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Jueves, 24 de diciembre de 2015

PERFILES

La morocha descocada

Moria Casán

 Por Flor Monfort

Cada país derrama dos o tres divas fundamentales, cual copas de champagne (o de sidra) desbordadas en prolija torre de mayor a menor. Así, con nuestro ser nacional tan lastimado es que tenemos dos rubias acalambradas de Barrio Parque y una morocha que viene dando tumbos en su historia reciente pero ha hecho un recorrido que bien puede identificarse con el panqueque. Lo que la desmarca del panquequismo generalizado en los medios de comunicación (Tinelli cerrando la campaña con Scioli y al ganar Macri, aclarando que son amigos hace añares y que de casualidad no cerró con él, por citar un ejemplo) es su infinita capacidad de auto observarse, criticarse, reírse de sí misma y hacer una perfo permanente de su vida mientras está ocurriendo. Ahora, la causa por joyas que la mantiene, hasta el cierre de esta edición, retenida en Paraguay, parece ser la excepción.

Pero vayamos al principio. Moria es una bomba sexual y carismática que todo lo que toca es éxito. Siempre se ha declarado fanática de la iconografía militar, su padre pertenecía a ese clan, se ha puesto a sí misma como subproducto de esa cultura que encabezó en la marquesina cinematográfica junto a Su Giménez y ha declarado sentirse muy cómoda durante la dictadura. También dijo en el programa Habitación 414, en el año 2006, que ella es una persona de derecha “de toda la vida”. Pero, siempre hay un pero, celebró la llegada de Alfonsín al poder con una banda roja y blanca que blindaba sus tetas enormes y su A la cama con Moria fue un icono de la televisión democrática. Moria seguía amando a los milicos, tal vez, pero la rompía con sus personajes chiribí chiribí y la refregada de gomas en la cara de la casta gobernante era un must de las noches ochentonas.

Después se hizo amigota de Menem. Tal vez por eso de que a Carlo le gustaba la fiesta, la noche, pasarla bien, tener un buen harem a disposición. Moria se ha jugado públicamente por esa relación y se candidateó como diputada en una lista del riojano, pero le fue mal y la llegada del kirchnerismo la encontró, como siempre, abierta y bien dispuesta, a ver qué migas hacía. Si en aquel pseudo reality arriba mencionado elaboró un discurso a lo Pando, con el tiempo se fue enamorando de la figura de Cristina y desenrollando sus pensamientos como su lengua, fue revisando (o dejando de lado) sus viejas premisas por otras menos derechosas, más amigables. Tal vez su hija Sofía tenga algo que ver en las mutaciones saludables de una diva que rebota de novio en sex toy, de amistades pasionales con mujeres (recordar los escándalos con Andrea Rincón y Vicky Xipolitakis) a acusaciones de proxeneta y, desde 2012, de ladrona de joyas vip a lengua karateca más afilada que nunca. Siempre es noticia, hasta cuando acusó de mierda a Mirtha Legrand, y después se “amigó” pero ratificó su apoyo a la morocha mayor en la mesa dinosauria.

Si se juntaran las tres luminarias a intercambiar opiniones, buen debate plantearía Moria, reivindicando la llegada al poder real de una mujer con carácter, como se define ella y la define a Cris, que se reinventa, que no se victimiza, que tiene un poder de oratoria impecable y no por eso descuida su look o su figura. Moria ama mezclar glamour con cerebro y en la Presidenta dijo poder mirarse, un poco, en el espejo. Si bien Moria jamás se declaró en público como una F woman, los años, la experiencia, o ese mismo ejercicio neuronal que tan bien ejerce, la acercó a una postura de empoderamiento, autosuficiencia y nada de ponerle el culo en la cara a nadie, salvo por el propio placer.

Sin declaraciones de nuestra diva descocada por el momento, las fotos y noticias la muestran saliendo de una experiencia traumática, y celebramos que mientras Mirtha y Susana se babean por su nuevo mandatario, ella resiste desde una cárcel paraguaya, admite sus debilidades y se muestra en bata y lentes de lectura mirando el celular, como una chica de 20, tan fresca de cuerpo como de ideas.

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