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Viernes, 18 de marzo de 2016

MONDO FISHION

Implosión sexual

 Por Victoria Lescano

Los spots de luces blancas, deliberadamente crudas, se encendieron desde el balcón de la nave industrial de Sánchez de Bustamante 70 que oficia de Centro de experimentación UNSAM, para que la modelo Luciana Marinisen abriera el desfile de la colección de Jessica Trosman apodada “Denimolición” vestida con un atuendo experimental de denim. Acto seguido cuatro bailarines performers, camuflados entre la primera fila y vestidos con pantalones negros, desplazaron sus sillas hacia el centro de la sala, luego de unos pasos de danza-teatro se hincaron sobre las sillas y llevaron sus pantalones sobre las rodillas para exhibir los traseros desde suspensores de látex mientras la modelo se erigió en amazona y literalmente montó a cada bailarín. La escena ilustró el comienzo de la performance dirigida por el bailarín y cantante Carlos Casella, uno de los fundadores de El Descueve. La elección no fue caprichosa. Durante 2015 Jessica Trosman vistió a los integrantes de esa agrupación en la obra “Cero Cero” presentada en ese espacio de la Universidad de San Martín, así como la compañía de danza acostumbró vestir atuendos de Trosman- Churba.

En ocasiones consulté a Jessica Trosman sobre la morfología imperante en la construcción de sus siluetas y me respondió con una anécdota y afirmación de quien hace casi una década comercializaba su colección en París: “Cuando vos entrás con tu ropa no se entiende qué llevás puesto pero se nota que mezclás bien los colores y las texturas y se ven muy lindos ” Ese juego de palabras, traducido al inglés devino en “Not to be understood”. De ese modo, intrincado y algo rebuscado, se designa ahora a la marca con tienda en Villa Crespo que por temas contractuales y de una antigua sociedad debió cambiar su denominación.

En la colección que porta ese nombre hubo tres instancias que dialogaron con la performance sobre formas del amor contemporáneo, el cuerpo, la sexualidad y el erotismo con el sello El Descueve. Los pantalones holgados, orgullosos de su gigantismo, emergieron con variaciones sobre el frac (allí otra regla sartorial del estudio de la diseñadora indica que las molderías se amplifican hasta un 80 por ciento de las medidas estándar de una prenda, para luego trabajar sobre sus volúmenes). Por otro, las variaciones sobre el jean regidas por una sinfonía de recursos que indagaron tanto en descartes, en reciclados, en caídas, construcciones y el denim remixado con gasas como en satenes, cuero símil charol, volados trazados en paños pintados a mano y catálogo de demoliciones del jean tradicional que surgieron de una colección cápsula con Lee. Pero el gran momento de la colección llegó con los vestidos y las blusas en color rosa, gris, o coral, ricos en pliegues, frunces, una silueta más alejada de los volúmenes y de los porcentajes calculados para camuflar el cuerpo, para en cambio exaltarlo hasta con un romanticismo inusual en su protocolo de diseño. Hacia el final del show, otra modelo y bailarina fue celebrada por un cortejo de siete bailarines y el director Casella entonó las sílabas guturales y sexuales de esa performance con banda sonora de Diego Vainer que ilustró el cierre de la semana “Designers Buenos Aires”, con epicentro en el Tattersall y que se desplazó al barrio de Almagro . El ciclo había comenzado el lunes 7 por la mañana en la galería Ruth Benzacar con la presentación de “Tramando 360°” a la luz del día y de algunos reflectores. Rica en estampados digitales y poéticos de blanco y negro, abrigos con notorios contrastes al tacto y a la vista, transparencias en paletas de azulinos, vestidos cortos y netos que dialogaron con las obras del artista Miguel Rotschschild. Las piezas arty que funcionaron como segunda capa de los vestidos con transparencias se colgaron en un perchero situado en la sala a modo de instalación.

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