las12

Viernes, 17 de marzo de 2006

VIOLENCIAS

Tucumán arde

La aparición del cuerpo de la joven Paulina Lebbos no alcanza para contestar el abanico de preguntas que se abrió con su desaparición: no sólo en torno de o los ejecutores, sino también en relación con las responsabilidades políticas que asisten sin generar acción alguna al secuestro de mujeres que llenan los prostíbulos de otros lugares del país. ¿Cuál es la relación entre el caso Lebbos y la trata de personas?

 Por María Mansilla desde Tucuman

El reino de las mujeres, con ese libro Alberto Lebbos esperaba recibir a Paulina cuando se acabara la pesadilla de no saber dónde estaba, dispuesto a confirmar con ese título su respeto por las libertades femeninas y seguro de que su hija estaba padeciendo el ensañamiento de algún hombre. Pero no tuvo tiempo. La imagen de Paulina sigue empapelando San Miguel de Tucumán junto al pedido de justicia, ahora que su cuerpo fue encontrado sin vida al costado de una ruta, lleno de las marcas que deja la tortura, la mano misógina y la falta de escrúpulos que potencia la impunidad.

Paulina tenía 23 años, una hija de 5, estudiaba comunicación social en la facultad estatal. Vivía con sus padres y estaba en pareja con César Soto, el papá de su hija, considerado uno de los sospechosos del crimen. El 25 de febrero fue un día largo para ella: empezó rindiendo un examen y terminó con sus compañeros, festejando en la zona de moda: la del ex mercado de abasto, un barrio de calles oscuras que agrupa a más de 10 bares frente al edificio colonial que ocupó el mercado, ahora abandonado, hasta los años ’90. Cuando dieron por terminada la salida, Paulina y su amiga Virginia M. hicieron lo que hacen todos los de su edad: como esperar un colectivo puede ser “peligroso” y tomar un taxi cuesta caro, pararon a un (supuesto) remise. Paulina sería la última en bajar, en la casa de su novio. Pero nunca llegó. Dos semanas después, un lugareño (y no los 1500 policías que rastrillaban de punta a punta la provincia) la encontró.

“El hecho de ser funcionario no me pone ninguna traba para reclamar lo que tenga que reclamar. Veo que la investigación se mueve, pero el resultado es cero. Está todo igual al primer día, salvo que ahora anda suelto el criminal por las calles tucumanas –asume Lebbos, subsecretario de la Juventud de la provincia–. Lo dramático es que el mayor esfuerzo ha estado orientado a demonizar a mi hija, incluso lo he notado al tener acceso al expediente. Por ejemplo: la brigada de investigaciones fue a mi casa a pedir la libreta universitaria de Paulina. ¿Para qué puede servir la libreta universitaria, para decir que era mala alumna? Tengo ejemplos abrumadores.”

El padre de Paulina padece en carne propia el sufrimiento por la pérdida de una hija, que la investigación la revictimice y deje en evidencia la inoperancia del sistema que él mismo integra. Hasta el gobernador José Alperovich declamó que este homicidio prende una alarma en su gestión y se comprometió a esclarecerlo. Pero la causa enfrenta obstáculos increíbles. Lebbos anota todo en un cuaderno azul, incluso los datos que le pasa la gente en la calle, y luego se los cuenta a su abogado, aunque descarta iniciar una investigación paralela con medios propios: “Para eso están los organismos correspondientes”, presiona, y no se guarda ninguna acusación a las autoridades provinciales.

“Todos los días y en todas partes las mujeres son asesinadas”, sentencia Silvia Chejter, del Centro de Encuentros Cultura y Mujer (CECyM), en la investigación “Femicidios e impunidad”, donde argumenta la necesidad de reconocer cada una de estas matanzas como lo que son. “El concepto (femicidio) es útil porque nos indica el carácter social y generalizado de la violencia basada en la inequidad de género y cuestiona los argumentos que tienden a disculpar y a representar a los agresores como ‘locos’ o a concebir estas muertes como ‘crímenes pasionales’, o bien, a atenuar su importancia en el caso de situaciones de conflicto o guerra, como si estos contextos justificasen por sí solos la transgresión a las más elementales normas sociales –agrega Chejter–. El femicidio debe ser comprendido en el contexto más amplio de las relaciones de dominio y control masculino sobre las mujeres, relaciones naturalizadas en la cultura patriarcal, en sus múltiples mecanismos de violentar, silenciar y permitir su impunidad. Y así como la sociedad disculpa, quienes interpretan las leyes también disculpan.”

