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Viernes, 10 de agosto de 2012

VIOLENCIAS

Retrato de la impotencia

Al mismo tiempo en que comenzaba, hace una semana, un seminario sobre violencia de género y la búsqueda de soluciones para proteger los derechos de las mujeres en la Defensoría General de la Nación, las radios anunciaban el hallazgo del cadáver de una joven que además había sido violada. No se trataba de una mala jugada del destino, sino de una impronta cotidiana: la violencia hacia las mujeres sucede, indiferente a la letra de la ley, a la denuncia, a la resistencia de ellas mismas. Y aunque los números en el sur del mundo son alarmantes, la situación es global. ¿Por qué todos los esfuerzos parecen inútiles? ¿Qué herramientas ofrece el Estado a las mujeres para que puedan protegerse? Retrato de una urgencia que necesita mucho más que buenas intenciones.

 Por Luciana Peker

Una mujer no identificada de 33 años murió después de ser asesinada por su marido en Boedo, la semana pasada, de tres cuchilladas en el pecho. El asesino se entregó y confesó el crimen. El 3 de agosto encontraron a una chica violada y asesinada en Villa Lugano. La adolescente era buscada –hacía dos días– desde que desapareció de su casa en la villa 1-11-14, en el Bajo Flores. ¿Por qué siguen los femicidios? ¿Por qué no se pueden detener? ¿Por qué con leyes aprobadas no se puede erradicar la violencia de género? ¿Por qué el fenómeno es tan global que sucede tanto en Argentina como en Noruega? ¿Qué hacer?

“No traigo recetas porque aún no hemos resuelto el problema”, asumió la economista Mildrid Mikkelsen, experta en violencia de género y directora del Centro Noruego del proyecto ROSA (que lucha contra la trata de mujeres) en el seminario “Violencia de género: Buscando soluciones para promover y proteger los derechos de las mujeres” que se realizó el 3 de agosto en la Defensoría General de la Nación. Aunque sí dio pistas sobre la creación de refugios, la entrega de créditos y el uso de la tecnología al servicio de cortar con la cadena de violencia que sufren las mujeres.

En este marco, se presentó el “Mapa de Violencia de Género en Argentina”, realizado por la Asociación de Políticas Públicas (APP), por Diego Fleitas y Alejandra Otamendi (ver recuadro). Ambos investigadores acentúan el riesgo de las mujeres más jóvenes y la inequidad de género en las provincias del norte: “Dentro de los hallazgos del trabajo, es de destacar que en los hechos de violencia contra las mujeres se observa una doble dinámica, una propiamente de violencia de género, y otra más vinculada con cuestiones como de violencia urbana y robos. A su vez, se comprobó que en la Argentina de 1997 al 2010 ocurrieron 6077 homicidios y 8806 suicidios de mujeres, siendo notable el incremento de suicidios de jóvenes, en particular en el norte del país. Asimismo, en dichas provincias parecería ocurrir una dinámica más acentuada de violencia de género en general. En cuanto a golpes a mujeres, de acuerdo con un procesamiento que se hizo de una encuesta del Ministerio de Salud, 461 mil mujeres habrían sido golpeadas en el año 2009, pero hay que aclarar que parte de los casos estarían vinculados no directamente con violencia de género sino con la ocurrencia de robos”.

La defensora general de la Nación, Stella Maris Martínez, asumió que “todavía queda mucho por hacer porque no hemos logrado penetrar en el problema cultural que subyace a la violencia de género”. Al respecto, sostuvo que “existe un discurso oficial que repudia la violencia pero también hay una realidad que se contrapone con ese discurso”.

La violencia de género está en la agenda. Pero las soluciones se escurren de los dedos de las manos y les cuestan la vida, los días, las desventuras y las angustias a miles de mujeres. Una de las razones es que existen leyes, pero faltan abogados/as que las defiendan. Martínez remarcó que “no se ha creado hasta hoy un sistema legal que garantice el patrocinio jurídico para las mujeres que son víctimas de violencia, tal como lo establece la ley”. Ante la sensación de impotencia por no poder ver cambios más importantes, la subsecretaria de Promoción de Derechos Humanos de la Nación, María Cristina Perceval, propuso: “Hay que volverse rabiosamente feministas”. Y ella –que fue la autora de la ley para prevenir y erradicar la violencia de género– enfatizó: “Sin ley no se avanza, pero con la ley sola no alcanza”.

