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Viernes, 26 de marzo de 2004

SOCIEDAD

El primer paso

En la misma ciudad, Bahía Blanca, donde se le negó a una adolescente de 14 años interrumpir un embarazo producto de la violación de su padrastro se reunieron más de 70 mujeres para reflexionar y buscar estrategias que les aseguren el ejercicio pleno de sus derechos.

 Por Sonia Santoro

Prohibido golpear”, rezaba el cartel escrito a mano sobre la puerta del consultorio de ginecología, en una sala de espera de hospital. Y cuatro mujeres, obedientes, esperaban ser atendidas. El sketch fue el disparador para abordar en talleres –coordinados por Perla Prigoshin, experta en Derecho en Salud, la diputada nacional Juliana Marino y el Instituto de Psicología Social– distintas aristas de la violencia contra la mujer y temas de salud reproductiva. Pero especialmente para cumplir el objetivo planteado: crear el “Foro de custodia de los derechos de las mujeres”.
Hasta ahí podría ser un encuentro más de mujeres, si no fuera porque se llevó a cabo en Bahía Blanca, ciudad ventosa si las hay, pero en la que el viento parece soplar siempre del mismo lado. Bahía es una sociedad conservadora, de militares y empresarios agrícolas (“pacata”, es el calificativo que más se escuchó en esos dos días por ahí), cuya voz se escucha monopólica desde el diario La Nueva Provincia. De Bahía –en realidad de Médanos, pueblito que vive de la cosecha de ajo, ubicado a 50 kilómetros– es la adolescente de 14 años, con cuerpo y rostro de nena, que acaba de parir a un hijo producto de la violación de su padrastro -quien todavía está libre mientras se esperan los resultados del estudio de ADN– porque no tiene recursos y tuvo que pedir permiso a la Justicia para poder practicarse un aborto. Por eso, para sus organizadores –el Servicio de Tocoginecología del Hospital Interzonal General Dr. José Penna y la Defensoría Oficial Departamental– y para sus auspiciantes –el Laboratorio Elea y la Asociación Argentina de Perinatología, entre otros-, haber logrado que unas 70 mujeres se juntaran durante dos días de marzo para hablar de lo que les pasaba fue casi revolucionario.
La mayor preocupación que plantearon esas mujeres fueron los embarazos adolescentes. “Más allá de la promiscuidad, nos preguntamos por qué estas chicas son mamás tan jóvenes, qué cuestiones culturales hay”, planteó Susana, una maestra, abriendo el debate. Para Blanca, profesora de inglés, el problema pasa por la autoestima. “Yo puedo decir cuándo nuestras niñas quedaron embarazadas, en 8º año... así se sienten importantes”, dijo. “Muchas veces piensan ‘no puedo tener nada, bueno, tengo un hijo’ pero yo lo que no haría sería cargar las tintas en las adolescentes”, opinó Andrea, una ama de casa. “Tampoco es lo mismo si es un embarazo por una relación con su parejita que si es producto de una violación”, agregó Miriam. Alguien planteó la necesidad de entender la problemática desde la antropología social. Y Graciela Schadt, quien lleva adelante un comedor para casi 650 personas (ver aparte), se salía de su asiento por contestar: “Hay muchas mujeres que no vinieron porque se sintieron cohibidas porque las trajimos al centro. Viven en asentamientos, cómo le vamos a hablar de antropología social”. En otro grupo, el doctor José Luis Castaldi, jefe de Tocoginecología del Hospital Penna, levantaba la misma bandera: “Para que las mujeres tengan derechos tenemos que dejar de ser hipócritas porquetodo esto lo sabemos, por eso la idea del foro es que las mujeres hagan cumplir las leyes. Si acá no se ponen de acuerdo ilustradas, imagínense esas mujeres que no vinieron hoy acá porque no tenían zapatillas (ver aparte)”. En un estudio que hizo el servicio que dirige, sobre 1004 mujeres encuestadas anónimamente entre enero y septiembre de 2003, se halló un 72 por ciento de embarazos no planificados, sobre todo entre menores de 20 años y mayores de 35; el 43,7 por ciento de ellas no tenía asesoramiento previo de métodos anticonceptivos y el 20 no sabía cómo se iba a cuidar en adelante.
