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Viernes, 23 de diciembre de 2005

MUSICA

La pluma y el canto

Sentimental, ciclotímica, dueña de una poderosa voz y una aguda pluma, varias veces premiada por sus composiciones, Marcela Bublik editó este año su segundo CD, Gallo de Fuego, un hijo más de la camada de mujeres volcadas a la música popular y porteña.

 Por Noemi Ciollaro

Iluminada por la alegría de quien acaba de parir, Marcela Bublik (47) muestra a Las/12 su nuevo disco, Gallo de Fuego, en cuya cubierta se ve su imagen absolutamente desnuda, pintada como un gallo multicolor que en sus brazos-alas mece a un niño imaginario, quizás el de su canción Soy, dedicada a “todos los nietos” y acreedora del primer premio del concurso Tango por la Identidad, convocado el año pasado por Abuelas de Plaza de Mayo.

“Por la vida que está viva, por la muerte que no es cierta/ por cada flor que se abre bajo el sol que la abrigó/ por el niño que mañana navegará entre mis ramas/ buscándose en los retratos que la noche me arrancó/ no me seguirán mintiendo el color de la mirada. /Tengo un nombre y una sangre que me quisieron borrar/ que es más fuerte que la espada y la rosa disecada/ que llenaron con cenizas de silencio y soledad”, escribió y canta Bublik acompañada por el bandoneón indescriptible del maestro Raúl Garello, en el que sin duda es el tema más potente del CD.

A diferencia de Puñales de plata, su primer disco editado en 2002, en Gallo... no hay ningún clásico del tango, ocho de las letras son de su propia autoría y otras cuatro pertenecen a Roque Narvaja, Bibi Albert, Raimundo Rosales y Raúl Salerno, los tres últimos enlistados junto a ella en lo que hoy se conoce como los “nuevos letristas” de tango, aunque escriben hace años.

“La Bubli”, como la llaman sus amigos, porteña, nacida en el barrio de San Cristóbal, de padre médico y escritor y madre musicóloga, creció en un hogar en el que se escuchaba de todo pero donde el tango tenía un lugar destacado.

“Mi viejo era amante de la música clásica pero también de lo popular y cantaba tangos, tenía una voz lindísima y me enseñó a cantar cuando yo tenía cuatro o cinco años. A los cinco yo interpretaba Nunca tuvo novio, de Cadícamo y Bardi, y Nada, de Sanguinetti y Dames, por eso los incluí en mi primer disco; dramatizábamos con mi viejo, jugábamos y nos divertíamos, de las letras yo mucho no entendía, pero como actuábamos y lo pasábamos tan bien, me encantaba, había mucho disfrute”, recuerda.

Del tango y la producción casera, la cantante y autora se metió de cabeza a estudiar música, lenguaje, apreciación, flauta, práctica coral, piano y expresión corporal. Su madre la inscribió en el Collegium Musicum. A los diecisiete años Bublik empezó a componer sus propias canciones mientras aprendía guitarra con Roque Narvaja y cantaba en el Auditorio Kraft de la calle Florida, con el grupo Pupila.

Durante los años de la última dictadura Bublik vivió con el padre de sus hijos en Israel y también en España, aunque no como exiliada, aclara, pero muchas de las experiencias de aquella época están presentes en sus canciones. En la Milonga del Gallo de Fuego, hay ecos de entonces, “Milonga, nunca te olvides que no me quiero olvidar/ que en un invierno terrible nos quitaron de abrazar/ a los que nos enseñaban las canciones y el soñar/ y luego a otros que aprendían lo que les podíamos dar”.

TANGO Y CANCIONES URBANAS

”Sé que tengo un estilo para cantar que no encuadra dentro del tango más clásico, pero con mis distintas maestras, Flora Yunguerman, Marga Grajer y Leticia Caramelli, entre otros, he aprendido a encontrar mi propia emoción, mi propio color, naturalidad en la interpretación, son canciones urbanas y siento que es un lugar que me representa, como también le ocurre a gente de otras generaciones que está produciendo y/o interpretando esta música que habla de hoy, con lenguaje y temática de hoy. Cuando empecé a incluir tangos en mi repertorio rebobine todo aquello que había hecho en mi infancia con mi viejo, y sentí que me caía la ficha. Hasta que un día empecé a sentir la necesidad de decir esas cosas con mis propias palabras y mis sonidos, algunos de mis tangos tienen también música mía además de la letra”, comenta.

