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Viernes, 24 de enero de 2003

MODA

Zandra Rhodes, la vida en rosa shocking

Pelo rosa intenso, barroca, freak, disparatada, la diseñadora británica Zandra Rhodes hace décadas que viene disputando con sus colegas Vivienne Westwood y Mary Quant el puesto de la creadora más excéntrica. Acaba de abrir su propio museo de arte textil en Londres, la ciudad que la reverencia.

 Por Victoria Lescano

De los días de fines de los ‘60 en que recorría Notting Hill con atuendos descollantes que fusionaban sus primeros experimentos textiles con zapatos de Roger Vivier y joyas de la tienda Wolworth, Zandra Rhodes conserva el pelo rosa intenso, una exagerada cantidad de sombra azul en los párpados y dos tonos diferentes de rouge. Sobre sus tipos de belleza, la diseñadora que junto a Mary Quant, Vivienne Westwood y Katherine Hamnett se disputa el trono de las damas más excéntricas de la moda inglesa de la vieja guardia, no se cansa de repetir a la prensa: “Duermo con maquillaje porque de lo contrario perdería demasiado tiempo aplicándolo. Durante diez años tuve el pelo verde, pero todos lo que probaron ese color saben que luce genial la primera semana y después tu cabeza se parece a una escoba vieja”. En verdad usa el cuerpo como bastidor y en el intento no sólo le aplica tintes insólitos; también borra las cejas y las reemplaza por lunares.
En el invierno del 2002, los originales Rhodes, principalmente los vestidos de fines de los ‘60 que citan mariposas, superaron los 6 mil dólares mientras las propuestas de pasarelas la citaron en su recuperación de etnias; John Galliano la homenajeó en sus vestidos de chiffon para Dior y Miu Miu en un vestido de línea imperio que –según la publicación Dazed and Confused– fue el hot ítem del año.
Las últimas noticias del universo Rhodes indican también la apertura de su propio museo textil en Londres donde, además de sus archivos y texturas, contempla reunir obras de otros british designers (de Mary Quant a Stella McCartney).
Situada al final de Bermondsey St, la construcción restaurada por el arquitecto y terrorista del color Ricardo Legorreta en tonos de naranja, ciruela y el mismo fucsia del peinado Rhodes parece un decorado de western spaghetti enclavado entre residencias victorianas y modernísimas construcciones de la zona, como la Modern Tate Gallery, el Design Museum y el museo de diseño vecino a la casa de Sir Terence Conran.
Se anunció que el Fashion and Design Textil Museum ideado por Rhodes abrirá a mediados del 2003, también que en el opening, además de los textiles Rhodes de los ‘70 que tapizan las puertas, se podrán ver piezas del “Children Magic Mural” (reúne textiles desarrollados por chicos de cinco colegios primarios de Londres) y la muestra “Mi Vestido Favorito”, para la cual se convocó a celebridades de la moda inglesa a que aporten un modelo y justifiquen su elección.
También la primera dama Cherie Blair dio una recepción en honor de Rhodes y la edición de diciembre del 2002 del Vogue británico la incluyó en una producción que cita a las superfiestas en Blanco y Negro de Truman Capote, junto a los personajes más influyentes de la moda.
Los detonantes de la excentricidad de Z. Rhodes fueron cultivados por su madre, una ex jefa de fittings en la venerable casa de alta costura Worth llamada Beatrice Rhodes, quien se espolvoreaba el pelo con tintes color plata y usaba violetas detrás de las orejas sólo para ir al supermercado. Pero Zandra no adhirió a aplicar las reglas de las casas de haute couture, en cambio se graduó como diseñadora textil en el Royal College of Art y después de algunas temporadas de no estar conforme con el uso que los diseñadores daban a sus texturas, en 1968 empezó su línea propia. En el proceso tuvo algunas colecciones bluff, desarrolló textiles para la célebre tienda de Carnaby St “Toale and Tuffin” hasta que se asoció con la diseñadora de moda Silvia Ayton y durante un tiempo compartieron una bella boutique con interiores en tonos flúo en Fullham Road.
Mientras que la editora Diana Vreeland fue una de las primeras en celebrar los textiles y caftanes de Rhodes en las páginas en Vogue, la actriz Vanessa Redgrave le aportó el dinero suficiente para los primeros meses del alquiler de su tienda (y Rhodes, en señal de agradecimiento, desarrolló un textil con la estampa “Vanessa, we love you”).
