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Viernes, 8 de abril de 2016

RESCATES

La testiga

Chus Lampreave 1930-2016

 Por Marisa Avigliano

Chus mejora las palabras, las frases que salen de su boca traducen los desastres cotidianos con la gracia que solo el cine sabe coleccionar. Será porque tiene estirpe de actriz de reparto, de secundaria eterna, como dice el director manchego, y será también porque esa misma estirpe de segunda fila –que la priva de aparecer en los tráiler– es la que vuelve su voz imbatible cuando queremos recordar una película: “Qué cara de sota que tiene la Sole” (Volver), “Mira, paso total de vosotras, me aburrís” (Qué hecho yo para merecer esto), “En los pies has salido entero a tu padre, cuando te descalzas te huelen igual igual que a él, un olor intenso, fuerte, yo casi no puedo respirar” (también de Qué hecho yo para merecer esto) , “Sí, son niños pero no te puedes imaginar el señorito ese que tiene mmmm no sé pero vamos! como un hombre! una cosa tremenda” (El año de las luces), “Oye yo no sé qué les he hecho a los skinheads que no sabes cómo me miran” (La flor de mi secreto), “Lo siento pero yo soy testiga de Jehová y mi religión me prohíbe mentir, yo solo puedo decir la verdad toda la verdad y nada más que la verdad” (Mujeres al borde de un ataque de nervios). Las frases célebres de Chus compiten por el mejor lugar en el ranking, hay más de una por película y casi todas ganan. Dones de propiedad de lo secundario, dones de obviedad trágica del Keaton con el que la comparan, dones especiales para producir un plus de angustia, un twist de lástima que la risa protege. Usa como pocas el cockney de vecina que atesoran los pueblos secos de la península y también como pocas sabe darle centímetros bucólicos y feudales a las verdades que repiten en queja madres, tías y abuelas.

Estudiaba pintura en Bellas Artes cuando debutó de casualidad en televisión, la joven actriz que quería pintar cuadros –“me arrepiento de no haber pintado. O de no haber pintado más”, dijo hace pocos años– ocupó durante mucho tiempo rincones en el decorado, “ahora abres la puerta y entras” eran las únicas indicaciones que la artista plástica recibía mientras repetía apenas parlamentos cortos. Tenía más de cincuenta años cuando la fama desparramó elogios y contratos (filmó más de setenta películas con Armiñán, Berlanga, Almodóvar, Trueba…) y más de sesenta cuando ganó el Goya por su Doña Asun en Belle époque. El éxito la volvió indispensable en cortos (en Yo, presidenta suma una frase a su medallero: “No, no, no, el rey no tiene hijos, el rey tiene príncipes”), propagandas (navideñas, artículos de limpieza, fideos) y también para promocionar junto a Rossy de Palma el Circuit Festival 2015. La chica Almodóvar (“me gusta decirle sí a Pedro”) que con ropa de medio luto, achancletadas zapatillas y guantes siempre hizo personajes inspirados en la madre del director, murió tejiendo cuellos de lana de todos los colores el 4 de abril en Almería. “Desde que murió su marido perdimos todo el contacto con ella, se la llevó su hijo con todo su derecho supongo pero no tenemos los teléfonos” dijo Almodóvar huérfano una vez más. Se llamaba María Jesús Lampreave Pérez pero todos le decían Chus, una noche de festival en San Sebastian mientras firmaba autógrafos supo que allí su Chus era Txus y que su María Jesús, Miren Josune, ver aquella escena callejera de bautismo Euskadi por you tube supera oficios de luces en el set y hacen que la paciencia elegante de Chus encuentre el tamaño justo de la memoria cuando ordena sus presuntos triunfos.

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