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Viernes, 22 de octubre de 2010

MUESTRAS

La naturaleza imposible

Adriana Armando, curadora de la impresionante muestra La naturaleza de las mujeres, ordenó 150 obras producidas por mujeres a lo largo de los últimos cien años en núcleos temáticos que develan la más estricta ambigüedad del título que eligió para este recorrido.

 Por Sonia Tessa

Lo primero que se ve al ingresar a la muestra La naturaleza de las mujeres son tres retratos de Emilia Bertolé, la pintora rosarina de mayor trascendencia en la primera mitad del siglo 20, cuando los artistas plásticos varones de la región eran muchos, y muy reconocidos. Uno de ellos es un autorretrato, pero la mirada inquietante de Adolescente es difícil de eludir. En la pared perpendicular, contigua, se ven dos obras de Nicola Costantino. Ofelia, muerte de Nicola, donde la propia artista yace blanca, con un vestido blanco, sobre unos pajonales, en la oscuridad; y otra, Nicola costurera. Las dos son de 2008. No será el único contraste de la exposición dedicada a producciones de artistas plásticas rosarinas entre 1910 y 2010, curada por la licenciada en historia Adriana Armando.

Artistas conocidas y premiadas internacionalmente como –sólo a modo de ejemplo– Graciela Sacco, junto a otras que no tienen proyección fuera de la ciudad comparten las paredes de los tres pisos de la Fundación Osde. “Dentro de cada espacio temático, las obras se agrupan según diferentes estrategias: se las aproxima porque comparten sentidos aunque se trate de lenguajes y contextos históricos diferentes o se las reúne para señalar contrapuntos interesantes; a veces discurren por afinidades y otras por contrastes. Esto es posible porque no hay un desarrollo lineal histórico sino una serie de problemas con diversos abordajes en el tiempo. Así por ejemplo, dentro de las ‘Autoimágenes y Corporalidades’ las obras fundadas en una feminidad estereotipada alternan con aquellas que la reconsideran desde nuevas situaciones o bien que decididamente la desafían, también podemos ver allí cómo las miradas intimistas sobre los entornos afectivos se recortan frente a las distorsiones más violentas de los cuerpos y las figuras”. Allí aparece, por ejemplo, el óleo sobre tela Rompiente, de Paula Grazzini, una artista nacida en 1978.

Desde la lectura de la propia curadora, “mientras el núcleo de los ‘Trasfondos Urbanos’ abunda en diferencias radicales desde campos tan diversos como la acción política y el diseño de objetos, las consideraciones sobre la tecnología y los márgenes urbanos, el sector de los ‘Microcosmos y Labores’, fundado en los pequeños universos y en la productiva utilización de las labores de aguja otrora identificadas con esencias y virtudes femeninas, exhibe menores sobresaltos aunque sin desvincularse de las cuestiones de orden público. Y si ‘Los seres y las plantas, el río y el campo’ muestra diferentes interacciones de la naturaleza con la cultura, ‘La razón y los sentimientos’ ofrece un despliegue en el tiempo de los lenguajes abstractos y no figurativos, líricos y geométricos”, define la curadora.

El conjunto de las obras apunta, justamente, a deconstruir la naturaleza que menta el nombre. “El título de la muestra está cargado de ambigüedad, parte de las asociaciones que se hicieron entre las mujeres y la naturaleza muy exploradas en determinados momentos y en movimientos como el surrealismo, refiere también a esa idea de feminidad naturalmente ligada a atributos de sensibilidad y delicadeza, pero entendidas como construcciones culturales e históricas, sin esencialismos”, apunta la curadora, quien agrega: “También atiende a las percepciones que las mujeres tienen de la naturaleza, pero por sobre todas estas cuestiones trata de reflejar las diferentes preocupaciones temáticas y estéticas de un grupo de mujeres artistas para poner en cuestión el mismo título de exposición. En este sentido, la mirada de las mujeres sobre la naturaleza revela, por ejemplo, cómo el paisaje puede ser portador de connotaciones espiritualistas y esotéricas o bien estar cargado de misterio y extrañamiento; también cómo los seres y las plantas pueden aparecer como soportes de los símbolos de la cultura, surgir de estímulos literarios o narraciones biográficas o simplemente constituirse en motivos de experimentaciones técnicas y formales”.

En el segundo piso, Claudia del Río abofetea con elegancia desde la serie Vest. Las obras son de lo más variadas, conjugan artistas jóvenes, contemporáneas, con otras que hicieron lo suyo en una época más ardua, en la primera mitad del siglo pasado. Dentro del núcleo de Microcosmos y labores aparecen cinco témperas de Aid Herrera, una pintora de extensa trayectoria, que fue relegada a la condición de esposa del pintor Juan Grela y madre del músico Dante. Brillan sus trabajos sobre la pared.

Para el público lego, otro de los contrastes que hacen sentido está justamente en trasfondos urbanos, donde una pared recoge la acción de 1968, de la artista Graciela Carnevale –que formó parte de Tucumán Arde–, denominada El Encierro. “La obra tiende a provocar mediante un acto de agresión la toma de conciencia de parte del espectador del poder con que la violencia se ejerce de modo cotidiano”, dice a modo de manifiesto el texto de la artista que acompañó la acción. Al lado, la máxima contemporaneidad de Graciela Sacco, una heliografía sobre madera llamada Cuerpo a cuerpo, de la serie Presencias urbanas. Construida sobre una decena de maderas en forma de tablas, la figura de un hombre levanta el brazo, corre hacia delante, como parte de una manifestación que se adivina en el fondo de la escena. La rebelión y la represión están sugeridas.¤

La naturaleza de las mujeres, hasta el 31 de octubre, en el espacio de arte de la Fundación Osde en Rosario (Oroño 973).

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Dulce señor de noviembre, de Mele Bruniard, 1990.

Claudia del Río, de la serie Vest, 2004/2005.
 
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