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Viernes, 7 de enero de 2011

VIOLENCIAS

EL CASO MAR DEL PLATA

Como cada verano, en la ciudad balneario más grande de Argentina se festeja la llegada del turismo, se habla del buen o mal clima, de la ocupación hotelera y la cartelera de espectáculos. Afuera de esta agenda de vacaciones queda el lado oscuro de La Feliz: los prostíbulos que se multiplican, la trata de mujeres con fines de explotación sexual, la habilitación de lugares denunciados por las mismas víctimas y la falta de reglamentación de ordenanzas ya sancionadas que podrían paliar esta situación. Como contrapartida, organizaciones sociales formaron una mesa permanente contra la trata que funciona en el Concejo Deliberante de una ciudad cuyo lado oscuro todavía se publicita en los diarios locales.

 Por Juana Celiz

Desde Mar del Plata

Hoy Mar del Plata está que arde. Como todos los eneros. La capacidad hotelera explota. Esta mañana en La Perla al mar le da el sol tan lindo que parece de paillettes. Por la calle cortada desfilan de veras cuerpos reales: señoras en bikini, chicas que andan en rollers sin saber andar en rollers. En una radio suena Roxette en castellano (“El aire está lleno de silencio / Debe haber sido amor...”). El cuadro encandila y anestesia. Entonces importa menos a qué se le da la espalda.

Patricia Gordon, psicóloga de la organización La Alameda, detalla que estamos en “La Perla Sur”, la zona de la estatua de Alfonsina. Y que junto a La Perla Norte, hacia Constitución, albergan a un montón de chalets olvidados cuando el auge inmobiliario señaló hacia Los Troncos y sus lomas. Las calles del otro lado de “La Popular” de noche son lo suficientemente oscuras como para que se entreabran las puertas de los prostíbulos privados, whiskerías, cabarets, bares nocturnos y cía. Como El Progreso, esa casa fea de red blocks, vidrios negros y una manija de puerta que parece un bastón de cotillón. Está en un barrio de edificios bajos, cerca de “La boutique del Pan”, a una cuadra nada menos que de la Dirección de Higiene y Seguridad en el Trabajo municipal y de la casa de un obispo. Comparte medianera con un hotel llamado La Posada: si lo googleás, en www.argentinaprivate.com entre muchas otras direcciones céntricas aparece: “La Posada, 11 de Septiembre 3030, alt. La Rioja. 20 to 30 Chicas. Prices: Drinks $15/$25, Chicas $150 hour. The Hotel Paraiso Transitorio is next door for 50p.”. También son datos que pueden ofrecer, dicen en La Alameda, muchos taxistas y remiseros. Después de La Perla, las zonas rojas rondan la vieja terminal –cerca de los tribunales– y el puerto. Se calcula que la cantidad de prostíbulos –alrededor de 200– se duplican llegado el verano.

Gordon, psicóloga, es además parte de la Asamblea Permanente contra la Trata de Personas. Integra el equipo que recibe denuncias, las deriva a la Justicia Federal y atiende a las víctimas: “Damos la orientación necesaria en materia judicial y contención emocional”, dice. Trabajan en red con la Multisectorial de la Mujer, Mar de Lucha, Las Juanas, entre otras asociaciones civiles. En el último seminario sobre derechos humanos y trabajo esclavo, realizado en la Facultad de Abogacía de la Universidad local, Patricia Gordon habló de “El caso Mar del Plata”.

¿Cuáles son los puntos más urgentes de “El caso Mar del Plata”?

–Partimos de la denuncia que hizo La Alameda hace justo un año: contamos 400 prostíbulos, se presentaron pruebas y testigos. Se puso de relieve la situación de muchas mujeres de esta “ciudad feliz” que conviven con estos delitos. “El caso Mar del Plata” se caracteriza también por la connivencia de la policía y la inacción de un sector de la Justicia, por la complicidad mediática, ya que el principal diario de la ciudad (La Capital) exhibe sin pudores una importante cantidad de avisos de oferta sexual, promocionan incluso los lugares denunciados. Después de esta denuncia, gracias a los allanamientos que hizo la fiscalía, se encontraron mujeres que provenían de otros países, muchas menores de edad, en situaciones de esclavitud sexual. Estaban en lugares deplorables: sótanos, tras rejas, en suciedad.

También se creó la Mesa Permanente contra la Trata...

