las12

Viernes, 17 de marzo de 2006

ENTREVISTA

El corazón mirando al sur

No es la bronca lo que la inspira sino la pasión. Aun cuando sus canciones destilen tanta ironía como bilis, Liliana
Felipe –que dedica su último disco al aniversario del inicio de la dictadura argentina más sangrienta– asegura que
el motor del trabajo que presentará esta noche es un corazón enredado en Argentina, adonde siempre vuelve a pesar de los años de exilio.

 Por Verónica Gago

Matar o no matar, ésa es la cuestión para la cantante cordobesa residente en México Liliana Felipe. Y sobre ese dilema se compone su nuevo trabajo que empieza con una invitación-imperativo: “Siéntate en un lugar tranquilo e intenta pasar una hora meditándolo. Todo el mundo necesita una hora de meditación sobre estos temas”. La propuesta de este nuevo CD requiere, entonces, una escucha que se detiene en aforismos que, como un reposo inquietante, se intercalan entre letras y músicas que transitan por la ironía filosa, una tristeza que por añeja es más fuerte, el zumbido de sirenas y la risa insolente que se deja oír en sonetos disparatados y muchas veces desesperados. Si como disco-homenaje está pensado para conmemorar los treinta años del golpe de Estado, como disco-aforismo investiga la intuición de que matar o no matar es una disyuntiva que se deja leer especialmente en clave argentina. De hecho, como disco-imagen se mezclan la conocida sucesión de fotos-carnet en blanco y negro de hombres y mujeres desaparecidos por la dictadura militar, con mapas de la Argentina sobre el que se superpone a las nominaciones de ciudades y provincias un listado de los campos de concentración que, recitados en medio de una canción como “El Ano”, desbaratan las fórmulas más conocidas de la denuncia. Lo mismo pasa con la imagen de tapa: una Liliana Felipe con gesto enojoso –mitad amenazante, mitad cómico– calza sombrero y uniforme napoleónico en una mueca que se completa en el interior del disco con un “intento de liberar lo obsceno”. Aunque ella aclara en diálogo con Las/12 desde el DF: “También es algo que se termina de saber en el espectáculo. La idea es la del loco que empieza a alucinar cosas”, sugiere mientras hace las valijas para volar a Buenos Aires, donde presenta hoy su Matar o no matar en el teatro Gran Rex.

De qué se trata matar

Liliana Felipe, exiliada en México desde los años ’70, es conocida acá y allá por su estilo inclasificable o uno tan difícil de definir que todas las tradiciones, ritmos y estéticas que hay que nombrar para tratar de acercarse a lo que hace (cabaret político, tangos que pasados por México se hacen tangachos y tanchidos, inventos de palabras al estilo surrealista pero también danzón, pasodoble, boleros, cumbias, todos alterados y agitados), recuerdan una y otra vez la excepcionalidad de la combinación. Lo que enhebra esa mezcla poderosa es una poética que se retuerce una y otra vez sobre distintas emociones de la voz, que la llenan a cada momento de una entonación distinta.

En el DF, Liliana Felipe es patrona del bar-teatro El Hábito junto a su esposa, la actriz mexicana Jesusa Rodríguez. Fue allí donde hace años tuvo una primera puesta en escena el proyecto de Matar o no matar, en un espectáculo que algún cronista calificó de “porno-militar”, protagonizado por las artistas Regina Orozco y Susana Zabaleta. Pero la genealogía completa se remonta a una conmoción primera de Felipe: “Hace algunos años tuve la ocasión de leer los 134 aforismos del poeta húngaro Geörgy Konrad, un autor que acaban de premiar en España. También tengo la idea de que alguna vez leí algo sobre él escrito por Eduardo Galeano. La cuestión es que yo no lo conocía para nada, pero de repente me topé con su trabajo titulado Matar siempre es asesinar. Entonces, me surgió la idea de hacer algo sobre lo que significa el hecho de matar, de decidirse a matar. Claro que él es muy europeo, su onda es la bomba de Hiroshima y esas cosas. Pero yo lo leí con ojos argentinos, es decir, pensando en la obediencia debida, en la obligación a los superiores... Esos son nuestros ojos y esos aforismos fueron para mí un terreno desde donde pararme. Cuando lo leí pensé: ‘Este hombre me está ayudando a decir lo que yo quería decir’. Luego trabajé mucho con el artista ruso Dmitri Dudin y hace como ocho años montamos una obra con las bailarinas Regina Orozco y Susana Zabaleta”, relata Felipe desde México. La obra teatral unía la música de Felipe y Dudin con un cuento corto erótico de Piére Louise, titulado El espejo, la peineta y el collar, en el que se narra la historia de una cortesana de Alejandría que consigue que el escultor más admirado por las mujeres de la ciudad asesine por ella.