UNA ALARMA EN NORUEGA

Mikkelsen no parece rabiosa, pero sí se define feminista. También –tal vez apasionadamente como el rojo de su pelo– optimista. Aunque tiene los pies sobre la tierra y sabe que aun en uno de los países más equitativos del planeta la violencia de género no pudo ser erradicada y que ése es todo un desafío.

¿Cómo es la situación de violencia en Noruega?

–Un 25 por ciento de las mujeres han sido expuestas a alguna forma u otra de violencia. Y el 9 por ciento a violencia severa.

¿Por qué en un país desarrollado como Noruega continúa la violencia de género?

–Hay estructuras del patriarcado existentes. Es difícil entender por qué todavía este problema subsiste con tanto esfuerzo que se ha hecho para erradicarlo. Es preocupante que no haya bajado más la violencia. Pero se puede ver que hay más denuncias por violencia doméstica y por violación. Yo pienso que eso está bien porque es una indicación de que el estigma en la sociedad se está bajando y que más mujeres se atreven a denunciar. En el 2011, más de mil mujeres pusieron denuncias por violación ante la policía y hay un incremento del 14 por ciento del 2007 al 2011. También en esa fecha subieron un 174 por ciento las denuncias por violencia doméstica. Se cree que ese incremento se debe a que por fin se pueden lograr algunos resultados, pero también a que el artículo del código penal que reglamenta esta violencia entró en vigor en el 2006.

¿La violencia se da en todas las clases sociales?

–Se cree que se distribuye igualmente entre las clases sociales pero depende también qué tipo de violencia. Los matrimonios forzosos se dan en la población de migrantes.

¿Qué medidas han sido las más efectivas para combatir la violencia?

–En cuanto a protección, el rol que han desempeñado los refugios es fundamental en el sentido de visualizar el problema y de dar una solución concreta. Para buscar soluciones se tiene que conocer a las mujeres expuestas a las violencias. También cambiar actitudes, como introducir módulos educativos en diferentes carreras, que tratan de sensibilizar sobre la temática en la policía, los trabajadores sociales, el personal de salud público. Ha sido importante en el sentido que ya una mujer violada pueda ir a la policía sin tener temor de ser tratada mal y que también crean en su historia y no lo vean como un problema familiar. La educación sexual es muy buena en las escuelas y eso es importante.

¿La educación sexual es fundamental para evitar que comience la violencia?

–Los jóvenes entienden que hay ciertas barreras que no pueden cruzar. Las violaciones ocurren en fiestas y esto puede ser porque toman demasiado alcohol y eso se podría prevenir dentro de la educación discutiendo esa temática en la escuela.

¿Cómo usan la tecnología?

–Hay dos alarmas: una que porta la mujer –que parece un celular– para activar la alarma y otros para comunicarse con la policía. Tiene GPS y puede localizar inmediatamente a la mujer en el caso de que esté en peligro. Esto es para las que ya denunciaron, que tienen orden de restricción y que necesitan que se cumpla. Este sistema funciona bien. Pero ahora se piensa implementar un sistema de alarma contra el agresor, que consiste en que el hombre porte una alarma –como una pulsera que no se puede quitar– con un transmisor preprogramado que alerta a la policía y se activa si entra a un lugar donde no puede entrar. De esta manera, se evita que la mujer tenga que tener el peso de protegerse a sí misma.

¿Hay programas para hombres violentos?

–El hombre violento entra en terapia con un psicólogo con el objetivo de hacerle entender su violencia y su responsabilidad y hacerle cambiar, porque se ve que los hombres repiten la violencia. Si salen de una relación con una mujer repiten la violencia en la relación siguiente. Entonces hay que romper esa cadena y ocuparse de los varones.