Una de las mujeres que sí pudo llegar desde las afueras de Bahía hasta la Universidad Tecnológica Nacional fue Delia: “Me dije por qué no voy a ir si soy mujer como cualquier otra”. A los 51, Delia está separada y tiene tres hijos. Se casó a los 15 escapando de un entorno familiar duro, formado por padre, tíos militares y hermanos mayores. “A mí me parecía que me hostigaban y le pedí al que era mi novio si se quería casar conmigo. Al final fue peor el remedio que la enfermedad. A los tres meses quedé embarazada. Y yo veía a mis amigas que iban a bailar y yo ya tenía panza. Ellas iban a la playa y yo tenía que cambiar pañales. Ya no era lo mismo”, dice. En uno de los talleres, tímidamente, Delia también se animó a hablar:
–Yo quería decir algo que veo en una casa cerquita de la mía. Hay drogas, alcohol, gente que se agrede, se pelean, todo lo que te puedas imaginar y 11 chicos que ven todo eso. Yo quiero preguntar ¿cómo los ayudás? Porque cuando estuvieron normales yo traté de hablar con ellos. Para la madre está todo perfecto. Pero ¿cómo le explicás a los chiquitos lo que están haciendo los grandes? Una de las mujeres tiene 6 chicos y otra 7 y vos les preguntás y te dicen “me los mandó Dios” o “la pastilla estaba vencida”. ¿Qué hay que esperar, que un primo se viole a la prima? Si yo hago una denuncia, qué sé yo lo que me puede pasar, yo también tengo hijos.
Edith, cartonera y madre de cuatro hijos, del Barrio 1º de Mayo, escuchaba. Ella también fue madre adolescente. A los 22 ya tenía cuatro. Pero no tuvo más.
–¿Se cuidaba?
–Me cuidé con pastillas hasta que dije quiero tener un bebé. Me enseñó mi mamá. Pero te digo que es cierto que hay mamás que no saben cómo explicarle a los chicos. Yo como mamá ya desde los 12 o 13 años siempre les dije sobre la prevención. A los nenes también: “Mirá hijo, antes de hacer una macana, si vos precisás una monedita venís y me decís mamá necesito para un preservativo”; así con todas las palabras, porque una tiene que hablarle a los chicos de esa forma.
–¿Y le pidieron?
–Sí, así que también los hijos que tienen ellos son porque los desearon.
Cintia, una chica de 19 que hace tres vive en el Instituto Alfonsina Storni, un centro asistencial de mujeres, llegó al encuentro junto a 5 compañeras, de las 15 que están ahí por historias de violencia familiar. Su pregunta fue: “¿Cómo poner límites al aborto? Cómo no hacerlo tan abierto, porque si no todas van a quedar embarazadas y se hacen un aborto todos los días porque sí”. La que respondió fue Marino, quien intervino en la creación de la Ley Nacional de Salud Sexual y Reproductiva: “Los jóvenes están en contra del aborto porque les encanta la vida pero a vos te digo que cuando lo legalizás no es que todos corren a hacerse un aborto sino que la mujer entra dentro de un programa y, probablemente, no lo repita”.
Los talleres sirvieron para plantear preguntas, exponer situaciones e intercambiar experiencias pero principalmente para que distintas ONG,instituciones, o mujeres interesadas por estos temas pudieran saber de la existencia del otro y trabajar en conjunto. Como cierre, Prigoshin planteó la creación del “Foro de custodia de los derechos de las mujeres” para llevar adelante acciones concretas que contribuyan a cumplir la ley. “Si somos muchas y golpeamos la puerta del intendente, acompañamos a las mujeres en amparos, controlamos que les lleguen los anticonceptivos... es probable que el foro dé resultados”, dijo. Y ya hubo una primera cita para el foro. Fue el 17 de marzo, en Bahía Blanca, provincia de Buenos Aires.

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