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Viernes, 23 de diciembre de 2005

CLASIFICADOS

El trabajo no quita la finura

 Por Roxana Sandá

Tanto se te pide, mucho debes dar, es la consigna tácita que sobrevuela los requisitos para desempeñarse como mucama eficiente. ¿Qué condimentos le agregará la flexibilización laboral a la condición de mucama “fina”? No está claro, pero algunas imaginan que una doméstica a pedir de patrona exigente debería dominar las artes culinarias, la técnica del planchado a la vieja usanza y los brillos espejados de la limpieza hogareña. Todo ese caudal sazonado por silencio y discreción, dos de los requisitos más preciados por algunas marcadoras de clase social a rajatabla. Qué entenderá por fineza esta “familia de dos personas” quienes –por lo que advierte el aviso– ya tienen bajo su mando a un staff de mucamas, se supone tan “finas” como la buscada. Por lo pronto, la Real Academia Española define al adjetivo como “delicado y de buena calidad./ Delgado./ Cortés./ Sagaz.” A esto agréguesele el ser mujer, de entre 40 y 50 años, con referencias más urgentes que la identidad misma y de nacionalidad (excluyente) argentina. Se tratará de una dupla familiar empeñada en recuperar (o sostener) las costumbres patricias más tradicionales, esas que ornamentaban la vida diaria con sirvientas criollas e institutrices inglesas, o de un simple par de xenófobos que no quiere saber nada de mano de obra peruana o paraguaya, abundante en el servicio doméstico en negro, del que todos/as hacen uso y abuso por barato y no reclamante. Se sabe: en materia de maldad insolente el catálogo es inacabable. Como la “selección con énfasis del personal de servicio doméstico”, un sistema cuasi policíaco que implementaron algunas agencias de empleo, con encuestadores que verifican las referencias de la seleccionada y los motivos de cese de relaciones laborales anteriores. La novedad de la cuestión es la “encuesta ambiental” realizada por un “experto” que visita la zona donde vive la postulante para “recabar informes acerca de sus costumbres, crédito y forma de vida”. La frutilla de esta torta pasada es el examen médico preocupacional “por motivos sanitarios lógicos de la convivencia y para notificar de enfermedades anteriores” a la nueva relación laboral, “impidiendo demandas judiciales por accidentes de trabajo o disminución de la capacidad física basados en daños preexistentes”. Son los estatutos invisibles del nuevo siglo, creados para pulverizar la dignidad de las trabajadoras, que encima tienen que aprender a ser finas.

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