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Viernes, 22 de febrero de 2008

MUSICA

Negra mi alma

Tiene 24 años y un prontuario de arrestos, crack, visas negadas y premios multi-marca. Ah, y un marido en prisión. Varada en Londres y sin poder ingresar a Estados Unidos para aceptar sus Grammy –”por la droga”, según algún diario nacional–, se convirtió en bandera de una lucha cruzada ¿por la música o el comportamiento?

 Por Guadalupe Treibel

El ¡oh! todopoderoso Estados Unidos no sabe qué pensar: una drogadicta en recuperación se filtró en sus charts y ¡ni siquiera es norteamericana! En plena humareda de Britneys en estado de reproducción, se sumó una escuálida inglesita con un don particular: “robarse” cinco Grammy a miles de kilómetros de distancia. La chica de la capa, Amy Winehouse, no pudo teletransportarse al evento-musical-del-año el pasado 10 de febrero, pero, gracias a las bondades de la tecnología satelital, su minivestido negro con súper tacos y su gran voz cruzaron la frontera. Una pena: la tambaleante artista de 24 años y los dos temas (“Rehab” y “You Know I’m Not Good”) de su último disco, Back to Black, llegaron en pantalla plana porque la (doble) moral yanqui le negó la visa. Ojo que se arrepintió y dio el ok a último momento. Claro... ya era imposible el arribo.

Es que, en la modalidad condenatoria del (por ahora) país republicano, Winehouse es inaceptable. La chica aparece en videos fumando crack, aspirando cocaína sobre el escenario o, incluso, es arrestada en Noruega por posesión de marihuana. Y eso no es todo: también habría matado a un hámster llamado Georgie Porgie ¡de una sobredosis! Qué terrible amenaza para las tierras americanas. Mejor contener el virus Winehouse en las islas piratas; no vaya a ser que el contagio sea inminente.

Así, mientras la burocracia y la moralidad norteamericanas reprobaron a la mujer con exceso de delineador y mirada perdida, la industria musical apostó a la canción y reivindicó al fenómeno W con premios: Mejor grabación, Canción del año (la ahora irónica “Rehab” donde, al grito de un triple “no”, la cantante se niega a entrar en un centro de rehabilitación), Nuevo artista (aunque, en realidad, Frank es el primer álbum de Winehouse y fue editado allá por el 2003), Mejor vocalista pop femenina y Mejor álbum pop vocal (Back to Black).

Ahora, el torbellino no podía simplemente desaparecer. Y en nombre del buen gusto de la Nación y el campo artístico sonoro, salieron las voces de reproche que sentenciaban la imprudencia de hacer de la inglesita una bandera. La cantante Natalie Cole, hija de Nat King Cole, ex adicta a la cocaína y heroína, fue categórica: “Envía un mal ejemplo a nuestros jóvenes que están tratando de entrar en este rubro, a aquellos que están intentado hacerlo bien (...) No debió haber ganado. No se puede premiar el mal comportamiento”. Claro, Natalie, se premia la música, no la vida privada. Ni el buen ni el mal comportamiento; el talento y las canciones. De lo contrario, los defensores de animales y medioambiente o las Madre Teresa de Calcuta del mundo se llevarían las estatuillas todos los años.

Siguiendo la línea de críticas, ¡hasta Britney Spears se animó a opinar! Haciendo leña del árbol caído, la ex Oops..! i did it again, conocida por su tendencia a los excesos, habría dicho que el show de Winehouse “no sirvió” y que Amy “obviamente estaba muy drogada”. Chicas, si no se bancan entre ustedes...

Invitada a hacer la canción de la próxima película de Bond, James Bond si se mantiene libre de drogas hasta abril, la cantante que pasó del jazz renovado de su primer trabajo (que acá sigue sin editarse) a la sofisticación pop y fusión hip hop + retro soul de su última y multipremiada obra, lleva la marquita del éxito: Back to Black fue el disco más vendido de 2007 en Gran Bretaña, con un millón y medio de copias, y llegó al sexto lugar en Estados Unidos. Nada mal, eh. Así, mientras supera records de toda índole, su cabello (que, tras un breve paso por un rubio decolorado, volvió al negro habitual) crece y crece. Como ella misma reveló, cuanto más insegura se siente frente a un show, más alto y grande el peinado. Un terapeuta urgente, que no hay tocado que aguante.

