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Viernes, 8 de abril de 2016

ESCENAS

Sin azúcar, por favor

Casi un feliz encuentro, de Griselda Gambaro, indaga con ironía en las contradicciones del vínculo entre dos hermanas que vuelven a reunirse luego de la muerte de sus padres.

 Por Carolina Selicki Acevedo

Tona (Claudia Mac Auliffe) se ha vuelto gris, encorsetada y pendiente más de hacer felices a los otrxs que a sí misma. Pensar en la mujer que se ha convertido la lleva a reparar en su matrimonio, su hijo ya adulto, y su rol de dama de compañía-enfermera que la tomó casi por completo los últimos años, previos al fallecimiento de sus padres. Es un gris más externo que interno. Escucharla implica traducir en su verborrágica queja –cúmulo de lo atragantado hace tiempo– una felicidad no para todos comprensible, la felicidad de la vida con y en relación a otrxs más allá del propio deseo. Ella es feliz y lo ha sido aunque le haya sumado canas a su pelo, un aspecto señorial y una vida más tranquila y solitaria en la inmensidad del departamento familiar. El contraste con su hermana mayor se pronuncia aún más con su visita repentina con la excusa de dividir algunos bienes de la herencia. Laura (Sonia Novello), de aires más juveniles y modernos, hace años que vive en París y el reencuentro, aunque previsto en su incomodidad, le es más que necesario.

El encierro es trabajado con minuciosidad, en el espacio, en los diálogos y en el desplazamiento en la escena. Porque los reproches de Tona rodean a Laura como un lobo a su presa, intentando generar culpa en ella, por haberse priorizado y desligado del cuidado de sus padres y haberse convertido en una extranjera para su familia. A través de una acertada ambientación minimalista y sobria (Ariel Vaccaro), con sólo dos sillas a metros una de otra y con una mesa ratona de por medio, se subraya la distancia entre las protagonistas. Desde su ingreso que irrumpe en un abrazo el diálogo ríspido irá poco a poco tomando el lugar protagónico con el que las contradicciones, los rencores y las explicaciones por las decisiones tomadas anteriormente armarán el tejido complejo de la relación entre estas dos hermanas. Sin embargo, la ironía, el humor y el lenguaje corporal intensifican la composición de los personajes, que con pocos elementos logran que el público se interese por sus relatos –aunque tal vez se vuelven demasiado largos por momentos–. Pero es en ese té que no llega a tomarse, en ese dato que nunca se revela, en la incomodidad de la condescendencia por el vínculo que al menos Laura intentará sobreponerse a las diferencias y al juzgamiento por su elección de vida aunque su voz sea acallada por el reclamo continuo de Tona, que a su vez encierra su discurso en sí mismo, volviendo sobre los sacrificios hechos en pos del bienestar familiar.

Casi un feliz encuentro fue escrita por la gran Griselda Gambaro en 1997 y rescatada por el director Alejandro Vizzotti quien ha sabido explotar al máximo la composición de las protagonistas y el vínculo que las une (pese a todo lo que las desune) e invita a la reflexión de la herencia, más allá de lo material, la de los mandatos sociales y familiares y de cómo instancias de las que nadie escapa, como la vejez, la enfermedad o la muerte, pueden convertirse en un calvario o momento placentero y de aprendizaje, según la mirada de cada quien. Y es hacia el final que se plantea cómo cada una se relaciona con la soledad y cómo a pesar de todo lo vivido y no compartido, la sangre puede más y la cercanía se torna necesaria o reparadora. La obra, ajustada en sus detalles, tiene sólo algunos momentos de quiebre, con pequeñas irrupciones de efectos sonoros, tal vez innecesarios, para una trama y una interpretación que por sí solas ya bastan.

Casi un feliz encuentro. Domingos 18 hrs. El Kafka espacio teatral, Lambaré 866. Entrada $160. (desc. para estudiantes y jubilados). Reservas 4862-5439 o por www.alternativateatral.com

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