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Viernes, 28 de enero de 2011

CRONICAS

Por favor y muchas gracias

Cada vez es más habitual toparse un 2 de febrero con pequeñas islas decoradas y cargadas de ofrendas que andan a la deriva en ríos y mares. Maíz, caramelos, hojas verdes, cartas de agradecimiento y pedidos se acomodan en balsas improvisadas para rendirle culto a Iemanjá, madre del mar, una de los orixás de las religiones africanistas cada vez con más arraigo popular. Miss Bolivia, cantante de dancehall, cumbia y hip hop, cuenta cómo se fue acercando a esta figura que también aparece en los altares paganos y personales.

 Por Miss Bolivia

Por diversos motivos y desde hace ya varios años, un fuerte lazo afectivo me conecta con Iemanjá, la reina del mar. Sin saber casi sobre ella, salvo que era una orixá de religiones africanistas vinculada con el mar y que se vestía de celeste y blanco, me fui acercando a ella por afinidad intuitiva. Bellísima y dulce, comenzó a cruzarse en mi camino, ya fuera por invitaciones de amigos devotos a rendirle algún tipo de culto u homenaje, por algún almanaque o estampita que me regalaron a modo de objeto “kitsch” para mi nueva casa, o por experiencias viajeras con cantos y puntos tocados por tamborilleros amigos en ruedas o zapadas. De modo natural y sin analizarlo tanto, fui arrimándome a la Mae y comencé a saludarla cada vez que desembarcaba en un lugar marítimo.

El mar me cautiva desde siempre; me deja silente. Y no es que me neutralice. Más bien activa otro registro donde no necesito palabras: el de la vibración. Ondas, movimiento y quietud. Luna, agua, sal, arena. Un estado especial. Otro chip. Y así le pasa a mucha gente.

Algunos practican religiones de ascendencia africanista (como el candomblé, el batuke, el umbandismo o el kimbandismo) y estudian la mitología y la religión de los orixás; otros se acercan a alguna deidad de modo más tangencial y luego tienen la inquietud de explorar el campo de manera autodidacta (tal vez éste sea mi caso); y hay gente que simplemente siente algo de curiosidad y afinidad con un orixá para agradecer, ofrecer y pedir a las fuerzas de la naturaleza pero de forma mediatizada.

Cada 2 de febrero se celebra la fiesta de Iemanjá, la reina del mar. En varios lugares del mundo, y de forma cada vez más visible en Latinoamérica, se realizan ofrendas en la costa del mar y las márgenes de los ríos. Con esmero y alegría, los fieles visten de celeste y blanco y concurren en procesión o en clave intimista a entregar lo suyo a la Mae. Llevan dulces, maíz blanco, perejil, velas, bijouterie, flores, perfume, caracoles, jabón, peines, miel, frutas, promesas y cartas de petición y gratitud. Todo depositado en balsas decoradas de blanco y con velas que se adentrarán en el agua. En las playas se cavan hoyos en la arena y se encienden velas dentro mientras se canta y baila alguna danza emulando el movimiento de las olas del mar.

MAS CERCA

Quisiera realizar mi ofrenda personal; tengo mucho que agradecer, ofrecer, y algunas cosas que pedir.

Intento trazar intuitivamente y con lo que esté a mi alcance, una genealogía básica para comprender mejor la leyenda de Iemanjá: googleo, youtubeo y wikipedeo, voy a santerías y bibliotecas: leo y escucho. Se trata mayormente de un sistema de creencias y prácticas religiosas basado en la tradición oral sin casi referencias a algún libro sagrado fundamental.

A lo largo de los relatos, noto una serie de elementos, eventos y personajes que se mantienen estables, pero luego otros comienzan a variar en número, nombre, sexo y ubicación geográfica. Las historias se atraviesan, bifurcan y superponen.