Su primera colección fue comprada por Fortnum & Mason en Londres y Bendel en Nueva York, y como influencias ella reconoció las estampas de Emilio Pucci y la iconografía de Warhol y Lichtenstein. Por entonces la fascinación de Rhodes por el arte pop la llevó a vivir en ambientación ciento por ciento artificial. Sobre esos días, relata en el libro The Art of Zandra Rhodes: “Vivía inmersa en un perfecto mundo de plástico y esa exaltación de lo artificial abarcaba de las flores a las alfombras y las lámparas hechas con collares de acrílico. Llegamos hasta a cubrir con plásticos las paredes y los televisores”.
Los hitos de diseño de Rhodes podrían resumirse en el modelo “Dinosaurio”, un abrigo con las costuras hacia afuera que en 1970 anticipó los postulados de los deconstructivistas; en el ‘71 hizo el primer vestido rasgado y experimentó con costuras deshilachadas. En 1975, después de conocer en un viaje a Los Angeles las creaciones para cowboys de Nudies, rescató estampas de cactus y flores.
En 1978 lanzó la colección “chic conceptual” con su versión del punk look. Los atuendos estaban adornados con alfileres de gancho dispuestos como joyas y ella no sólo asegura haberse anticipado a la couturier del punk Vivienne Westwood, tampoco se privó de lanzar dardos hacia las creaciones de su colega junto a Malcom McLaren cuandó declaró “en verdad representan el establishment del punk porque yo ya destrozaba jerseys mientras Johnny Rotten –el músico de los Sex Pistols y modelo de sus creaciones– estaba en pañales”.
Sobre sus propios recursos, sedas con las costuras a la vista, explicó: “Tuve que cortarlas yo misma porque no me alcanzaba el dinero para comprar unas tijeras especiales; como nadie quería hilachas a la vista , les puse plumas en los bordes”.
En los ‘70, los vestidos Rhodes ingresaron a los guardarropas de Bianca Jagger, Tina Chow, Natalie Wood, Liza Minnelli y también a la nobleza –la princesa Ann usó uno para su ceremonia de compromiso (mucho después, Lady Di se confesó coleccionista de los antiguos vestidos-sari de Rhodes). En simultáneo fue la estilista favorita de los músicos ingleses: de Freddie Mercury –quien usaba sus vestidos con arco iris para travestirse– a Brian May para los shows de Queen. “También hice sacos para Marc Bolan y volé a París a tomar las medidas y hacer pruebas a Rod Stewart, pero como nunca escucho rock, antes de ir a las reuniones tenía que preguntar a mis amigos si ellos los conocían”, desliza Rhodes en su biografía.
Desde mediados de los ‘90 pasa la mitad del año en California, visitando a su novio norteamericano y también aprovecha esa residencia para bocetar vestuarios en technicolor para puestas de ópera y pasear por las playas con sombrillas con restos de sus textiles.
Suele ser invitada a dar conferencias en escuelas de moda y diseño y oficiar de embajadora de la moda inglesa en galas benéficas. Aunque una reciente cena servida por damas republicanas terminó en escándalo cuando alguien deslizó que en Internet circulaba una serie de fotografías con susdesnudos. “Creo que me las tomó un fotógrafo en un cambio de ropa durante una sesión y no cumplió con su palabra de descartarlas, pero no estoy muy segura”, simplificó Rhodes, ese día vestida con una túnica con arco iris y un prendedor del tamaño de un plato para sopa ante las damas en tailleurs de tono pastel y salió airosa de la situación sin que ninguno de sus mechones rosa flamingo se alterara.
Y sobre el furor de sus vestidos hoy más buscados, los que recuperan la moldería, las formas y los colores de culturas primitivas sobre chiffones, agregó: “Cuando empecé no sabía ni hacer las mangas, en realidad nunca trabajé con moldes de ahí que mis prendas luzcan tan diferentes de las de los demás diseñadores; como derivan de los textiles siempre fueron únicas y de edición limitada”.
Los prints en cuestión, desarrollados para atuendos bautizados “Flores Fantásticas”, “Diamantes y Rosas” y “Pétalos” que emergieron en chaquetas y caftanes ya tienen su rincón ad hoc en la galería textil en rosa shocking de Bermondsey St y junto a Rhodes, con su cuerpo devenido en canvas, prometen ser la puesta más colorida y antimoda del 2003.

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