–Sí. Nos reunimos todos los meses en el Concejo Deliberante, por iniciativa de la concejal Verónica Beresiarte. Reúne a funcionarios municipales, políticos, actores sociales, integrantes de instituciones y organizaciones de la sociedad civil. Es un espacio de debate, denuncia y confrontación de ideas. Se discuten los temas, elaborando acciones concretas ya sea desde lo legal, social, psicológico.

Entre esas acciones concretas consiguieron la sanción de dos ordenanzas interesantes: que se clausuren locales nocturnos y se brinde atención a las víctimas. ¿Se cumplen?

–Todavía no han sido reglamentadas. Y eso que en septiembre el intendente dijo que “en unos días” lo hacía. Sus declaraciones surgieron en un momento en el que él mismo aprobaba la habilitación de un lugar llamado La Posada, que había sido denunciado, allanado y donde se encontraron víctimas. Si bien dieron un paso atrás y manifestaron que había sido un error, las organizaciones locales repudiamos este hecho gravísimo. Con respecto a la segunda ordenanza, la Secretaría de la Mujer atiende a las víctimas.

La denuncia de las víctimas es crucial, según la Ley de Trata. Es fundamental entonces que estén contenidas...

–Si bien resulta imprescindible la reforma en la Ley de Trata –para eliminar la figura del consentimiento de la víctima–, podemos decir que al momento hay leyes, aun con falencias que no se cumplen, especialmente en lo relacionado con los derechos de las víctimas. Sí, deberían recibir contención, resarcimiento económico, la oportunidad de una inserción laboral. La realidad es que muchas quedan libradas a su suerte y vuelven al mismo circuito de la prostitución.

¿Las víctimas del “Loco de la Ruta” tienen el lugar en la memoria social que merecen? Salvando las distancias, ¿es nuestro Ciudad Juárez?

–Las desapariciones que tuvieron lugar a fines de los años ‘90 en Mar del Plata aún son una herida abierta. Terminó siendo una red de crimen organizada. Salvando las dimensiones con las desapariciones y muertes en Ciudad Juárez, constituye una de las máximas expresiones de violencia hacia las mujeres, la complicidad y responsabilidad del Estado, de las instituciones y de una gran parte de la sociedad que ha sabido serle indiferente y silenciosa a estos crímenes. Respecto de la memoria colectiva, las organizaciones nos hemos propuesto instalar nuevamente esta herida no cerrada. Toda vez que realizamos una jornada, están presentes los nombres de las desaparecidas y asesinadas. Tenemos como proyecto realizar un acto público que despierte las conciencias dormidas de nuestra comunidad, ya que la impunidad de un crimen abre paso a más impunidad. Estos crímenes marcaron un antes y un después en el tema del proxenetismo: se supone que desde ahí para adelante se incrementó el sistema de esclavitud y trata.

¿Por qué?

–El análisis tiene varios ejes. Por un lado, constituye uno de los negociados más rentables: una mujer puede ser vendida muchas veces, ser menor de edad aumenta el ingreso de los tratantes. La corrupción de las instituciones y las escasas condenas facilitan el proceder de las mafias. Por otra parte, la relación existente entre el lavado de dinero, producto de la mercantilización de los cuerpos y las vidas de tantas mujeres, y la proliferación de un negocio que enriquece rápidamente y a bajo costo. Sin descuidar los aspectos que, instalados en una cultura de base patriarcal, imperan en los medios masivos de comunicación, en el uso del lenguaje, en la cosificación de los cuerpos, en las promesas de un “trabajo fácil” dirigidas a jóvenes en situación de vulnerabilidad social o que atraviesan alguna crisis de identidad.

¿Con el nuevo Ministerio de Seguridad otra policía es posible?

–La llegada de Nilda Garré es una esperanza. Las complicidades policiales, denunciadas en especial por Nancy Miño, ex agente de la Policía Federal que puso en evidencia el alto nivel de corrupción de la oficina antitrata, constituyen un muro para desenmascarar el delito. Si hay voluntad política, es posible que exista una policía que cumpla con sus funciones, tema complejo y difícil...

A un año de la denuncia que hizo La Alameda, ¿cuál es el balance?

–Durante el año se ha venido trabajando en contacto con otras organizaciones y colectivos que se ocupan de los derechos de las mujeres. Esta unión ha sido significativa. Lo prometedor es la visibilización y puesta en evidencia de algo que es cotidiano, que pasa al lado nuestro. Aumentan las denuncias y la toma de conciencia. Y los vecinos reaccionan y rechazan esta forma de esclavitud.

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PATRICIA GORDON
 
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