Consulto a Alejandro Frigerio, antropólogo e investigador del Conicet, especialista en culturas negras en el Cono Sur, y admite que el sistema de formas religiosas africanas es complejo. Las variaciones en los relatos se asocian a la gran multiplicidad de afluencias narrativas, ya que los yorubanos esclavizados y traficados a América provenían de distintos poblados, y desde aquel entonces comenzaron a mixturarse los contenidos religiosos, porque cada región privilegiaba el culto a distintos orixás. Sí coinciden en que el dios creador es el del mar, y que luego de crear el universo cedió el control del mundo a los orixás, deidades de punto medio entre él y los hombres. Esa plataforma, como base de creencias reforzada por el entrecruzamiento con otras corrientes de pensamiento y sistemas y narrativas que derivan del mar a todas las especies y formas de vida de la naturaleza, anclan el origen común como punto de partida mítica. Los orixás eran muchos, pero al llegar a América se cristalizan en 16. Una de ellos es Iemanjá, que a su vez es madre de todos los otros orixás.

Iemanjá o Yemanyá (de Yeye Omo Eja), reina del mar, supermadre y prolífera señora del agua salada, da generosa y protege ecuánime a sus hijos. Ella, la madre de los peces y navegantes, es el orixá o deidad femenino más popular que presentan las formas religiosas africanistas en Latinoamérica. También tiene fama y reconocimiento por fuera de la religión de origen. Esta relación de exportación/asimilación hacia otras religiones, tiene que ver con el sincretismo generado en el período colonial entre la Mae y la Virgen de Stella Maris —patrona del mar—, o con la Virgen de la Concepción. A su vez, comenta Frigerio, las impresiones de su imagen sobre estampitas en papel, siguiendo el estilo de las vírgenes (con el vestido largo celeste, esbelta y de larga cabellera), apuntala y refuerza dicha asimilación. Algunos hasta le dicen “la Virgen de Iemanjá”.

Proclamada patrona de la maternidad y la procreación, Iemanjá, la de senos enormes, amamanta y cría. A ella se le encarga la salud de los hijos, la unión familiar, la abundancia, los asuntos relativos a la procreación y la crianza.

En esta línea, también es invocada para la inspiración y la bendición en el ámbito de la creatividad artística. Muchos músicos han rendido homenaje a Iemanjá en sus cantos, como Celia Cruz, Eduardo Mateo, Gal Costa, María Bethania, Isabel Pantoja, entre otros.

LA LEYENDA

Se cuenta que Iemanjá es hija de Olokum, dios del mar (o diosa, según la versión). Se casó por primera vez con Orunmilá, dios de la adivinación, y más tarde con el rey de Ifé, con quien tuvieron 10 hijos que luego se convirtieron en orixás (otras versiones dicen 15). Amamantó tanto a todos, que sus senos se volvieron inmensos y quedó exhausta. Cansada, huyó tras el atardecer (hacia el Oeste) y en el camino, Okerê, el rey de Xaki, la vio y se enamoró inmediatamente. Le propuso matrimonio y ella aceptó con la condición de que jamás le dijese nada sobre sus senos enormes. Pero un día de borrachera y descuido, Okerê discutió con ella y le dijo: “Tú, con esos pechos inmensos y caídos...”. Iemanjá huyó triste y fue perseguida, pero pudo lograr su cometido utilizando la botella con una pócima recibida de Olokum, que debía romper en caso de emergencia. Así lo hizo, y al liberarse el líquido se convirtió en un río que la transportó hacia el Océano, donde vivía su padre.

Otra de las variaciones dice que cuando ella intentó huir, Okerê quiso impedirlo y se convirtió en colina. Y para poder pasar, Iemanjá llamó a Xango, uno de sus hijos, el más poderoso, quien acudió pidiendo a cambio una ofrenda de carnero, cuatro gallos y preparados de harina, cebolla y alubias. Al día siguiente, antes del amanecer, Xango provocó rayos y tanta lluvia, que abrió la colina Okerê en dos, partiéndola al medio para que Iemanjá pudiera tener paso al océano, donde vive desde entonces, rehusándose a regresar a tierra.

