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Viernes, 25 de mayo de 2012

ARTE

¿Y tú,Tina?

Nada de lo humano le fue ajeno a la fotógrafa Tina Modotti en su vasta obra realizada en pocos años. México fue el lugar donde esta mujer de origen italiano encontró su vocación artística y un profundo compromiso social y político. Nacida a fines del 1800, desafió los estereotipos de su época, fue revolucionaria y feminista. Un centenar de sus fotografías se exhiben en el Centro Cultural Borges hasta el próximo 7 de julio.

 Por NoemI Ciollaro

Las fotografías de Tina Modotti hablan a través del poder y la elocuencia del blanco y negro. La fuerza del contraste se amalgama con la brutalidad y la ternura de la vida que se abre paso entre el amor, la lucha, la miseria y la esperanza. Las mujeres mexicanas de rostros como esculpidos en piedra, manos deformadas de lavar ropa ajena en el río y andares altivos que desmienten la sumisión y la renuncia, son las protagonistas centrales de su imponente obra.

CAMPESINO CON HENO. MEX.1926.

Tina (1896- 1942), Assuntina Adelaide Luigia, nacida en Friuli, Italia, pasó los primeros años de su vida con su familia en Carinzia, donde trabajaba su padre. Una particularidad del movimiento obrero de la Carinzia fue su internacionalismo concreto. En esta región, que hoy se conoce como “región de tres países“, italianos y slovenos trabajaron, codo a codo, con sus colegas austríacos. Muchos años después, Tina adulta hablaría con entusiasmo de las manifestaciones del 1º de mayo a las que su padre la llevaba en brazos, para que pudiera ver mejor a los obreros con los puños alzados.

Cuando su padre y su hermana mayor partieron en 1903 a hacer la América, ella, con 12 años, se convirtió en el único sostén de su madre y tres hermanos trabajando en una fábrica textil.

En 1913 partió desde Génova para instalarse en San Francisco junto a su padre. Allí, mientras siguió trabajando en fábricas y sastrerías, hizo teatro y recitó junto a los inmigrantes italianos. Joven, curiosa y apasionada, conoció en 1915 a Roubaix de l’Abrie Richey, “Robo”, pintor y poeta de frágil salud y carácter melancólico. Casada con él Tina descubrió su propio espíritu creativo. Incursionó como actriz en tres films hollywoodenses, pero sintió que no era lo suyo.

Tiempo después conoció al azteca Ricardo Gómez Rebelo a través de quien ella y Robo supieron de la revolución mexicana y la profunda transformación social que se estaba operando en ese país, a partir de lo cual proyectaron emigrar, en 1921. Tina había conocido poco antes al fotógrafo Edward Weston al que asistía en su estudio y por quien sintió una pasión arrasadora, muy diferente al amor que la unía a su marido. Cuando en 1922 decidió viajar a reunirse con Robo, éste murió repentinamente de viruela. Tras su entierro, en una breve estadía en México ella se contactó con los artistas Diego Rivera, Clemente Orozco y Xavier Guerrero e intuyó que en ese medio cultural y social podría encauzar su espíritu creativo y sus ideales.

En 1923 convenció a Weston, que era casado y tenía cuatro hijos, de radicarse juntos en México. Con él Tina comenzó a experimentar con la fotografía, al tiempo que se insertaba en el nuevo ámbito y accedía a los círculos artísticos, intelectuales y políticos.

Weston fue su maestro, pero pronto Tina descubrió su propio camino. Para ella el sujeto fotográfico eran los seres humanos, las mujeres; y a medida que fue conociendo a fondo las vivencias del pueblo azteca surgió una fuerte identificación. Paralelamente fue creciendo su participación social y política en la corriente de los muralistas mexicanos fundadores del sindicato que fue admitido en la Internacional Comunista.

En 1926 el compromiso absoluto de Tina con las organizaciones comunistas profundizó su distanciamiento de Weston, quien regresó a Estados Unidos. Las más bellas imágenes de Tina, que también se exponen en el Borges, fueron de autoría de ese hombre que sin duda la amó y llevó un detallado diario íntimo de la relación: “Esta vez, México, es un adiós para siempre. ¿Y tú, Tina? Siento que este también debe ser un adiós definitivo”, escribió él en aquellos días.

La exposición inaugurada en el Centro Cultural Borges titulada “Tina Modotti: fotógrafa y revolucionaria”, curada por Reinhard Schultz y Blanca Monzón, reúne 100 fotografías que dan cuenta de la historia personal y política de esta mujer.

MAIZ, CANANA Y GUITARRA. MAX. 1927.

La humanidad en el centro

En su primera etapa artística Tina realizó tomas de las estructuras arquitectónicas de un estadio en el Distrito Federal mexicano; del Convento de Tepoztlán y de flores y plantas, son fotografías de la belleza quieta de los objetos y las formas, de ascetismo inquietante por los contrastes casi transparentes entre el blanco y el negro con sus sombras y matices.

