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Viernes, 13 de agosto de 2010

PERFILES > VIRGINIA INNOCENTI

DE IGUAL A IGUAL

 Por Moira Soto

Todo parece indicar que Virginia Innocenti practicó algún hechizo en el tiempo y así logró hacerse amiga de Tita Merello después de la muerte de la diva rezongona con hartos motivos. La intérprete de la insuperable milonguita –que en vez de Nora bien pudo llamarse Esthercita– de Gatica (1993), o más recientemente de la ex prostituta devenida esposa de un capo de la trata en la tira Vidas robadas (2008), sin duda estaba bien habilitada para arrimarse comprensivamente a la gran artista a la que decidió rendir tributo. Incluyendo en este equipaje, por cierto, la condición de reconocida cantautora de Innocenti, que se dio a conocer en numerosos recitales y se puede apreciar en los CDs Habrá y En agua negra.

Obviamente, estas deducciones no dan por supuesto que una intérprete necesite tener determinados antecedentes en su oficio para estar a la altura del personaje: lo que sucede en el caso muy particular de Innocenti y su teatro musical Dijeron de mí es que, además, se trata de un proyecto personal, entrañable, en el que se amalgaman la admiración y el afecto, sin dejar de lado un genuino respeto. Un proyecto que andaba rondando a la actriz y cantante desde hace años, que le llevó mucho tiempo de investigación y para el cual –además de reservarse el protagónico– escribió la dramaturgia y eligió con mucho tino a todos sus colaboradores: Luciano Suardi en la dirección, Oria Puppo como diseñadora de la escenografía, las luces de Omar Possematto, el vestuario de Pablo Battaglia y Mónica Mendoza. Y por si estos nombres no fueran suficientes, vale mencionar a los históricos Oscar Colombo en pelos y pelucas y Horace Lannes en la asesoría de imagen (dos profesionales que trabajaron con la estrella del tango bien reo). Para completar la celebración, en el teatro se colgó una muestra de Tita Merello, fotos tomadas por Annemarie Heinrich, y en el programa de mano se reproducen cuatro de esas imágenes que tienen su correlato en otras de la propia Virginia que guardan semejanzas de expresión, atuendo y composición, firmadas por el estudio Heinrich-Sanguinetti.

Merello se murió en la medianoche del 24 de diciembre de 2002, mientras dormía en su cama de la hospitalaria Fundación Favaloro. Con mucha delicadeza, con ese tiento que da la adhesión sincera desde el corazón, Virginia Innocenti se anima a ponerse en el lugar de la vieja dama, dignísima en su indignidad sublimada, que se está yendo (“palmando, espichando”, traduciría Tita, sin pelos en la lengua) y retomando hasta cierto punto la idea de la película de sus vidas que se dice suelen ver pasar los moribundos, hace en hora y pico el relato condensado, preciso, quintaesencial de la vida, el arte, el perfil de la Merello (el artículo en femenino no por ser mujer, sino por su categoría de diva). Sin cronologías y sin ensayar definiciones, con trazos justos y certeros, poniendo por delante aquellos tangos, milongas y rancheras que a Tita la pintaban desde la letra, sí, pero a los que la artista, mediante la intencionada interpretación que ponía en valor el sentido de cada frase en su fraseo, reinventaba de tal manera que, después de ella, cuando se nombra algunos de esos temas, inevitablemente surgen su nombre y el timbre de su voz y sus acentos.

En el comienzo de Dijeron de mí, después de oírse la voz grabada de Tita, entra en escena la mujer del impermeable y el pañuelo en la cabeza, y el pianista Diego Vila desliza suavemente la tradicional melodía de “Jingle Bells”, tema que cada tanto volverá a escucharse como un ritornello que evoca la noche navideña de la partida. La noche en que se va armando este mosaico, que toma forma de retrato gracias a la fraternal médium que la vislumbra, la descifra con fervor y humor, la reivindica orgullosamente, identificándose con Tita Merello en un conmovedor encuentro de mujeres. Porque hay algo muy reparador hacia la protagonista de “Para vestir santos” en lo que hace Virginia Innocenti, poniéndose de su lado sin reservas, ofreciéndole un amparo y una consideración que probablemente habrían permeado las murallas detrás de las cuales se parapetaba la Merello.

En el libro de relatos Pentimento –uno de los cuales dio origen al film Julia (1977), actuado por Vanesa Redgrave y Jane Fonda–, Lillian Hellman se refiere a ciertas pinturas al óleo que con el paso del tiempo se van volviendo transparentes, dejando ver otros cuadros, es decir, descubriendo los trazos originales hechos previamente... En una operación que hasta cierto punto se asemeja, Virginia Innocenti, desde 2010, va quitando capas de la leyenda, rescatándola del estereotipo cristalizado, tirando pistas con pícara elegancia. Siempre desde una escucha atenta, dejándose habitar y llevar. Cantándola, cantándole, justo en el confín, en amorosa contigüidad.

Dijeron de mí, jueves a sábados a las 21, domingos a las 20 en Maipo Cabaret, Esmeralda 443, 2º piso, 43224882/8238, Platea Net 53263000

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