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Viernes, 6 de abril de 2007

ARTE

La imagen es todo

Breve recorrido por el libro de David La Chapelle, Heaven to Hell que, editado en 2006, se ha convertido en objeto de codicia desde la inauguración, la semana pasada, de la muestra del fotógrafo en el Malba.

 Por Victoria Lescano

Un paneo por las fotografías de David La Chapelle refleja influencias del pop de Warhol (fue en la redacción de la mítica revista Interview y alentado por Andy que publicó sus primeros trabajos), del estilismo y la desnudez en tacos altos de Helmut Newton y también deja claro el modo en que sus shootings esteticistas en technicolor, muy solicitados por la industria de la moda y publicidad desde mediados de 1990 a la actualidad, dejó sus huellas en la estética actual (existen amateurs y profesionales que lo citan a rajatabla).

El fotógrafo nacido en Connecticut a comienzos de los años sesenta suele destacar entre los disparadores de su obra un ritual estético impuesto en la infancia por Mrs Helga La Chapelle, su madre. Ella acostumbraba vestir a sus hijos con sus mejores atuendos y luego hacerlos posar frente a porches de casa ajenas, junto a autos ajenos y al lado de perros con otros dueños. Y ese gesto primitivo de simulacro por entrar a mundos alejados del cotidiano y supuestamente más glamorosos y bellos que los propios despuntaron en el pequeño David uno de los rasgos más distintivos de su obra, caracterizada por personajes, célebres e ignotos, que posan ante decorados súper producidos ya por su aproximación al lujo o por simular devastación.

Tal es el tono predominante en las 346 fotos que admite el libro de lujosa edición y formato llamado La Chapelle, Heaven to Hell, editado por Taschen en 2006 y muy codiciado en estos días en que la muestra homónima arribó al Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (se exhibe hasta mayo) y en cuya inauguración, el último jueves, el fotógrafo estuvo presente.

El libro en cuestión es el último volumen de una trilogía iniciada con La Chapelle Land (1996) y Hotel La Chapelle (1999). A su vez los tres libros reaparecieron en una edición numerada y firmada: Artists and Prostitutes 1985-2005.

Heaven to Hell no tiene prólogo alguno pero sí un index para nomenclar las imágenes con ironías sobre cuerpos reales, elogios de la desnudez, guiños del porno y el bondage y mucho sexo casi guionado plus infinidad de artilugios cosméticos (de siliconas y Photoshop a camas solares y duchas que irradian bronceados ficticios sobre Pamela Anderson o un primer plano de la boca de Angelina Jolie). Los retratos de músicos admiten a Britney Spears en las épocas en que pregonaba candidez, ataviada con short rosa y petit bicicleta al tono bajo el título Retrato de una joven estrella pop en las puertas del éxito; a Björk, retratada poco después de aparecer por una red carpet con vestido símil Marjan Pejoski, junto a una escultura símil cisne en rosa chicle y, en un gesto poco habitual en la islandesa, mostrando una pierna desnuda y en portaligas. En la muestra que arribó a Buenos Aires es Madonna la diva que posa junto a otro cisne de utilería, y a Courtney Love en un desnudo casi naïf si se la compara con el de la supermodelo Naomi Campbell acostada y encadenada a una mesa entre vajilla blanca, con fuentecitas, potiches varios, candelabros y ella como plato principal.

La hip hopera Lil Kim es una figura fetiche en las páginas de Heaven to Hell, el libro, y posa en zapatos pedestal que recuerdan a los venecianos habituales en la ópera. El mundo real del hip hop y sus cultores está retratados en un simulacro de Ultima Cena, fechado en 2003.

La muestra en Malba hace lugar, en un rincón de la sala que el día de la apertura fue lo más parecido a una discoteca para la proyección de clips by La Chapelle, para Jennifer López, Elton John, Gwen Stefani, Moby y Britney Spears. Y en el auditorio de Malba se exhibe el film Rize, un documental producido y realizado por La Chapelle, en el que reorientó su mirada en una dirección más política y documentó el surgimiento de una nueva forma de danza callejera entre la comunidad negra del distrito South Central de Los Angeles, llamada krumping.

El apartado personajes de Hollywood retratados por La Chapelle remite a Leonardo DiCaprio, con pantalones jeans de talle alto, sosteniendo bananas e inmerso en la gula de un banquete tropical con fondo turquesa. Su antítesis en el libro resulta el actor Tobey Maguire, retratado con estilismo casero en una reposera de playa, junto a su perro Angel.

El bizarro imaginario La Chapelle acepta a modelos posando en ropa interior en el interior de un exhibidor de bistecs de un supermercado, a una mujer aplastada por una hamburguesa gigante (la foto pertenece a una serie de inflables que admite panchos con casos de gigantismo y fue bocetada para la publicación Flaunt), a mujeres en escenas de catástrofes como verdaderas fashion victims en tutús de bailarinas, tailleurs ensangrentados y zapatos Vuitton o Manolos pueden aparecer en primerísimo plano junto a una silla eléctrica.

Dice la crítica Eva Grinstein, curadora de la selección de La Chapelle en Buenos Aires: “Sus obras son fantasías escapistas y celebratorias de lo bello, el trademark de La Chapelle es un dispositivo de lujo, una máquina de fabricación de conceptos visuales diseminados hacia todos los medios contemporáneos. Porque sus ideas han alimentado durante las últimas dos décadas a revistas, televisores, afiches, portadas de discos. Y en medio del vértigo son compendios de vértigo y también son compendios de vacuidad”.

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