Con guardaespaldas recién estrenados, ahora Winehouse lleva varias semanas en rehabilitación (hizo un breve paréntesis para tocar para los Grammy). Al parecer ingresó de común acuerdo con la discográfica y su familia y ya está como paciente ambulatoria. Papá taxista Mitch ya había intentado aplacar a la adicta Amy con un poder legal sobre ella, gracias a la Ley de Salud Mental. No tuvo suerte: las autoridades le negaron el pedido. Mamá farmacéutica Janis, en cambio, probó ventilando los trapitos sucios. En diciembre de 2007, por ejemplo, decidió publicar una carta abierta para acercarse a su hija y “ayudarla”: “Por un momento, olvida que eres una súper-estrella. También eres joven y vulnerable. Recuerda que eres un simple ser humano, no eres más fuerte que el resto de nosotros. Crees que eres lo suficientemente fuerte para superar esto por tu cuenta pero, querida, no lo eres”. Amy recibió el correo... también otras miles y miles de personas.

Finalmente está el amor-de-su-vida, Blake Fielder-Civil, el hombre que le rompió el corazón, la inspiró a escribir su segundo disco, se casó con ella y le dio a conocer toda sustancia ilegal que haya tocado la Tierra. Aunque lleva varios meses en la prisión de Pentonville (acusado de agredir a un hombre e intentar obstruir el curso de la Justicia), Amy espera al hombre elegido por los lectores del magazine británico Arena como el “anti-icono” y el “peor marido de la historia”.

Sin embargo, en la virtual entrega de los Grammy, su agradecimiento más apasionado fue para “mi encarcelado Blake”. Más allá del amor y bla, bla, el culebrón y los entredichos, a la orden del día: que ella quiere renovar sus votos de casamiento en la prisión; que él quiere el divorcio; que –gracias a su amiga Kelly Osbourne– ella conoció a un nuevo Blake (fotógrafo vegetariano, sin vicios); que él sufre de ataques de celos; que la suegra de Amy quiere separarlos; que el suegro de Blake es un controlador; que la cantante le está escribiendo una canción que se llama “For You” (“Para ti”, en castellano); que él teme que Amy muera de una sobredosis en cualquier momento; que ella lo va a ver drogada a la cárcel y se queda dormida en las visitas.

Pero, guarda, que no todo es crack y heroína. Para Mamá Janis, “Amy se está recuperando y eso es lo que importa”. Por algún motivo cree que los premios Grammy ayudarán a que se mantenga saludable. El portavoz de la neo-diva, por su parte, declaró que la-chica-de-grandes-tatuajes “se está ateniendo rigurosamente al tratamiento y hace progresos increíbles”.

Mientras todo-sale-bien, una edición especial con disco doble, covers, reversiones y temas nuevos puede encontrarse en la disquería amiga. Lanzado al mundo hacia fines del 2007, Black to Black + Bonus cd incluye el romántico “To know him is to love him”, de Phil Spector, donde la chica abre su voz para declarar: “Todos dicen que llegará el día / cuando yo camine a su lado / Sí, sólo conocerlo / es amarlo / y eso hago”. Y hay más condimento meloso con la versión con base ska de “Cupid”, un clásico de Sam Cooke: “Cupido, por favor escucha mi llanto y deja que tu flecha vuele / directo al corazón de mi amado por mí”. ¿Alguna duda? La chica está enamorada.

De todas formas, las cosas se ponen más picantes con un bonus track, tema propio de Winehouse que, en sus condiciones actuales, resulta –por lo menos– simbólico. En “Addicted”, la británica que colabora con la campaña “Hear the world”, para concientizar al mundo sobre la pérdida de la audición, dice: “No hace ninguna diferencia si termino sola / Prefiero estar conmigo misma y fumar mi propia cosecha / Me tiene adicta, hace más por mí que cualquier pene”. Ella lo advirtió siempre, en sus canciones y en la vida, incluso así tituló al DVD que lanzó a principios de año con un show en vivo en Londres, con un repaso de su voraz carrera de cuatro años: “I told you I was trouble” (Te dije que era problemática). Y, al son del tema, su voz continúa: “You know that I’m no good” (“Sabés que no soy buena”). Pero, de eso justamente, no hay que estar tan seguro.

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