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Viernes, 8 de julio de 2011

COSAS MARAVILLOSAS EN VACACIONES

En busca del ovillo perdido

Títeres dedicados a un público de entre “0 y 7 años” conectan una historia con otra y alientan un final con ganas de bailar.

 Por Sonia Jaroslavsky

Un ovillo con pelusa con dramaturgia de Mariana Trajtenberg y dirección de Nelly Scarpitto es la quinta producción de la Compañía El Nudo dedicada al teatro de títeres y que ya va por los doce años de existencia. Hay que esconder al elefante, El Señor Nicodemo, Un tigre en el gallinero, y Un hipo desafinado son sus espectáculos anteriores reconocidos por su calidad y dedicados a los niños y niñas más pequeños.

La característica de este grupo es la de centrar su labor en la investigación sobre la poética del objeto. Es por eso que a lo largo de estos años siempre se han propuesto un desafío diferente para cada uno de los espectáculos. En Un ovillo con pelusa el desafío fue: “Armar un relato sin texto, con una alta dosis de disparate, humor y juego profundamente titiritesco”. Es por esta razón que la estructura de esta obra dirigida a niños de “0 a 7 años” es similar a la de un poema más que a un relato lineal: “Pensando en el ritmo y en la síntesis que ello supone”. Un poema tejido que va armando una red de pequeñas historias.

La historia es muy simple. A Pelusa, la pequeña ovejita, se le escapa un ovillo de lana. La obra avanza en diferentes escenas de persecución de Pelusa hacia el ovillo hasta dar con un final sorpresivo. El tejido será el leitmotiv central de esta historia que transcurre en diferentes espacios de un barrio, o bien podría ser un pequeño pueblo con dulces y queribles vecinos: una abuelita que teje y desteje en su pequeña mecedora, una señora que baila mientras cocina panqueques voladores, un niño en una biblioteca que está llena de libros mágicos, la ropa colgada de una terraza y una murga que despierta ganas de bailar, un hombre que intenta ducharse mientras las cañerías se pelean y el mar que vuelve con sus encantadores peces, como en Un hipo desafinado. Estas microhistorias están conectadas gracias a Pelusa, que es muy juguetona y persiguiendo a su ovillo perdido hace avanzar la historia y conecta cada uno de estos personajes.

El espectáculo transcurre en tres planos en diferentes alturas con la estructura del teatro negro, algo que también da ritmo y retoma el interés con sorpresa en los espectadores pequeños. Los títeres y objetos a través de la técnica de varilla y guante son manipulados con precisión por Mariana Trajtenberg, Daniel Scarpitto, Claudia Villalba, Julieta Alessi y Alicia Arosa y el grupo entero trabaja muy atento al ritmo que tiene cada escena. Además, hay que destacar la personificación de Pelusa y la abuelita con voces que resultan dulces melodías. El diseño de los títeres y objetos a cargo de Alejandra Alonso es de una belleza que se luce gracias a un trabajo lumínico de Sebastián Ochoa impecable. Texturas de telar, y pequeños muebles (como la cocinita) con detalles cercanos a los cuadros de Vincent van Gogh proponiendo siempre formas redondeadas y nunca rectas.

La música a cargo de José Ríos y Federico Palmero tiene tanta importancia como los demás rubros técnicos, y para este espectáculo cobraron relevancia música y canciones como candombes y cuecas, que incitan al público a aplaudir: la escena de la murga se lleva las mejores risas y aplausos. ¤

Un ovillo con pelusa. Sábados y domingos, 16 hs. En vacaciones de invierno: martes a domingo a las 16. Centro Cultural de la Cooperación. Av. Corrientes 1543. 5077-8077. $ 35 (menores de 2 años sin cargo).

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