Ahora, el giro es otro. “Llegando a fines del 2005 estaba angustiada sobre qué iba a hacer en marzo y me di cuenta de que estaba ese material sin grabar. Así que el proyecto es como que tiene dos etapas. Esta segunda siento que es algo muy pensado para la Argentina”, continúa Felipe.

Las ganancias del disco serán destinadas a H.I.J.O.S. de Córdoba para que ayuden a solventar los gastos de los juicios contra los militares genocidas. Esta es una relación de hace ya mucho tiempo de Felipe y que se prolonga en sus letras. En uno de los temas de su último disco, el más desconsolado, Liliana le canta a su hermana desaparecida Ester: “Buscarte en los infiernos del Dante, en el amor de Paula y en los mates amargos/ Buscarte en el pasado que llega mañana, en la noche infinita bajo la Cruz del Sur. / Y hallarte entre los H.I.J.O.S. que te encuentran, tan lejos y tan cerca, eternamente”.

–¿Siente alguna diferencia generacional?

–No, no siento una brecha generacional. Al contrario. Tal vez parezca raro una cincuentona al lado de unos niños, pero en realidad ellos ya no son ningunos niños, la mayoría tiene treinta años. Yo siento que ellos son nosotros. Son quienes pueden hacer algo. Mi idea con los discos y el dinero que se junte es que sea un trabajo de la gente, que se lo copien, lo regalen y con ese dinero pueda conseguirse apoyo para una causa tan importante como los juicios a los militares.

En su Córdoba natal, cuenta Felipe, tiene planeado estar para la marcha del próximo 24 de marzo.

La memoria, dice, es su material sintético predilecto y, anuncia, es lo que tensiona en su trayectoria formas, letras y apuestas político-estéticas: “Es lo que une la mayoría de lo que me ha ocurrido y de lo que me ocurre”. Ante la pregunta de cómo fueron cambiando los procedimientos y las imágenes –desde el inicio de su exilio a hoy– de las que se nutrió, cede la palabra: “Eso lo pueden contestar mejor las canciones que yo”.

Su trabajo anterior se titulaba con un inconfundible adjetivo argentino: Trucho. “Ese material lo grabé en condiciones medio frágiles, creo que parecidas a las que vivía (Fernando) De la Rúa”, comenta Felipe para explicar la apelación a lo falso en lunfardo argentino. La grabación tenía una marca de origen ineludible: surgió en su mayor parte de un recital que dio en Buenos Aires en marzo del 2002, en medio de la crisis y la revuelta callejera. Ahora es el 30º aniversario del golpe militar lo que inspira Matar o no matar. Ambos títulos parecen haber absorbido el ritmo de cierta coyuntura nacional.

–¿Hay algo así como una acentuación, del 2001 a hoy, de la influencia de lo que pasa en Argentina en su obra?

–Absolutamente. Desde fuera, lo que se ve es que Argentina está proponiendo cosas muy interesantes. Por ejemplo, cómo uno no debe dejarse tratar por un monarca. Ahora, Argentina tiene una voz, una presencia, y antes no era así. Argentina antes no me movilizaba y ahora sí. Creo que al nivel de la Justicia se están moviendo muchas cosas. Este no es un gobierno facho como el de Menem. Ahora, no puedo opinar sobre si las Madres de Plaza de Mayo hacen bien en descansar un rato o no. Tampoco sé cómo habría que votar por lo de Ibarra. Una cosa es estar acá y otra vivir y sentir desde allí.

