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Viernes, 22 de octubre de 2010

SALUD

Ponételo

Ahora, en el mundo, se usa un nuevo formato con alta sensibilidad y la garantía de que las mujeres pueden ser autónomas para cuidarse de enfermedades de transmisión sexual y VIH. Todavía no se fabrica ni vende en el país. Pero la Dirección de Sida y el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable ya evalúan su disponibilidad, en principio, para grupos vulnerables.

 Por Luciana Peker

“Póntelo, pónselo” fue el lema español para promover el uso de preservativo que estimulaba a los varones a ponérselo y a las mujeres a que se lo pongan a ellos. Sin embargo, la feminización del sida crece. Entre otras razones, por los obstáculos para que algunos varones usen profilácticos y para que las mujeres puedan tener un método que evite enfermedades de transmisión sexual con sus propias manos y en su propio cuerpo.

Mientras que se estudia un posible gel microbicida que podría ser efectivo (pero complementario del látex) resurge una nueva modalidad: el preservativo femenino. En la Argentina –hace más de una década– ya existió un modelo que fracasó. Básicamente, porque era grande, caro e incómodo.

Pero, ahora, en el mundo –como todo avanza y se empequeñece– también la barrera para gozar sin barreras ni miedos se logró que sea más práctica, cómoda y efectiva. El nuevo preservativo femenino ya se vende en el mundo. Y fue promovido en la Conferencia de Sida realizada, a mitad de año, en Viena. En Argentina, el Ministerio de Salud –a través de la Dirección de Sida y del Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable, con apoyo de Naciones Unidas– va a hacer una prueba de su uso en grupos vulnerables. Después de esa primera experiencia, se estima que se va a ampliar la posibilidad de acceder a este insumo.

Aunque, en principio, se va a testear la efectividad del producto. La Dirección de Sida y Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) del Ministerio de Salud está por realizar un estudio de aceptabilidad al preservativo femenino en diversos contextos de vulnerabilidad al VIH/Sida (especialmente mujeres pobres, trabajadoras sexuales y personas con VIH/Sida). Después de los resultados, se va a evaluar la posibilidad de comprarlos para incorporarlos a la distribución sistemática de recursos de prevención.

En otros países de la región ya se está usando este nuevo método. En Brasil, por ejemplo, el Estado compra más de un millón de profilácticos –por año– que reparte entre usuarias de drogas, portadoras de VIH y mujeres en situación de prostitución.

Un cuidado que no enfria

“Es un gran avance porque tiene la textura de un guante de cirujano para que no se pierda sensibilidad”, rescata la médica Mabel Bianco, presidenta de la Fundación Estudios e Investigación de la Mujer (FEIM) y coordinadora del Grupo Internacional Mujeres y Sida. La táctica no es sólo hablar del condón-fem como un ahuyentador de cucos, sino también como un canal que cuida y da placer. “No se pierde la sensibilidad porque el material es caucho en vez de látex y eso hace que el calor se transmita mejor. Por eso, se levanta más temperatura durante la relación y se proporciona mayor placer que con el uso del preservativo masculino”, asegura la socióloga Andrea Mariño, coordinadora de Proyectos de FEIM.

¿Otro gol en el mundial de la protección placentera? No es necesario besar las piernas tan despacio para llegar al latido del cuerpo, gritar para pedir una brújula que conduzca al deseo y que el cuerpo hable a través de erizos y mares que espejan el deseo para recién ahí decir “¿Te ponés/tenés/dónde están/ te pongo el preservativo?”. Sin descuidarse –más vale cortar que lastimarse– el preservativo femenino puede estar listo antes de empezar a mimarse.

¿Cómo?: Hay que inducir el preservativo (que en un primer momento parece demasiado grande) con el dedo índice –como un tampón– hasta que el primer aro se fija en el cuello del útero y el aro externo queda firme en las paredes de la vulva. Por las dudas, es aconsejable, fijarse que el pene entre en el preservativo para después sólo fijarse en qué y cómo se quiere jugar con el cuerpo montado en el azar del deseo. De esta manera, si la práctica se hace antes del juego sexual o se toma como parte del juego sexual, se logra que entre las ganas de uno o una y los cuerpos convertidos en un cuerpo no haya más huecos que los que dan placer.

“Te lo podés poner dos o tres horas antes de la relación sexual. No es necesario cortar la previa para colocarlo y es mejor para los varones a los que les cuesta llegar o mantener una erección”, describe Mariño. “Además tiene dos anillos y con el interno (que queda adentro) la pareja puede acariciar el clítoris y usarlo de estimulante sexual”, sugiere con buen tino.

Ah, y otra ventaja que forma parte de los sueños de muchas mujeres. Nada de levantarse, pedir pizza, prender el control remoto o bajar de la montaña rusa sin cinco minutos de abrazos para darle una tregua a las emociones y el cuerpo. “No es necesario sacarlo inmediatamente (aunque sí se usa una sola vez igual que el preservativo masculino), lo podés dejar un ratito y esto permite una mayor situación de rélax”, agrega la socióloga, en un plan que traspasa las barreras de ponerle una barrera –indispensable– al VIH, el HPV o la sífilis y que también contiene a los deseos de las mujeres. “Y aumenta el número de cucharitas posibles”, apunta Mariño, casi una goleadora en convencer otra nueva forma de curarse y mimarse.

Bianco alienta el uso, el goce e, incluso, el conocimiento del propio cuerpo. “Para muchas mujeres colocarse el preservativo representa la posibilidad de tocarse que tienen vedada culturalmente”, rescata. Y también que este insumo resurge en su nueva versión cuando crece la feminización del sida. “Es imprescindible realizar acciones sobre las mujeres porque hubo un gran aumento de las infecciones femeninas. Por eso, este método coincide con el objetivo de Onusida. Ya que en el 2000 había 4 varones portadores de VIH por cada mujer y hoy la tasa de infección de las mujeres aumentó al punto que hay 1,6 varones por cada mujer con el virus. Por eso, queremos que en Argentina lo reparta gratuitamente el Estado y que se venda en farmacias.”

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Imagen: Juana Ghersa
 
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