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Viernes, 13 de mayo de 2005

SALUD

Oportuna humanidad

Hace un año que funciona en el hospital público más importante de Bahía Blanca un programa de atención post aborto que toma las internaciones de mujeres por abortos incompletos –más de dos por día– como una oportunidad para la prevención, ofreciendo métodos anticonceptivos y calidad humana para la contención.

 Por Sonia Santoro

Era el tercero que yo perdía, me decían que eran embarazos ectópicos. Seguía menstruando y no me enteraba de que estaba embarazada. La última vez llegué a 43 de fiebre, fui al hospital y me dejaron internada. Ahí me hicieron un legrado. Después me hablaron, me preguntaron qué anticonceptivo usaba o si quería alguno, a todas las chicas les preguntaban, a todas las que nos habían hecho un legrado. Muchas no querían. Una se puso el diu ahí nomás. Otra eligió pastillas anticonceptivas, otra dijo que se cuidaba con los días. Yo dije que quería el diu porque había escuchado a personas que les iba bien, mi hermana hace 15 años que lo usa.” Lo que Marcela Lugones describe, desde su experiencia personal, es lo que en el Hospital Dr. José Penna de Bahía Blanca llaman “atención humanizada post aborto”, un programa que trata la internación de mujeres a las que se les realizaron raspados por abortos incompletos, como una oportunidad para aplicar estrategias de salud sexual y reproductiva. De ese programa algunas mujeres –después de las 24 horas de internación que necesita la atención de un aborto sin complicaciones– vuelven a su casa con un dispositivo intrauterino puesto; una de las prácticas más novedosas y eficaces en prevención cuando ya es tarde para volver atrás.

El Hospital Penna es la única maternidad pública y la de mayor complejidad de la Región Sanitaria 1ª, es decir Bahía Blanca y localidades adyacentes. Allí se realizan unos 3000 partos y 800 raspados por abortos incompletos anuales (un poco más de dos por día). En el 2003, el hospital realizó una investigación basada en 1004 encuestas a las mujeres que recién parieron. Las conclusiones más importantes fueron dos: el 70 por ciento de las madres que cursaban su puerperio decía que su embarazo no había sido planificado, y más del 75 por ciento había recibido deficiente o nulo asesoramiento en anticoncepción.

Fue entonces que el Servicio de Tocoginecología del hospital empezó a madurar la idea de generar un programa que pudiera ser más eficaz en este aspecto, dado que contaba con planificación familiar desde 1986. “Hicimos primero una charla interna porque es un tema conflictivo para nosotros. Tratamos de plantear la idea de cambiar la visión sobre las mujeres, no verlas como culpables, pensar que nosotros no éramos jueces, que teníamos que asistirlas para que no se agraven y que, en los casos que pudiéramos avanzar con un método anticonceptivo lo hiciéramos”, explica Edgardo Boiza, responsable del Programa de Humanización Post Aborto en el Hospital Penna.

Luego hicieron talleres de sexualidad dentro del servicio para médicos, obstétricas, enfermeras, abogados para incorporar una mirada más integral sobre la mujer que llega al hospital con un aborto incompleto, ya sea provocado o espontáneo.

“La idea del taller fue bajar el lenguaje de los médicos, que se hable con un lenguaje llano y claro, que la gente encuentre a alguien que se interese por su problema. La idea no es entregar los anticonceptivos y listo porque si no no funciona”, dice Boiza. “Intentamos que la paciente se retire del hospital no sólo con una precisa información de los métodos anticonceptivos sino con el que ella ha elegido como el mejor y más confiable para su situación personal”, agrega José Luis Castaldi, jefe del Servicio de Tocoginecología.

Así le pasó a Marcela Lugones, mujer de 38 años y madre de cuatro hijos de entre 9 y 20 años. Como tenía mucha infección, le explicaron, no pudieron poner el diu inmediatamente pero le dieron pastillas anticonceptivas hasta que pasara el tiempo necesario y volviera a la consulta a colocárselo. Desde entonces, el 2 de diciembre, está tranquila porque lo lleva puesto. “Antes si venían los chicos, venían. Soy católica pero siempre me cuidé. Si venían sí los quería pero no los buscaba”, dice, en una charla telefónica desde el barrio obrero, en las afueras de Bahía. “Antes me cuidaba con pastillas, pero no era puntual con la menstruación, entonces no sabía cómo tomarlas. Al principio tenía miedo del diu porque escuché que algunas mujeres habían quedado embarazadas y que había nacido el chico con el diu en la cabeza. Pero ahora estoy tranquila, ya hace cuatro meses que lo tengo”, agrega.

A partir de mayo de 2004, entonces, se inició el Programa de Humanización Post Aborto, que básicamente tiene tres objetivos: en primer lugar, evitar que se complique más la situación de aborto; luego, ofrecer información en salud reproductiva y métodos anticonceptivos gratuitos; tercero, facilitar interconsultas con otras especialidades como oncología, fertilidad o psicología, por ejemplo.

Al 28 de febrero de 2005, 327 mujeres aceptaron asesoramiento, de las cuales el 47 por ciento aceptó la consulta con un psicólogo. Del total, 276 eran mayores de 20 años, y 51 menores. “Se colocaron 42 dispositivos (diu) post aborto inmediato a mujeres con diagnóstico de aborto incompleto no infectado y de hasta 13 semanas de gestación”, informa Castaldi. La importancia de la inmediata colocación del diu, explica, se debe a que “la mujer que pasa por un aborto, al cabo de dos semanas puede recuperar la fertilidad, y por ende quedar embarazada”.

El aborto suele ser una situación de mucha soledad para las mujeres. A partir de las entrevistas con las pacientes, los médicos comentan que llegan a esa situación por embarazos no deseados, por desconocimiento de los métodos anticonceptivos o falta de recursos para acceder a ellos y “todo tipo de trabas burocráticas e ideológicas para la libre elección, subrayado por la falta del apoyo familiar (no hablamos de familia nuclear, sino de función de contención) o de redes sociales”. También remarcan el desconocimiento del propio cuerpo, principalmente en adolescentes, y la falta de cuidado en el inicio de la vida sexual. Y en cuanto a las mujeres adultas, que a su vez son referentes de las chicas, notaron que desconocen la planificación familiar, o que están sometidas o subordinadas al deseo del varón. “Las mujeres que llegan acompañadas por la pareja son las menos y las que sí, si están interesadas en un método especial nos piden que se lo comentemos nosotros al marido”, dice Boiza.

Lo interesante de este programa es que interviene en la realidad que se vive a diario en los hospitales del país: más allá de que la ley lo permita, muchas mujeres interrumpen sus embarazos en condiciones sanitarias precarias, llegan a los centros de salud con complicaciones de distintas magnitudes; se van y al tiempo vuelven con otro embarazo no deseado porque no han sabido, no han podido o no han tenido recursos para evitarlo. Entonces, por qué no empezar a prevenir un segundo aborto ya desde el primero. “El aborto es un duelo que nos cachetea en el alma y no puede ser contralor de la natalidad, así lo entendimos y por eso trabajamos en este programa”, opina Castaldi.

Suena raro escuchar o leer la palabra humanización ligada a aborto. Debe ser por la poca frecuencia con que se juzga a la mujer que pasa por esa situación como un ser humano; como una persona que anda y respira, como Marcela Lugones, que el 18 de abril fue a controlar cómo estaba colocado su diu y cuando la ecografía acusó que estaba bien, suspiró aliviada.

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