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Viernes, 22 de octubre de 2010

DIEZ PREGUNTAS A VALERIA MAPELMAN*

Memoria de un genocidio

 Por Guadalupe Treibel

Tu documental Octubre Pilagá repasa la masacre de los miembros del pueblo originario pilagá en La Bomba, Formosa, durante el primer gobierno de Perón en 1947. ¿Por qué?

–Me interesa el tema del genocidio de los pueblos originarios porque es un debate que aún está pendiente. Y me interesa la memoria oral, que sostiene la historia de los pilagá. Al no haber registros, sus relatos están muy vivos. Durante mucho tiempo no pudieron contar su verdad y esperaron que alguien les preguntara qué había sucedido. Por eso, la estructura del film nació a partir de sus recuerdos. Ellos guían la historia.

La versión oficial habló entonces de peligro de malón para justificar el ataque.

–En aquella época, la población indígena debía disciplinarse, estar bajo el control del Estado para trabajar, para ser mano de obra barata. Y los pilagá estaban en otra; atravesaban un momento superior desde el plano religioso. Cientos y cientos se habían acercado a La Bomba para recibir de boca del carismático Tonkiet (Luciano) la noticia sobre un Nuevo Dios. Este hombre curaba, decían ellos. El regimiento de Gendarmería de Lomitas está a kilómetro y medio y empieza a alertar sobre todo ese movimiento. Al negarse los pilagá a ir a las reducciones, a las colonias, el poder interpreta el gesto como rebelión contra el orden. De ahí el escarmiento. El Estado quería sentar precedente con un castigo ejemplificador. La represión ocurrió y, para justificarla, se inventó el peligro (de malón). Como la orden fue la captura, el destino final de los sobrevivientes fue el encierro; fueron llevados a Colonia Muñiz y a la reducción Bartolomé de las Casas.

¿Cuántas personas murieron durante la masacre?

–No lo sé con exactitud, pero imagino que fueron cientos de personas. Se toma como parámetro que la misma Gendarmería dice que había dos mil pilagá en el lugar. En una reunión con tanta gente, una ametralladora –que dispara 500 balas por minuto– tuvo que haber hecho un desastre. Aparte, las persecuciones se extendieron diez días más. ¡Hasta un avión sobrevoló el lugar con una ametralladora! Viejitos y heridos quedaron en el camino, niños murieron de hambre... Fueron muchos y muchos están desaparecidos.

El film incluye el relato de una anciana sobreviviente y cómo fue testigo de la violación de una compañera pilagá en manos de un gendarme, una vez capturadas. ¿Fue una práctica de tortura sistemática contra las mujeres?

–La violación fue usada como arma de guerra. Fue una práctica difundida, no un hecho singular. De hecho, la mujer que cuenta cómo presenció un caso tiempo después me confesó haber sido víctima ella misma de violación. Más tarde, supe de dos casos más. Ya tenemos cuatro casos. Y yo sólo conocí a 20 ancianos. En aquel entonces, eran niñas; tenían 10 o 12 años, a lo sumo. ¡Fueron violaciones a niñas! Si a esto se le suman las persecuciones y la matanza indiscriminada de ancianos, adultos y niños, es evidente que la masacre de los pilagá fue un genocidio.

Llama la atención que el hecho haya ocurrido durante un período tan asociado al desarrollo social como el peronista. ¿Creés que las altas esferas de poder estaban al tanto del genocidio?

–El ministro del Interior, Angel Borlenghi, sabía lo que estaba ocurriendo y tenía una estrecha relación con Perón. José Humberto Sosa Molina, ministro de Guerra, también estaba al tanto. Y hubo una movilización de tropas en la provincia durante diez días... Lo llamativo no es sólo la matanza sino la continuidad del funcionamiento de las colonias cautivas indígenas, sistema que inauguró Roca y existió hasta mediados del siglo 20, cuando el gobierno lo desecha por dar pérdidas.

¿Triunfó la mentalidad martinfierrista?

–Sí. La generación del ‘80 nos marcó de esa manera.

Durante los 80 minutos de cinta, el relato de los pilagá se completa con archivos oficiales. ¿Fue difícil acceder a ellos?

–Trabajé en los archivos del Ministerio del Interior, en el Archivo General de la Nación, en el Ministerio de Economía y no tuve ningún problema. Sí fue difícil en la provincia de Formosa, donde me dijeron que no había nada. Pero me fui a Salta, Tucumán, Jujuy y fui encontrando diarios.

En el año 2005, la Federación Pilagá introdujo una demanda contra el Estado Nacional por la masacre de 1947. ¿En qué instancia está la causa?

–Dos semanas después de que el film se expusiera en el Bafici, los abuelos fueron llamados a declarar. Pero si bien ahora hay visibilización del problema, los tiempos judiciales son muy lentos y los abuelos se mueren de viejitos. Durante el proceso de la película fallecieron cuatro. Y los abogados del Estado hacen que todo sea más lento argumentando cosas ridículas como –por ejemplo– que los pilagá no son una etnia. Con todo, ellos tienen confianza en la Constitución. Confían que van a tener justicia.

¿Cómo reaccionaron los pilagá al ver el documental terminado?

–Lo pasamos completo el 10 de octubre del año pasado en un estadio de básquet de Las Lomitas y estaban muy contentos. Su visto bueno era muy importante para mí. No iba a mostrar una película que ellos no avalaran porque, en el proceso de filmarla, entendí que tenía que funcionar como una herramienta para ellos, un instrumento de lucha que ayude a comprender la magnitud del hecho.

Tu primer film, Mbya, Tierra en Rojo (2006), ganador del premio Mejor Película de DD.HH. en Bafici 2006, se centra en las comunidades del Valle de Kuña Pirú. ¿Te interesa que tus próximos trabajos sigan profundizando la historia indígena?

–En este momento, estoy trabajando con el grupo de genocidio de la Universidad de Buenos Aires para seguir indagando en las distintas aristas de este tema respecto de los pueblos originarios. Particularmente, me interesan las colonias y los campos de concentración, como Martín García o Valcheta.

* Valeria Mapelman es cineasta; su nuevo film, Octubre Pilagá, relatos sobre el silencio, recibió la Mención DDHH Bafici 2010 y ganó el premio Mejor Documental en el XII Festival Nacional de Cine y Video Documental. La película se exhibe en el Arteplex Belgrano (Av. Cabildo 2829), Cine Parque Xacobeo (Cuenca 3252) y Artecinema (Salta 1620). También se presenta en el Camarín de las Musas (Mario Bravo 960) los domingos a las 17.30 hs.

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