Hipotesis

La responsabilidad de encontrar a los culpables es de la Brigada de Investigaciones de la policía provincial, a cargo de Hugo Sánchez. Una de las pistas (obvias) que manejan es la del “crimen pasional”. “Algunos se han puesto a investigar qué clase de persona soy, qué clase de persona es mi familia –afirma César Soto a Las/12–. Han ido a mi barrio, han preguntado a la gente por mí y como la gente sabe qué clase de persona soy, se lo han dicho sin que yo le pida nada a nadie. Se dicen muchas cosas fuera de lugar, pero Paulina ya no está. Ahora espero que haya justicia, pero no que encierren a cualquiera, es lo único que pido: que encuentren a quien realmente la asesinó”, dice Soto. El 26 de marzo Paulina y él iban a cumplir seis años de novios.

La hipótesis más firme es que la verdad está en el chofer del remise. ¿Encontrarlo sería el fin o el principio del esclarecimiento de esta muerte? El caso de “la chica Lebbos” es tema obligado en Tucumán, más entre quienes no se resignan a la ausencia de tantas mujeres que, como Marita Verón, han sido víctimas de la trata para la explotación sexual. Se sabe: ésta es una región del mapa donde mejor organizadas están las mafias de tráfico de personas, drogas y órganos. Paulina fue vista por última vez el domingo 26/02 a la madrugada. Ese mediodía alguien usó su celular. El rumor señala que la llamada fue realizada en un barrio del sur, Villa Alem, precisamente donde vive un hombre involucrado en narcotráfico y prostitución; es una coincidencia apenas señalada sotto voce.

Que el cuerpo haya sido encontrado tiene una segunda lectura: ser “hija de” y la repercusión del caso quizá forzaron su aparición a cualquier precio. La certeza de cuándo fue asesinada podría aportar más pistas pero, ¿quién realiza la autopsia?, ¿quién garantiza la veracidad de los informes forenses? El nombre de María Soledad Morales y la memoria de cuánto costó hacer justicia retumba en esta ciudad en duelo.

Hay una hipótesis que no hace falta confirmar: la muerte de Paulina es el Cromañón de Tucumán. El ministro de Seguridad ciudadana tendría los días contados en su cargo. A ella también, dicen, se la llevó la corrupción. De hecho, dos medidas tomadas por el Estado ante su desaparición fueron clausurar muchos boliches, la mayoría sin la habilitación correspondiente, e inspeccionar el transporte público. En San Miguel de Tucumán circulan como remises unos 6000 autos sin habilitación, según la Asociación de Remiseros Unidos (ARUT).

Ausencia

“Ha cambiado totalmente nuestra vida. Sentimos impotencia de no poder hacer nada, no saber a quién reclamar”, dice Pamela, compañera de facultad de Paulina, que encabeza cada marcha organizada por los alumnos de la Universidad de Tucumán (UNT). No les asombra ser pocos. “En Tucumán hay gente solidaria. A mí me dicen: ‘La acompaño, rezo por usted’ –interviene Susana Trimarco, madre de Marita Verón, sumada al reclamo–. Les agradezco de corazón, pero no alcanza. Hace falta que se comprometan. Parece que no están conscientes de lo que pasa, las madres tienen vergüenza. Es hora de trabajar en la prevención y de que se profundice más para que no sigan destruyendo familias estas bandas criminales.”

La mayoría de los que peregrinan pidiendo justicia son estudiantes de comunicación social, futuros periodistas que ven desolados el tratamiento que algunos medios locales dan al caso. No se explican por qué tardó tanto en escalar de la sección de Policiales a Sociedad. Por qué tanto énfasis en la relación (buena o mala, qué importa) que Soto tiene con los Lebbos, o por qué detallar si la mujer asesinada esa noche tomó alcohol, con qué criterio publicar fotos y dirección de Virginia M., la única testigo, que muerta de miedo ya se alejó de esta capital, por qué las infografías la ilustraron con una pollera tan corta.

“Tucumán es una sociedad que con la vuelta de la democracia votó a Bussi. Además de conservadora es represiva y tiene aspectos terribles, como que dentro del poder político haya sectores vinculados con las mafias –afirma Beatriz Garrido, del Centro de Estudios Históricos Interdisciplinarios sobre las Mujeres de la UNT–. Este ha sido un choque fuerte que reactualiza muchas cosas. Yo he sido joven de los ’70 en Tucumán, hemos vivido la represión. El rapto, la desaparición, que te pase algo, en el imaginario de esta sociedad está muy instalado. En sociedades tan autoritarias como las que vivimos acá en el norte, a las mujeres es muy fácil enlodarnos.”

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