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Viernes, 13 de mayo de 2005

MúSICA

Mujer madura sabe

Viéndola en el escenario o leyendo sus declaraciones parece imposible pensar que Shirley Manson tenga problemas de autoestima; y, sin embargo, ese inconveniente figura en su catálogo de confesiones, que incluyen el aprendizaje masturbatorio y el hastío por la belleza de quirófano. He aquí a la cantante de Garbage.

 Por Mariana Enriquez

Shirley Manson trata de que las cosas sean diferentes. Probar que se puede ser una estrella pop deseada y glamorosa a los treinta y ocho años. Que una mujer puede vivir una existencia de giras justo como un músico varón sin que renunciar a la vida doméstica signifique una frustración. Que se puede estar al frente de una banda de hombres sin ser la figurita que está al frente pero no interviene en las decisiones; algo que hicieron muchas otras cantantes como Debbie Harry o Crissie Hynde, linaje al que Manson se enorgullece de pertenecer. Que, en fin, una forma de ser alternativa es posible y divertida.

Pero el camino no fue nada fácil. Garbage, el grupo integrado por Shirley (escocesa) y los norteamericanos Duke Erikson, Steve Marker, Butch Vig (productor del superexitoso disco Nevermind de Nirvana), se formó en 1994 y al principio todo fue gloria: el primer disco tuvo megahits como Queer, Stupid Girl u Only Happy When It Rains, rock de guitarras con un toque tecnológico, infeccioso, comercial y sofisticado. Shirley se convirtió en una diva indie, y llegó a ser modelo de Calvin Klein. En 1997, el disco Version 2.0 también fue exitoso, pero no pudieron repetir la jugada cuatro años después con Beautiful Garbage (que fue un desastre comercial) y la banda estuvo a punto de separarse. De hecho, dice Shirley, es un milagro que hayan logrado editar su nuevo disco Bleed Like Me, después de dramas y problemas internos. De hecho, cree, el futuro del grupo se sellará recién cuando salgan de gira este año. Manson no es una mujer que oculte las turbulencias internas de su grupo para que el público crea que todo está bien. Al contrario: “Ninguno de nosotros creía que podía hacer este disco. No eran los desacuerdos habituales sobre la dirección musical: realmente no nos llevábamos bien. Nadie quería trabajar con el otro. Si alguno de nosotros llegaba con una idea, los demás se negaban a trabajarla. Al final, abandonamos”.

Para colmo, la banda venía con muchos problemas desde antes. En la gira de 2002, como soporte de U2 y No Doubt, Shirley perdió la voz y tuvo que operarse de un quiste en las cuerdas vocales. La intervención fue exitosa, pero tuvo que descansar la garganta por doce meses. Y se separó de su esposo, el escultor Eddie Farrell, después de nueve años de matrimonio, experiencia que quedó documentada en la dolorosa It’s All over but the Crying (“Todo terminó salvo el llanto”) del nuevo disco: “Si pudiera cambiaría todo/ Porque no puedo olvidarte aunque no me creas/ Ahora no puedo seguir adelante/ Ni puedo volver atrás/ ¿Adónde se fue toda la luz que teníamos?”). La relación era a distancia: Shirley hacía sus giras, pasaba tiempo en Wisconsin (donde Butch Vig tiene su estudio) y Los Angeles, y dos veces por año volvía a casa. Ahora sigue considerando a Escocia su hogar, admite que es difícil trabajar con norteamericanos, y las diferencias culturales no son menores. “Pero son más importantes las diferencias de género. Mis compañeros tienen entre 45 y 53 años, y son hombres a la antigua, que se guardan todo. Es agotador. Tuvimos reuniones terribles cuando escribíamos este disco. Nadie le pegó a nadie, una pena. Hubiera sido algo mucho más limpio y saludable. Pero desafortunadamente los hombres de Garbage son pasivos-agresivos. Nunca se golperían, y jamás le darían un puñetazo a una mujer. Los problemas de comunicación son duros. Un ejemplo: una noche, nos dimos cuenta de que hacía mucho que no veíamos a Butch. Resultó que estaba en cama con fiebre hacía dos días y no le había dicho a nadie. Al final terminó internado, en coma, con hepatitis A. Ellos no pueden lidiar con nada cuando llega un punto de crisis. Yo trato de que se abran, pero no se puede obligar a hablar a la gente.”

La bella distinta

Los “hombres de Garbage” dieron con Shirley cuando la vieron en MTV cantando junto a su grupo escocés Angelfish. Hacía años que ella se movía en la escena under de Edimburgo, al frente de varias bandas. Al principio, Garbage parecía un experimento del genial Vig, pero Shirley se hizo su lugar y todas las canciones aparecen firmadas por el grupo: ella también es compositora. “Nunca estuve en esto por el dinero; de hecho ahora podría retirarme y hacer discos solistas, o no hacer nada, por suerte tuvimos éxito y mis finanzas están más que bien. Pero siempre fui una cantante: hago esto desde hace veintitrés años. Y no sabría hacer otra cosa.”

