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Viernes, 20 de febrero de 2009

LA VENTA EN LOS OJOS

Rejuvenezca antes de que sea tarde

En los kioscos de París se puede adquirir al precio módico de tres euros una revista dedicada exclusivamente a dar consejos, direcciones útiles de cirujanos y todo método natural o artificial que se pueda comprar o hacer en casa. Se llama Rajeunir (Rejuvenecer) y no tiene un artículo que hable de otra cosa que no sea cómo quitarse años de encima.

 Por Graciela Zobame

Es inconcebible perder la belleza. Fuimos socializadas para tender hacia esa luz, admirándola, codiciándola y fabricándola desde las muñecas. Y aun quien nunca la tuvo o ni supo que la tuvo, la pierde cuando le llegan los años. Esa es la lectura. La vida, para colmo, se ha vuelto más larga y queda mucho más tiempo útil por arriba de la línea de los 30 que por debajo. Una buena noticia y una mala, porque la belleza es cada vez más púber. Cómo tolerar sentirse vieja y fea a medida que la vida se abre a tantas posibilidades. Mientras se inventa una fórmula para detener el proceso de mutación de células hacia la decrepitud o hasta que los rasgos de envejecimiento se vuelvan fashionables, habrá que conformarse con la realidad o ponerles el cuerpo a los toscos métodos antiage con los que contamos, que lejos de lograr turgencia y lozanía, anuncian a los gritos: ¡Ey! ¡Aquí hay otra persona luchando contra su edad!

En Francia, les gusta mucho sentirse y decirse pioneros de la estética. No sólo hay una revista que recoge el guante de este negocio y que propone sin pudor Rejuvenecer sino que hay otra de la misma editorial que arenga “¡Adelgazar!”: las de adelgazar son ya una legión y se dirige cada una a su porción del mercado, están las de las muy gordas, las de las más jóvenes, las macrobióticas, etcétera. Pero Rajeunir, a punto de cumplir su primer año, se ufana de ser la primera y única en su especie. Tal vez el empuje de la crisis que se viene impida que le nazcan muchos clones, quién sabe. Si la pregunta que surge es cómo se hace para rellenar páginas y páginas hablando sólo de rejuvenecer, basta decir que en el sumario yace el cuerpo diseccionado en partes que envejecen, parece, a su manera, más y peor. Las manos, las venas de esas manos, las uñas que se cuartean, el colgajo del brazo, celulitis por doquier, papada, patas de gallo, órganos internos pasando por alto o dejando para número por medio la referencia a la pérdida de memoria o falla en los reflejos. Y falta de reflejos. Rejuvenezca por fuera, que por dentro no se ve, parece ser el lema. Cirugías y métodos no invasivos, elixires, cremas y nuevos métodos de obtener colágenos son las coordenadas. Si la revista en sí misma parece una broma pesada de Asimov, la posible lectora fiel que cada mes compra esta revista actualizándose sobre cirugías, cremas, nuevas gimnasias y dietas debe de vivir en un quirófano o leyendo en una sala de espera. No hay cuerpo que aguante tanta intervención.

La editora de Rajeunir, una señora de edad incierta pero sin dudas sometida a la pasión inútil, inicia cada número con una carta donde arenga a las candidatas a luchar por la juventud. Pero a su vez, la gente se ríe de las mujeres operadas, la palabra botox ha venido a condensar en dos sílabas la repulsión hacia la vejez que no se asume. ¿Quién tiene derecho a rejuvenecer, entonces? Es significativo que si bien nunca se anuncia la edad de las posibles candidatas a estas lecturas, las fotos son siempre de mujeres que rondan los 30. Se las ve jóvenes intentando rejuvenecer. Tal vez el objetivo sea dar la ilusión de que las más grandes obtendrán esos rostros. Tal vez el mensaje sea que hay que empezar a rejuvenecer cuando una es joven porque después es demasiado tarde...

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