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Viernes, 11 de julio de 2008

MODA

Cita para extravagantes

Una noche de insomnio con los ojos pegados a un canal de moda fue el disparador de la presentación de la colección de invierno de Merbellux, la marca de Cristo Stefanoff. Este muchacho algo andrógino que piensa en sus consumidoras como “tribu urbana de secretarias” mixturó el universo de la clase alta –con cierta tristeza– con los mundos propios de la new rave. Para ver, y volver a ver.

 Por Victoria Lescano

“Tomé diferentes personajes y situaciones, jugué con lo sofisticado de las señoras finas y la osadía de la juventud new rave: algunos de los personajes son una mezcla de mujeres estrictas con alto poder y sentido de la moda, fusionadas con un poco de secretarias y azafatas, mientras que la moda masculina fue modelada por alguien que simula un nene mimado, una mezcla de joven adinerado al que mezclé con el mundo new rave y new dark. Podría ser también un señorito inglés con divertidos delirios; en conjunto los modelos personifican casi a los integrantes de una familia con padre ausente, o papá ocupado en revisar las finanzas”, dice Cristo Stefanoff sobre los personajes que modelaron la colección de invierno de Merbellux –tal es el nombre de su marca, que se comercializa en Fábrica de Bananas y en un showroom de Barrio Norte– y que recientemente cambió el formato pasarela por el formato corto de moda que se presentó en una función especial en el Cine Cosmos.

Pero en esa ocasión el gesto de moda no se limitó a la pantalla, se extendió también a la concurrencia sentada en la platea de la pequeña sala del cine, adonde se dieron cita extravagantes, académicos de moda, diseñadores, dj y cultores de discotecas, munidos de golosinas y botellitas de cava. Y el desfile proyectado fue uno de los gestos más innovadores en moda que se vieron en Buenos Aires durante la temporada actual: una patada a los cocktails y las pasarelas con pretensiones burguesas y sin gracia.

Sobre la proyección como formato que reemplaza la pasarela, esgrime el joven diseñador: “La idea me surgió una noche en que no podía dormir, prendí la tv para despejarme y estaban pasando desfiles, yo estaba a oscuras y el punto de tensión era el desfile y fue justo ahí que pensé en el cine como formato de exhibición de moda, con una pantalla gigante, todos concentrados en las imágenes. El Cosmos surgió por recomendación de mis amigos los dj Pareja, hablé con los encargados y llegué a un acuerdo justo, yo lo asociaba con los ciclos de películas remotas de afuera medias artis que nadie pasa. Intento que la pasarela involucre a otras ramas del arte visual, trabajé la filmación con mi amigo Pum-pa y el sitio fue una fábrica abandonada, ahora no tan abandonada porque en algún sector del inmenso edificio están los chicos de Oligategas home, un grupo de artistas muy talentosos; y antes funcionó el taller de Nicola Constantini”.

Sobre los comienzos de su marca, señala Cristo: “Empezó a fines de 2005 e hice mi primer desfile, llamado Apokalipstik, en el verano 2006. Como soy joven me doy el lujo de jugar y el último desfile fue en el Jardín Botánico, un mediodía, porque tenía ganas de crear conciencia con el tema del reciclaje. Me acerqué a la gente de la agenda joven de la Organización Naciones Unidas y surgió un evento tomando la fórmula que venía de otros países, sólo que acá se fusionó con moda”.

Vale mencionar que antes de abocarse a su marca, con seguidores de entre 18 y 25 años y un grupo al que califica de “tribu urbana de las secretarias”, Cristo fue modelo y “muso” –según sus palabras– de los diseñadores Brandazza de Adúriz. También integró el staff de una agencia de modelos y fue chico andrógino y ataviado con cadenas y pieles de un celebrado desfile de Trosman en el Baf.

“Me recibí de diseñador de indumentaria y textil, también tengo mi título de productor de modas, desde los 6 hasta los 18 años estudié pintura. Tomé clases en el Abm con la artista Delia Cancela pero en mi infancia aprendí viendo cómo trabajaban los talleres de curtiembre que tenía mi familia. Aunque mi papá es bioquímico, durante un tiempo conservó el negocio de mi abuelo Stefan, originario de Bulgaria, adonde fue el primer estratega militar del rey Boris, pero al que le sacaron su pequeño castillo para que se fuera del pueblo. Entonces huyó a Nueva York dejando a mi abuela por entonces embarazada de mi papá escondidos para que no los mataran y no sé cómo, él compró tierras en Chubut, se instaló en Comodoro Rivadavia, y luego instaló a toda la familia y de ahí provengo. Uno de mis primeros diseños, en tiempos en que iba a un colegio tipo Escuela del Sol, fue hacer osos de peluche con una piel o un cuero que me robaba de la curtiembre para hacerme muñequitos. Durante años me montaba íntegramente de colores arcoiris a buscar a los Brandazza e íbamos en patines a dar vueltas por los cocktails de Javier Lúquez. Yo quería llamar la atención, burlarme de la moda de alguna manera y divertirme en ese remolino. Creo que tuve que hacer esa explosión con la estética y dejarme ser un monstruo multicolor para luego poder crecer como diseñador.”

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