobado en el Congreso de la Nación en la última sesión. En adelante vamos a pelear juntas el presupuesto, pero en función de algo concreto. Antes decían “yo no necesito más presupuesto”. Por supuesto, no necesitas más presupuesto cuando no generás políticas. Ahora si vos planteas políticas concretas obvio que vas a necesitar más presupuesto. Y ahí estaremos trabajando para conseguir ese presupuesto. El presupuesto del Consejo Nacional de las Mujeres, encima que era poco, se sub-ejecutó.

En el kirchnerismo, más allá del Consejo, hubo políticas de género transversales como la Educación Sexual Integral, el rescate a victimas de trata, el reparto de anticonceptivos, el acceso a la interrupción voluntaria del embarazo a partir del fallo FAL, las campañas contra el acoso en trenes… ¿Te interesa que el Consejo se ocupe de diversas temáticas o vas a centralizar tu tarea en la violencia de género?

La temática de trata es uno de mis fuertes, pero no creo que quede sobre el Consejo sino más en la órbita del Ministerio de Justicia. Obviamente que vamos a articular. Pero la línea 145 y la Oficina de Rescate de Victimas están en el Ministerio de Justicia. Sí vamos a trabajar todos los aspectos de la Ley 24.685 (Ley de Protección Integral para Prevenir, Sancionar y Erradicar la Violencia contra las Mujeres) inicialmente, en este año, porque quien mucho abarca poco aprieta. Vamos a trabajar todos los aspectos de la ley como la violencia simbólica, la violencia obstétrica…

¿La violencia contra la salud sexual y reproductiva también?

Exacto. Todo lo que implique el cumplimiento de la Ley 24.685. En una primera parte de la gestión vamos a poner mucho hincapié en el Programa Nacional. Es un trabajo necesario e imprescindible. Vamos a terminar con los doce hogares refugios en construcción, que están en un veinte o treinta por ciento de su realización, y que hay que poner manos a la obra. Hay que terminarlos porque son imprescindibles. Está el debate: ¿No es el violento el que debería quedar aislado? Es verdad. Pero en la realidad la mujer de los sectores más vulnerables que no tiene una red es mejor que esté en el hogar a que esté expuesta al violento. También se dice que es mejor poner una pulsera al violento y no a la victima. Pero toda persona es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Entonces, según algunos penalistas, ponerle una tobillera a alguien que no está condenado es quitarle derechos. Yo soy práctica. ¿Se necesitan botones antipánico? Sí, se necesitan. Las mujeres se sienten más seguras. Ya con eso tenemos algo muy importante porque cuando una mujer acciona el botón antipánico la mujer no se revictimiza y del otro lado saben quién es la mujer, qué denuncia hizo y que el agresor está cerca.

¿Cuál es tu postura en relación a las mujeres que se reconocen como trabajadoras sexuales y piden ser monotributistas?

Las mujeres en situación de prostitución ven vulnerados sus derechos permanentemente desde la muy temprana edad. La imposibilidad de acceso a la igualdad de oportunidades genera, lamentablemente, que un sistema prostituyente defina cual es el lugar para esa mujer en la sociedad. La mujer virgen, santa, hermana, madre y la puta. Para mí la prostitución es esclavitud y violencia. Se nos condena a las mujeres por el hecho de ser mujeres. Yo tengo una posición muy clara con esto. Hay situaciones que atraviesan las mujeres que se definen como trabajadoras sexuales que son de violencia e inequidad. Hay que trabajar, también con las mujeres que se consideran trabajadoras sexuales, una política que garantice derechos pero no para seguir generando esclavitud.

¿Va a continuar el programa “Ellas hacen”?

El programa “Ellas hacen” depende del Ministerio de Desarrollo Social y, hasta donde yo sé, va a continuar y vamos a agregar otras que todavía no puedo adelantarte porque están en elaboración. Nada que genere algo bueno para las mujeres en situación de violencia se saca, sí vamos a agregar más porque queremos más.

Vos reivindicás que llegue una feminista al Consejo. ¿También es importante que una lesbiana llegue al Consejo Nacional de las Mujeres?

La realidad es que cuando llega una feminista a un lugar como este llegan un montón de voces. La diversidad de voces va a estar incluida en el Consejo sin lugar a dudas. El espacio en el Consejo Nacional de las Mujeres va a estar abierto al diálogo, a la propuesta, a la construcción, a la crítica bien intencionada que tenga que ver con proponer. La crítica por la crítica misma no contribuye en nada a la lucha contra el patriarcado. La crítica concreta de plantear alternativas sí ayuda. El movimiento de mujeres tiene un desafío enorme por delante que es la agenda de género. Tenemos que trabajar independientemente de los sectores y los partidos políticos de donde vengamos. Tiene que ser transversal porque el patriarcado es transversal a todos los sectores.

En los ochenta el movimiento de mujeres estuvo unido, por ejemplo para conseguir la ley de cupo, más allá de las pertenencias políticas. Pero, actualmente, hay divergencias políticas más fuertes. ¿Cómo pensas pararte frente a estas diferencias?

No me preocupan las divergencias político partidarias, pero si se terminan trasladando en la imposibilidad de llegar a acuerdos básicos ahí sí me preocupa. Tenemos que trabajar muy fuertemente por la agenda de género tanto varones como mujeres para que las 200.000 personas que estuvieron en las plazas en el “Ni una menos” y que dijeron que están hartas de violencia, violaciones, abuso vean respuestas. Hay una responsabilidad política. Mi compromiso es contra toda forma de violencia contra las mujeres. Ese va a ser mi hilo conductor, por lo menos, los dos primeros años de gobierno. Hay mucho por hacer. Por ejemplo, se aprobó la ley de Patrocinio Jurídico Gratuito. Ahora hay que implementarla.

¿Vas a pelear para que haya presupuesto para abogados/as que defiendan gratis y lleven querellas de las victimas de violencia de género y abuso sexual?

Es muy importante esa ley, hay que trabajar articuladamente para que se pueda implementar y asignarle un presupuesto. Uno de los graves problemas que tiene una víctima de violencia de género es que no tiene patrocinio jurídico gratuito. Hay que llevar la política pública a la que necesita. Acá hay un equipo que lo puse yo, nadie me pidió nada. Y en esta función voy a dejar mi vida.

Hay un sector muy importante crítico con las políticas económicas y con la actuación frente a la protesta social. ¿Se puede ser crítico en lo económico y la seguridad y tener una alianza con el Consejo Nacional de las Mujeres?

Yo creo que sí y por eso estoy acá, el tema de género es transversal. A mí me convocaron como parte de la sociedad civil. Yo acepté con alegría el ofrecimiento de Carolina Stanley. Y hace solo días que estamos acá. En esto hay mucho por hacer. Si durante tantos años el Concejo Nacional de las Mujeres no existió ni tuvo una definición de políticas: ¿Por qué no me dan la chance que esta vez lo tenga?

¿Cómo puede intervenir el Consejo para proteger a niños y niñas que denuncian abuso sexual y que no son escuchados en la justicia y son obligados a revincularse con quienes denuncian?

Yo estoy en contra del falso Síndrome de Alienación Parental (SAP) y hay que trabajar con la justicia y los organismos de niñez para desarmar el discurso que está muy instalado y que perjudica a la mujer y a los derechos de niños y niñas a vivir una vida libre de violencia. Tenemos que trabajar para que no haya fallos que son terribles.

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