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Viernes, 27 de junio de 2008

PERFILES

Bendecida por Tom

La reina adolescente de Hollywood se dio el gusto del disco propio, con reversiones de temas de Tom Waits y una canción hecha por ella. Scarlett Johansson canta, actúa y redefine la sensualidad norteamericana.

 Por Guadalupe Treibel

La voz ronca, la sensación rasposa, el adiós curtido, experimental. Del humo y el alcohol pareciera fluir la voz de Tom Waits, un artista marcado por la bohemia beat, al mejor estilo Jack Kerouac. Su música experimental –que atraviesa el folk, el rock, el blues, el jazz– es (ahora) un legado compartido. Porque un manojo de temas compuestos por el multitalentoso actor ocasional está en la boca del mundo. Y de Scarlett Labios Carnosos Johansson, la rubia debilidad de la industria hollywoodense.

La actriz de 23 años, que actúa desde los 10, tuvo el beneplácito de Waits, que le cedió una decena de canciones y cierta bendición espiritual. Claro, si un gigante te unge de gracia, que otro haga los coros. ¡A cantar, David Bowie! Los covers “Falling Down” (¡mejor no comparar con el original!) y “Fanning Street” cuentan con el Duque Blanco para dar en la nota del disco debut de Johansson, “Anywhere I lay my head” (algo así como “Donde sea que apoye mi cabeza”). Para él, ella es mística. Y doblemente buena.

And she wants you to steal and get caught/ For she loves you for all that you are not/ When you’re falling down, falling down (Y ella quiere que robes y te atrapen / Porque ella te ama por todo lo que no eres / Cuando estás cayendo, cayendo), canta la supuesta Marilyn Monroe del siglo 21 y tiñe la oscuridad de “Falling Down” al disco todo –producido por David Sitek, integrante de una de las grandes bandas indie rock de Estados Unidos, TV on The Radio–.

Grave, la voz de Scarlett recuerda a Christa Päffgen (alias Nico), la actriz alemana de Fellini, aquella que entonaba la canción “Femme Fatale” en el disco The Velvet Underground & Nico. En esa línea, y casi como un susurro, la neoyorquina –hija de padre danés y madre con ascendencia polaca– construye un mundo particular, con momentos aniñados, otros enrarecidos. Así suena, entre flautas, guitarras, palos de lluvia y pianos, el único tema propio de la joven Johansson, “Songs for Jo”. Del conjunto de reversiones, un ejemplo es la canción “I wish I was in New Orleans” (Ojalá estuviera en Nueva Orleans), donde una cajita de música le da pie a una Scarlett que añora. “Es sólo una hermosa canción de un tiempo diferente”, explica la actriz y recuerda el desastre Katrina que sufrió la ciudad años atrás.

Sobre sus comienzos, puede que la chica que intercambia mails con el candidato presidencial Barack Obama y desmiente rumores de romance tuviera su puntapié inicial en la música con Perdidos en Tokio, el film de Sofía Coppola de 2003. Con peluca rosa, karaoke y altas dosis de sensualidad naif, Johansson interpreta allí “Brass in Pocket”, de The Pretenders. “I’m special” (Soy especial), canta y da en la tecla.

Tan especial es que, al parecer, la estrella country Dolly Parton quiere que Scarlett sea la protagonista de su film autobiográfico. O que Woody Allen la ha convertido en su musa inspiradora, convocándola en films como Scoop, Match Point y la nueva Vicky Cristina Barcelona (donde la rubia se besa con la actriz Penélope Cruz en una escena que ya empezó a dar que hablar).

Con su 1,63 m de altura y curvas bien marcadas, ha ido escalando puestos en los rankings de revistas como Playboy, Esquire y Maxim como mujer sexy del showbiz. Ella, que cree que la monogamia “no es instintivamente natural” y trabaja arduamente para estar con sólo una persona a la vez, tiene el deseo menos pensado: “¿Con quién me gustaría que me conectaran románticamente? Probablemente con Patrick Swayze. Ese sería mi sueño hecho realidad”. Quizás le guste el baile sucio, quién sabe.

Como sea, dice lo que piensa, sin filtros. En revista Spin, sin ir más lejos, aseguró: “La gente piensa que soy una prostituta descarada, pero no estoy con cada Tom, Dick y Harry que se me cruce”. Tarde para todos ellos: la artista acaba de comprometerse con un actorcito norteamericano, Ryan Reynolds.

La chica ha visitado a las tropas norteamericanas en el Golfo Pérsico para levantarles el ánimo, aun cuando su tiempo vale 40 mil dólares los 20 minutos (al menos, eso pagó un fan británico por una brevísima cita).

Con un disco recién editado y un film a punto de estrenarse –La Otra, sobre las hermanas Bolena–, los proyectos siguen para la rubia de Hollywood. Además de participar como directora en un film sobre Nueva York, donde hará un corto de amor de cinco minutos, hay más films en mira. Ningún recital en vivo en la mira, sin embargo.

En alguna ocasión, Scarlett dijo: “Estoy cansada de que los directores de casting me pregunten si tengo lastimada la garganta. La gente dice que tengo una voz particular, inusual, ésa es la gente que llevo en mi corazón”. Probablemente ya no lo escuche más. Su voz, como un sello, es parte de esa sensualidad quebrada que Johansson explota, con labios grandes, rojos, y un manojo de canciones.

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