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Viernes, 20 de febrero de 2004

PLáSTICA.

Secretos revelados en carnaval

Justo antes de la Cuaresma, época que alguna vez fue de penitencia para los católicos, el Carnaval con sus alegres mascaritas promueve la expresión fugaz de deseos y fantasías replegados durante el curso del año. Cuatro artistas grabadoras dan su propia versión de esta celebración en una muestra del Rojas.

 Por Luciana Malamud

Mascaritas y diabladas, liberación y dualidad, trasgresión y ocultamiento: el Carnaval es todo esto y mucho más para estas cuatro mujeres artistas que dedicaron sus obras al motivo de la fiesta popular y las exponen en el Centro Cultural Rojas, en el marco de las muestras y talleres del Mes del Carnaval. Dora Bianchi, Perla Margulies, Dora Garraffo y Ana María Silva son egresadas de diversas escuelas de arte y, entre otras técnicas, se volcaron al grabado en los últimos 20 años. Y no es casualidad que esta vez se unieran para referirse del Carnaval a través de sus obras.
Dora Bianchi: Todas tenemos algo en común y es que se nos ha dado siempre por lo popular. Hemos realizado actividades desde diferentes lugares, incluso protestas políticas desde la imagen, trabajando en diversas áreas, tratando de buscar la relación entre lo masivo y las problemáticas sociales.
Dora Garraffo: En la propia esencia del grabado está implícito lo masivo: no se trata de una obra única, ya que se puede reproducir. Esto da la posibilidad de llegar a mucha gente a un precio muy accesible.
Ana María: Nosotras, además de hacer grabados, en algún momento publicamos una revista para promover esta forma del arte.
DB: Es que trabajar en grabado es como tener tu propia imprenta en tu casa. Diría que es la disciplina más democrática de las artes plásticas.
No hay una mirada evidentemente femenina en los trabajos, opinan ellas, aunque sin duda un punto de vista personal se transparenta en cada uno de los trabajos. Todas rondan los 50, han vivido intensamente muchos carnavales y los recuerdan con nostalgia. Ana María participó de la murga que se armó en una escuela donde trabajaba hace unos años: estuvo -encantadísima– nada menos que a cargo del estandarte.
DB: Lo mío era más acuático. De chica, llenaba los pomos de agua con fernet que le afanaba a mi papá y, ya que estaba, probaba. Y entonces todo era más divertido.
AM: Yo venía trabajando con el tema fútbol. Me enganché con el Carnaval porque está dentro de lo popular. Lo enfoqué desde el sentimiento, sin teoría. Hay cosas en común. La murga tiene que ver con la hinchada. En general ocurre que algunos de la hinchada participan en las murgas. Los quemeros de Patricios, por ejemplo. Y siempre me llamó la atención la expresión de los cuerpos, el movimiento. Es lo que traté de reflejar.
DB: El Carnaval implica muchas cosas: reunirse, que se organice una fiesta a través de la imagen, poder expresar muchas cosas reprimidas o al menos muy guardadas. El Carnaval te da ese permiso.
Ciertamente, el Carnaval es una licencia para dejar aflorar deseos ocultos, superar tabúes que no nos animamos a trasgredir en la vida de todos los días. Es la fiesta que precede al Miércoles de Ceniza y a la Cuaresma cristiana, durante la cual debería respetarse el ayuno y la abstinencia de carne los viernes. Por eso el desenfreno que la Iglesia permitía durante los días previos.
DG: El Carnaval andino tiene que ver con desenterrar al diablito trasgresor que es la verdadera cultura del pueblo, la cultura original. Es una ofrenda a la Pachamama, el desentierro del muñeco del Carnaval que seguarda todo el año y con eso la alegría permanece hasta el siguiente año. Es la liberación que tiene que ver con lo carnal. No paran de bailar y cantar. Van de casa en casa y la gente los recibe y les da algo de comer y de tomar.
AM: Es como volver a lo comunal. Se comparte todo. Es colectivo porque todos participan, no es que solamente mirás y aplaudís.
DG: Por otra parte, si bien es algo de mucha alegría, las coplas tienen ese dejo de tristeza del canto norteño.
DB: Mis producciones tienen un aspecto más ciudadano, como porteña terca que soy. Lo ciudadano como caótico, ambiguo, de sentimientos encontrados. Siento la ciudad de esa forma.
PM: Hay un encuentro entre los cuerpos en mi obra, mucha sensualidad, un buscar al otro e incluso convertirse en otro, o ser uno mismo detrás de la máscara. Trato de reflejar esa especie de desinhibición que implica el Carnaval, como lo dice la palabra: carne vale.
DB: Dentro de los personajes ciudadanos, una de las figuras que expresan esa ambigüedad pueden ser los travestis que se convierten también en figura de Carnaval.
AM: Lo que se mantiene en relación con otras épocas es que el hombre le sigue gustando disfrazarse de mujer en Carnaval.
PM: Lo que se perdió un poco es que antes los chicos salían disfrazados a la calle. Ahora se es más espectador.
DG: De todos modos, el hecho de disfrazarse no siempre tiene que ver con el Carnaval. Hay otras situaciones para festejar y en las que la gente se divierte con el juego del disfraz, de concretar una fantasía. El Carnaval es eso colectivo, compartir la libertad, la ficción, la fantasía.
Lo que dicen las entrevistadas quedó plasmado en sus bocetos y con más fuerza aun en las obras terminadas. También ahí se juegan sus propias ambigüedades y contradicciones. Perla trabaja sólo en blanco y negro, mientras Bianchi se entusiasma deslizando a la muerte en las murgas de ciudad.
MP: Uso blanco y negro porque es muy contrastante, da un toque de dramatismo, y me proporciona un placer visual muy especial. Yo soy bastante dramática, supongo que eso tiene que ver. En el Carnaval todos salen frente a la alegría, pero también muchos salen en soledad y ven ahí la posibilidad del encuentro. El porteño puede ser muy melancólico.
DB: Me atrae la muerte, me subyuga. Y vestir a la muerte me encanta. Hay una cosa de alegría en los trajes, pero en lo más profundo hay otros contenidos.
Con las manos manchadas de tinta y los bocetos a cuestas, las cuatro aclaran que diseñan sobre chapas de hierro (o zinc en el caso de Ana María) con aguafuerte en relieve, aguatinta, barniz blando y xilografía. Trabajan en sus casas, aunque en realidad, dicen entre risas, el taller se expande por todos lados, son como casas tomadas...
Esta muestra reveladora de los secretos que salen a la luz durante el Carnaval se puede ver en el Centro Cultural Rojas
(Corrientes 2038) hasta el 28 de febrero, de lunes a sábado, de 10 a 21.

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