En las composiciones de Bublik se reflejan la ciudad, el amor, el desencanto, la amistad, las pérdidas y los sentimientos provocados por hechos ocurridos en el país, como los días convulsos de diciembre de 2001, o la búsqueda permanente de las Abuelas de Plaza de Mayo.

MAMELE E HIJOS

Los hijos de Bublik, Gaby (27) y Pablo (26) Waciarz, también cantan, hacen música y participan en alguno de los temas de Gallo de Fuego.

“Me emociona escuchar a Gaby cantando conmigo Fueye Milagrero; sí, soy muy llorona, lloro de tristeza, de alegría, de bronca, leyendo, escuchando música, recordando personas o cosas que han pasado, mirando el río caminando por Núñez, mi barrio; soy un desastre, gasto pañuelos como la peor. Pero por suerte tengo con quien compartir estas emociones. Los chicos son infinitamente sensibles, jugamos y nos reímos mucho, tenemos sentido del humor, lo que para mí es una condición fundamental de la inteligencia y la salud. No –ironiza–, no estoy diciendo que yo sea precisamente una persona muy sensata o equilibrada, pero creo que el sentido del humor me salva de irme a la mierda. A veces en medio de una discusión tengo una onda de culebrón insoportable y melodramático, o gritona, como la Matilde de Gasalla, pero por ahí me descuelgo con una ‘inesperadez’ ridícula y te salvaste del caos. Será por eso que el sentido del humor junto a la pasión y la ternura son los elementos que más me seducen en un hombre. ¡No!, qué hombre, me separé, hoy no hay hombre de mi vida.”

Fueye Milagrero es la bella historia-canción de una chica que no puede quedar embarazada, en la que Marcela y Gaby se reparten el canto de las estrofas, “Busca y pide la piba engayolada/ al vientre mudo, que no acusa recibo/ de la miel que fue rociada con vino/ Pero no hay caso: la flor sigue cerrada/ La noche con sus cintas de papel/ pregunta a las ventanas y a las piedras/ a la quiniela, al boleto`el colectivo/ a los floristas, al botones de un hotel/ (...) Y una tarde, revolviendo en el montón/ de fotos sepias y ajados terciopelos/ el desván que guarda cosas del abuelo, le devolvió su olvidado bandoneón/ (...) Del nácar del alma del abuelo/ una corchea se le piantó traviesa/ y entreverada en el sueño de la piba/ le germinaba mariposas en la espera/ Muchacha: si tu tata, zeide o nono/ le daba al fueye en los piringundines/ y andás teniendo ganas pa’l encargue/ dale al tango y tejerás escarpines”.

Con Pablo, Bublik comparte en el CD un homenaje de su autoría a la cantante afrouruguaya Lágrima Ríos, Lágrima y Milagro es su título, y ambos profesan un gran cariño hacia la intérprete negra. Hace sesenta y dos años que Lida del Río primero y Lágrima Ríos después se constituyeron en la voz femenina del candombe. A pesar de que empezó cantando tangos y folclore, su magia viene del candombe. Con él recorrió el mundo, cantó en La Sorbona y fue recibida por Nelson Mandela. Sus canciones son buscadas por latinoamericanos que viajan a Buenos Aires y escuchan sus temas, y también por norteamericanos que se fascinan por el tango y la nueva producción urbana.

“Esto me sorprende, el hecho de que con realidades tan distintas se sientan identificados con mi música y mis letras; es como un sueño poder llegar a tanta gente. He trabajado mucho en esto que económicamente no reditúa pero que es mi vocación, y los mangos los obtengo ejerciendo la docencia, dando clases de música, talleres de escritura, haciendo lo que cuadre y sea más afín con lo que yo sé. El asunto es poder comer y seguir haciendo canciones. Y esto es en general para las mujeres y hombres que nos volcamos al tango, pero ¡aguanten las minas!, que siempre tenemos que ocuparnos también de los hijos, la casa, y hasta la jefatura del hogar”, comenta divertida.

“Siempre releo Un cuarto propio de Virginia Wolf y termino pensando que es un espacio interior, aunque por supuesto está buenísimo disponer de dinero y lugar para bancarte ser escritora, pero yo puedo escribir en un bar de Cabildo, en la estación de Núñez, en un colectivo, en cualquier lado. Sí, claro que me gusta hablar de amor y de pareja, algunos de mis tangos son de pérdida, de abandono, de tristeza, y otros de esperanza, de alegría por anudar una historia linda... así soy, ciclotímica, cambiante, apasionada, en el horóscopo chino soy Gallo de Fuego...”.

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Pablo Piovano
 
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