Shirley Manson es hija de un célebre genetista que planeaba una carrera académica para su hija. “Pero yo lo decepcioné. Bueno, ahora está orgulloso de mí, pero cuando era adolescente teníamos problemas porque yo prefería trabajar de vendedora o cantar en grupos. No era lo que él quería para mí.” Al mismo tiempo, lidiaba con problemas de autoestima que llegaron a grados extremos: “Me cortaba, bebía, tomaba todas las drogas que encontraba. Era una chica oscura, depresiva, obsesionada con la muerte. Nunca me sentí cómoda con mi imagen, tampoco ahora”. En ese entonces, cuenta, se burlaban de ella por sus “ojos de sapo”, y todavía le cuesta librarse de ese desprecio, a pesar de agraciar tapas de revistas, a pesar del contrato con Calvin Klein y de la línea de cosméticos MAC, a pesar de que claramente es una mujer bellísima. Hasta no hace mucho, a los fotógrafos les costaba tomar su imagen, porque cuando llegaba la sesión, Shirley se encerraba en el baño y se negaba a salir. “Eran días oscuros. Estaba loca todo el tiempo. Estoy mejor ahora aunque no me siento totalmente cómoda conmigo misma. Ya no me asusta verme en fotos, pero tampoco me hace sentir bien.” El tema Bleed Like Me del nuevo disco lidia con algunos de los fantasmas de Shirley: “Ella acerca las tijeras de papá a su piel/ Y cuando lo hace llega el alivio/ Y cuando esconde las cicatrices que guarda bajo su ropa canta/ ¿Podés sangrar como yo?”

Sin embargo, Shirley se niega a someterse a cirugía estética alguna. “Estoy moralmente en contra de la cirugía estética. La homogeneización en cualquier forma me enoja. Estas imágenes mediáticas de perfección irreal me enferman. Hay una intolerancia a la imperfección y los defectos que vuelve loco a todo el mundo. Lo irónico es que la belleza es belleza porque no es común. Porque es rara. Odio esta noción de que si no sos joven hermosa y perfecta no sos nada. Esa ecuación es la noción más aterradora que ha perpetuado esta sociedad. Las mujeres están arruinadas si la creen: así siempre serán controladas y explotadas.” A esta altura, hay varias preguntas de las que Manson no puede zafar: qué piensa del paso del tiempo, cómo se hace para madurar en una industria donde las estrellas pop apenas son adolescentes. “Noto el paso del tiempo, y es una experiencia rara para cualquier mujer, mucho más si está en el ojo público. Pero no quiero sentirme avergonzada por la vida que llevé o por convertirme en la persona que soy. Creo que tengo suerte por haber crecido en Escocia; como regla, no tenemos miedo de envejecer. Pero es difícil trabajar en una industria que vampiriza a las mujeres. Y que les pide a las mujeres ambiciosas que se desnuden. Cada vez más. Las chicas asocian ser sexies con estar desnudas. Todo es ‘mostrame tu concha’. Si una juega ese juego, es imposible sostener una carrera. Siempre va a haber alguien más joven, más hermosa, más deseable. Es un templo de polvo.”

Pero de todos los mandatos, el que más irrita a Shirley Manson es el de ser madre. “Me preguntan todo el tiempo ‘¿para cuándo el bebé?’ y estoy en un punto en que quiero gritar: ¡¡¡No voy a tener ningún puto hijo!!! Estoy tan harta de que me fuercen a eso. Como si tener hijos fuera la consumación de la vida de una mujer. Veo la forma en que cierta gente controla o vive su vida a partir de sus hijos. Y no me gusta. La presión me hace sentir que debo desearlo, pero tener hijos nunca fue algo que quisiera hacer. Nunca en mi vida. Claro, a veces me toca la autoestima. Cuando tu vida no se conforma al plan casa-auto-hijos, hay un elemento de ‘soy un fracaso’. No importa cuán exitosa sea tu carrera.”

Hablando de sexo

Una de las más importantes contribuciones de Shirley Manson a Garbage –y al mundo del pop– fue la introducción de una sensualidad juguetona pero adulta, lejos de la histeria de las estrellas teen. En las entrevistas nunca se reprime, y se divierte. “Cuando estaba casada había decidido ser monógama, y es difícil sostener eso en una gira. Así que tuve que aprender a masturbarme bien. Por suerte supe pronto cómo llevarme al orgasmo sola; y me sirvió en otros terrenos también porque, se sabe, en general los hombres no lo tienen muy claro. Como regla, creo que ningún menor de treinta sabe cómo llevar al orgasmo a una mujer. Y, aunque no quiero sonar como una estúpida pomposa, siempre elegí muy bien a mis amantes. Soy muy quisquillosa. A pesar de que tengo horrendos problemas de autoestima, creo que mi cuerpo es algo precioso que no puedo entregar así como así.”

En vivo, los legendarios shows de Garbage muestran a Shirley en todo su esplendor: andrógina, desenfadada, elegante y explícita cuando hacía falta. En la canción que abre Bleed Like Me canta, segura: “Conozco algunos trucos que te van a retorcer/ Tengo una fiebre, vení, chequeála/ A lo mejor lo nuestro no va a ser largo, pero vamos a disfrutarlo mientras dure”. El sexo, dice, es un lugar en el que está cómoda. “El sexo, reírse, la música. Son las cosas fundamentales de la vida, por lo menos de mi vida. Reírse y coger. Es lo que quiero, además de estar en una banda de rock hasta que me caiga muerta.”

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