Pero ya en 1924, en una toma de la Carpa del Circo de Moscú realizada en el D.F. mexicano, Tina incluye las figuras casi fantasmales de cuatro hombres sentados en las gradas con sus típicos sombreros. Es la primera aparición del ser humano en su obra.

De allí en más, hasta 1930 Tina encontrará en el pueblo, especialmente en los sectores más empobrecidos, su inspiración.

Su relación con el pintor Xavier Guerrero, miembro del Comité Central del PCM (Partido Comunista Mexicano) a quien había conocido en 1922 y con quien convivió a partir de 1926, marcó su acercamiento definitivo a ese partido político y a su periódico El Machete.

Tina comenzó entonces a volcar en su fotografía los contrastes entre barrios ricos y pobres. Su casa se convirtió en un lugar de reunión de los miembros del PCM y en 1927 arribó allí el italiano Antonio Vidali, representante del Socorro Rojo Internacional.

Guerrero fue enviado por el partido a Moscú por tres años, lapso en el cual Tina estableció un vínculo de amistad con un emigrado político cubano, Julio Antonio Mella, quien se enamoró de ella de inmediato, aunque debió esperar para que accediera a compartir su pasión. Ese hombre la deslumbró por su inteligencia y su afán revolucionario y militante.

Pero la noche del 10 de enero de 1929 cuando llegaban juntos a su casa, Mella fue asesinado de dos tiros. La prensa anticomunista registró el asesinato como un “crimen pasional” motivado por Tina y publicó todos los materiales encontrados en su casa, incluso unos bellísimos desnudos que Weston le había tomado años antes.

A partir de allí inició una “segunda vida” así definida por ella, en la que experimentó un gran cambio anímico y profundizó al extremo su compromiso y trabajo político. Sus compañeros y amigos le insistieron para que se tomara un descanso.

Fue entonces que viajó al sur de Oaxaca con el objetivo de fotografiar a las “tehuanas”, las mujeres de Tehuantepec famosas por su orgullo, su espíritu enmancipatorio y su belleza.

Marcha de los trabajadores 1926.

Las insumisas de Tehuantepec

En plena felicidad o en el dolor más profundo, la corta carrera de Tina Modotti tuvo una producción excepcional, de un contenido artístico innovador y exclusivo.

Entre las 100 fotos de la muestra, la serie de las “tehuanas” registra las calles del sur de Oxaca recorridas cotidianamente por hermosas y sensuales mujeres que cargan sobre sus cabezas ollas, jarras y cestos con frutas y flores y visten ropas coloridas que remiten a aquellas que se ven en las pinturas de Frida Kahlo y de Diego Rivera. Por entonces se consideraba a Tehuantepec como un territorio matriarcal habitado por bellas mujeres aborígenes.

La población campesina de Jalapa y Veracruz fue otro de los objetivos de su lente implacable. El 1º de mayo de 1926, en el Zócalo, Tina Modotti hizo una de sus fotografías más famosas: La marcha de los trabajadores, en la que se ve a los campesinos desde arriba marchando con sus sombreros.

A fines de la década del ’30 Modotti debió abandonar México luego de pasar doce días encarcelada. Viajó a Berlín y a Moscú donde se incorporó al Socorro Rojo Internacional y a partir de allí tuvo muy escasa producción fotográfica.

Tras una estadía en París –para entonces prácticamente había abandonado su arte por la militancia ilimitada– estalló la guerra civil española que la encontró en ese país colaborando con las tropas republicanas. Allí entabló una estrecha amistad con Pablo Neruda, Rafael Alberti y Miguel Hernández.

Finalmente regresó a México, donde frecuentó a pocos de sus viejos amigos. Uno de ellos, el fotógrafo Manuel Alvarez Bravo, le ofreció usar su cámara pero Tina le agradeció el gesto y le dijo que ya era tarde… su alegría de antaño había quedado en el camino; el pacto entre Stalin y Hitler había terminado de abatirla.

Desde 1932 ella y Vidali, que hasta entonces habían sido “camaradas”, se convirtieron en pareja. El 6 de enero de 1942, de acuerdo con los resultados de una autopsia rescatada en 1993 por una escritora, Tina habría muerto por “una congestión visceral generalizada, originada en una lesión orgánica de su corazón”. El 7 de enero fue sepultada en el cementerio Dolores, el mismo donde yacía Robo. La lápida que cubre la tumba muestra un relieve de su perfil y algunas palabras del poema que Neruda le dedicó poco después de su muerte: “Tina Modotti, hermana, no duermes, no, no duermes…”.

RETRATO DE TINA POR EDWARD WESTON.

Centro Cultural Borges
Viamonte esq. San Martín
de lunes a sábado de 10 a 21.
Domingos y feriados de 12 a 21.

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MUJER EN TEHUANTEPEC. MEX. 1929.
 
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