LAS OLAS

Se registran diferentes momentos y grados de presencia de las distintas formas religiosas africanas en Argentina y Río de la Plata. Me pregunto si puede esto asociarse a las distintas corrientes migratorias y a los históricos episodios de exterminio masivo. Luego de desembarcar en América vía la esclavitud y el tráfico de personas africanas, las prácticas y creencias religiosas pudieron sobrevivir en muchos casos casi exclusivamente en formas sincretizadas con personajes de la mitología católica.

En Argentina, los practicantes comenzaron a visibilizarse nuevamente recién en la década del ‘60 como movimiento autónomo que se expandió desde Montevideo y Porto Alegre. No obstante, las prácticas y ofrendas fueron estigmatizadas y censuradas durante los gobiernos de facto.

Actualmente, las formas religiosas africanas están inscriptas y validadas en el Ministerio de Culto.

Las recientes oleadas migratorias de países africanos desde el ‘90, no ha modificado visiblemente la cantidad de practicantes, pero sí se registran casos donde los nigerianos facilitan ligüística y culturalmente los contenidos de los cánticos y oraciones yorubas a los devotos.

LAS VOCES

Valeria de Iemanjá es hija de la Mae. Hace 6 años que asiste al Templo de culto africanista Madre de los Milagros (en homenaje a la orixá Oxum) en Lanús Oeste. Todos los años se toma las vacaciones en el trabajo, considerando que el día de su orixá es el 2 de febrero y ese mismo día o el domingo que le sigue, irá a realizar su ofrenda. Para las festividades de Iemanjá, concurre en familia y junto a su Pai de Santo Lito de Oxum a Punta Lara, camino a La Plata y pasando Quilmes, donde también mucha otra gente se autoconvoca. “Rindo homenaje a mi orixá, que me abraza y guía en la misión de la vida. Es un compromiso inquebrantable que aumenta conforme al paso del tiempo.”

Reconoce que en Argentina hay un fuerte arraigo de prejuicios negativos sobre la religión umbanda. “La gente le teme a lo que no conoce, aunque si te ponés a pensar, se trata de algo muchísimo más antiguo que el cristianismo o el catolicismo.”

Por otra parte, la Mae de Santo Peggie de Iemanjá, de la Asociación Religiosa Argentino Africana Omi O-Babá de Florida, advierte una marcada evolución y apertura de la conciencia popular hacia la festividad de Iemanjá en comparación con otros tiempos. Hace como 30 años que Peggie practica la religión de los orixás y recuerda épocas muy duras donde se operaba un alto grado de censura durante el período de la dictadura militar. “Una vez, un grupo de personas caminaba en procesión por la festividad de Iemanjá, y los militares tiraron una granada a la ofrenda, que explotó, y se llevaron detenidos a todos los devotos. Ahora, las ofrendas se hacen en distintos momentos del día y no tiene por qué ser de madrugada exclusivamente. Es una fiesta de alegría. Nuestro espacio está consagrado a Iemanjá, y como es el orixá que rige la casa, vamos a homenajearla aquí, pero luego llevaremos la ofrenda al río (usualmente lo hacían en la costanera de Vicente López, pero como ahora la cerraron para construir el canal vial, tendrán que buscar una nueva orilla).

Las fiestas de Iemanjá son cada vez más populares. Frigerio señala un movimiento de re-africanización y revalorización de los mitos africanistas y eso se ve reflejado en las prácticas cotidianas y la mayor tolerancia entre los distintos esquemas religiosos.

En Mar del Plata, todos los años, el 2 de febrero se realiza una fiesta multitudinaria, declarada de Interés Turístico por la provincia de Buenos Aires. Esta vez, la fiesta se traslada al domingo 6 para que puedan asistir también quienes sólo disponen del fin de semana.

En Salvador de Bahía y Montevideo, también se llevan a cabo festividades multitudinarias para honrar a la Mae.

En varios puntos del delta y orillas de ríos y arroyos en la provincia de Buenos Aires y el país, se celebran ofrendas a Iemanjá, porque se considera que de algún modo siempre, todos los ríos llevan al mar.

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Imagen: Juan Angel Redondo http://www.flickr.com/photos/redo
 
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