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Viernes, 23 de diciembre de 2005

CONSEJITOS DE MARU BON BON

Algunos atajos prácticos/cas para esquivar el vitel thoné

Semana de recogimiento, adorables, ¡semana de amor! Nuestr/o/a dios/a nada sabe de navidades, natividades ni de evento alguno/a que haya eludido el glorioso acto del gozo para pasar sin más ni más al del dolor, ¿o habrá algo más complicado que caer en este valle de lágrimas y encima ser niño/a durante un montón de años? Seguramente que sí, pero siendo Navidad no se me ocurre. Aunque hay que decir que si no fuera por los/las pequeñas/os que miran al cielo esperando sus regalos, ni siquiera el empacho nos salvaría del horror de una fiesta familiar, supuestamente familiar, comilonamente familiar que empieza a sumir al mundo entero en una locura colectiva que genera suicidios como mal menor. Oh, dulces alegrías de mi corazón de muérdago, disculpen, pero apenas puedo evadirme yo misma de tanta fiebre rojiblanca (y no porque sea de River ¡ojito/ojota! mi corazón habita en un conventillo). ¡Basta! Que el destino me depare un baño en el que esconderme y unas partes amables que enredar y que el brindis se lleve la angustia tan lejos como sea posible. Pero como antes del brindis algo hay que echar en la panza (¡qué bello lugar, la panza ajena, para recuperarse de la borrachera!), he aquí unas recetas para innovar con poco esfuerzo y, bue..., no demasiada creatividás (sí, me angustia la Navidá, ¿y qué?)

Hígados fuertes, emociones ídem:¿por qué ponerles palta a los langostinos?, ¿por qué insistir en decapitarlos a la vista de todis?, ¿por qué siempre esa chanchada de ponerles salsa golf apenas sacados del freezer? Prueben lo siguiente: calienten aceite de maní –ta bien, puede ser de maíz– hasta el punto de ebullición, echen los langostinos hasta que se pongan rojos de calor, allí mismo le echan una copita de calvados y le prenden fuego dentro de la sartén, segundos después se apaga y se sirve de inmediato. Nivel de placer: intenso y breve, como el sexo en el baño de la fiesta.

Fácil de hacer, fácil de comer: y de digerir, que es lo más importante, ya que con el vientre pesado no hay caricia que aguante el sueño que sigue a la comilona, ni acrobacia que pueda desplegarse en medio de los fuegos de artificio que se organizan en los bajos. Entonces, a modo de Debut, que así se llama este aperitivo, y para poner en la boquita de quien más os guste, mezclen en la licuadora dos partes de roquefort y una de manteca, emulsionados con una copita y media de cognac y sazonado con pimienta de Cayena. Luego se rellenan unos bonitos barquitos de tallos de apio y se pone a navegar el bocado en la propia saliva. Nivel de lujuria: de moderado a nulo, como la primera vez.

Rápido para beber, rápido para devolver: La vida es corta, nadie puede decir que llegará a las próximas festividades con todas sus partes en su lugar, entonces, mejor ¡tómense éstas con devoción y relajo que la cabeza que se pierde no va más allá del propio cuello! Sólo con dormir se recupera. Así que bien vale probar un traguete que, cual si fuéramos caballos, yeguas y otras yerbas, comenzará tentándonos con un terrón de azúcar en el fondo de la copa. Ocho gotas de curaçao, todo bien cubierto por un oporto añejo que se calienta al fuego a la hora de las brujas. Cuando hierve, se retira, se deja enfriar apenas para dejarse tomar y se sirve con limón y una pizca de nuez moscada. Nivel de inconsciencia: Altísimo, elija antes a quién besar y sobre todo dónde va a dormir. Después no se haga responsable.

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Cuando la mesa esta bien dispuesta los/las comensales se esmeran y hasta se dejan comer, ¡viva la reciprocidad!, ¡vivan las Fiestas!
 
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