Donde Liliana Felipe no tiene dudas en opinar es en relación a la política mexicana. El contestador de su casa descoloca a cualquiera frente a la ordinaria tarea de dejar un mensaje porque escupe sin introducción: “Sobre Andrés Manuel tengo algunas dudas, sobre Calderón y Madrazo: ninguna”. Andrés Manuel López Obrador es el candidato de las elecciones presidenciales de junio próximo por parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD) y Roberto Madrazo es quien se postula por el longevo Partido Revolucionario Institucional (PRI), mientras Felipe Calderón lo hace por el oficialista Partido de Acción Nacional (PAN). La toma de posición favorable hacia López Obrador, aun con dudas, se encastra en un debate muy álgido en México: la insistencia del zapatismo con su “Otra Campaña”, que no apuesta e incluso critica al candidato progresista del sistema político.

–¿Qué posibilidades políticas ve en el caso de un triunfo de López Obrador?

–La posibilidad de un gobierno progresista, de un hombre honesto y trabajador. Además muy inteligente.

Apasionada

“Te voy a arrancar los ojos como a una vaca/ y me voy a hacer un licuado pa’ que me veas/ desde el fondo del fondo del vaso, pa’ que me veas/ Licuados tus ojos, licuado tu amor.” Y la enumeración sigue: le corta la lengua, le chupa el protoplasma (“¿a ver qué hacés sin protoplasma?”), le arranca los pelos “nomás por celos” y también el alma para hacerse una alfombra y pisarla. Este tema de Felipe convive en el nuevo disco junto a otro que es una especie de manifiesto contra la “música-ambiente”, esas melodías que se reconocen instantáneamente porque son las que empalagan las atmósferas de shoppings y radios, pero también de funerarias y consultorios: “Y como no tenemos párpados en los oídos/ no hay más remedio que escuchar los temas más jodidos/ Le dicen música pero es una intoxicación/ A ver si quitan esa estúpida canción”. Un rato antes se puede escuchar una farsa castrense entonada en el Himno al Etorcije: “Aunque el trinar tortúneo/ cabalgue sin pestuelas/ ¡su ecuestra dignidad!/ El orto y el ocaso,/ ¡la Junta Militar!”.

–Hay una veta muchas veces rabiosa en tu música. ¿Es el impulso de composición mayor?

–No, creo que lo que más me impulsa es el amor, la pasión. Claro, tengo rabia, puteo un rato, puteo mucho. Pero eso no me hace necesariamente componer.

–Para tener una imagen concreta: ¿qué leíste, escuchaste o viste el último tiempo que te haya inspirado especialmente?

–Volver a ver Persona de Bergman, ver por primera vez El perro de Sorín y luego seguirme con Historias mínimas, y escuchar hasta ahora las seis primeras sinfonías de Shostakovich por la Orquesta Filarmónica de la Ciudad de México, leer meticulosamente durante el 2005 cada mañana un capítulo de El Quijote junto a Jesusa, comer poco y no mezclar demasiado, grabar M.O.N.M. (Matar o no matar), descansar, jugar con los perros, caminar por los viveros y luego sigo con la lista.

Ahora, Liliana trabaja junto a Jesusa en un proyecto sobre Las mil y una noches y otro más que es aún secreto. Han terminado, después de un trabajo de teatro en comunidades indígenas de todo México, unas canciones que relatan “las dificultades con la suegra, con que las atienda un médico y todas las cuestiones que surgieron de juntarse desde la mañana hasta las ocho de la noche con cientos de mujeres en una situación desesperante, en jornadas en que terminas deshecha”, comenta Felipe.

–Esa experiencia, ¿te hizo pensar cosas nuevas en relación a qué es el feminismo para vos hoy?

–Tengo muchas amigas activistas del feminismo. Yo firmo y colaboro, pero no me dedico mucho a la causa. En el caso del trabajo con las mujeres indígenas, lo que una siente es que están jodidas por ser mujeres, por ser indígenas y por ser pobres. Pero muchas tienen una claridad envidiable.

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Lo que más me impulsa es el amor, la pasión. Claro, tengo rabia, puteo un rato, puteo mucho. Pero eso no me hace necesariamente componer.
Imagen: Verónica Mastrosimone
 
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