¿Cómo influyen los medios de comunicación?

–Es importante publicar más fotos que las que enfocan a la mujer como víctima. Se trata de empoderar a la mujer para que pueda salir de la situación y tener una mejor vida. Para que un periodista escriba algo sobre la temática en el periódico se necesita hablar con una víctima y saber todo sobre los sufrimientos, y yo pienso que es importante salir de esa imagen de la mujer como víctima. Siempre me impresiona tanto que mujeres que han sufrido abusos increíbles tienen tanta fuerza y logran salir de la situación, y es mejor enfocar en sus posibilidades en vez de en su sufrimiento. Me encuentro también mucho con mujeres víctimas de trata o violencia sexual que intentan salir de la prostitución y los periodistas siempre quieren fotos de ella como si todavía estuvieran vendiendo sexo y si no que estén en la televisión llorando con su bebé diciendo que Noruega es el mejor país del mundo y eso crea una imagen de la mujer que no es correcta. Porque las mujeres que han sobrevivido a abusos sexuales, trata o violencia doméstica tienen una capacidad de supervivencia increíble y eso significa que también tienen muchos recursos.

¿Dan créditos o subsidios laborales?

–Yo creo mucho en tener la posibilidad de trabajar. He visto cambios increíbles en las mujeres que han tenido la posibilidad de empezar una vida normal, encontrarse con otra gente que no tiene esa experiencia de violencia, quizá por primera vez, sentirse estimadas, valoradas. Es muy importante.

¿Cuál es tu perspectiva?

–Yo soy feminista y es imposible entender que en un país tan rico como Noruega no vamos a llegar a un punto donde vamos a tener la igualdad entre los géneros. No veo ninguna razón para que eso no pase, hay que continuar el trabajo, un día vamos a tener una sociedad sin violencia contra las mujeres. Estoy segura.

EN LA PRACTICA

Una mujer recibe un golpe. A otra le tocan la cola en su trabajo y su jefe se ríe ante sus quejas. Una madre deja de tener plata para darles de comer a sus hijos cuando su marido se va de la casa. Una esposa es obligada a tener sexo por la fuerza con su marido. Nada de esto puede pasar. Pero sucede. La Ley para Prevenir y Erradicar la Violencia hacia las Mujeres combate la violencia simbólica, económica, sexual, obstétrica, física, emocional, aunque hay diversos obstáculos para llevarla a la práctica y que los derechos se conviertan en hechos.

Por eso, la Defensoría General de la Nación presentó el libro Violencia de género: estrategias de litigio para la defensa de los derechos de las mujeres, publicado con el apoyo de la embajada británica en Buenos Aires. “La idea del libro es constituirse en una herramienta de trabajo no solamente para los defensores públicos, sino también para todos los abogados y abogadas, y ser el puntapié inicial para un buen trabajo en red, pero aún queda un trabajo muy grande para lograr que se cumplan las leyes que fueron aprobadas y que no sean sólo declamaciones”, sostuvo la defensora general de la nación, Stella Maris Martínez.

Raquel Asensio, coordinadora de la Comisión sobre Temáticas de Género de la Defensoría General de la Nación, apunta: “Argentina adhirió a la Convención de Belem do Para y sancionó la ley 26.485, sin embargo, en la práctica, muchas mujeres se sienten indefensas, ¿a qué se debe esto?, ¿cuál es el mejor camino a tomar? Si bien la Argentina asumió fuertes compromisos, los mismos no se tradujeron en políticas públicas que garanticen a las mujeres que viven en situación de violencia los recursos necesarios que les permitan romper con la relación de violencia en la que se encuentran inmersas. Erradicar la violencia sexista exige erradicar la discriminación de género, objetivo que involucra no sólo a la Justicia, sino a todos los poderes públicos y a la sociedad en general. Frente a situaciones de violencia concretas, la respuesta estatal no puede restringirse al responsable, sino que también debe asegurar asistencia integral a las víctimas y medidas preventivas efectivas”.

La solución no está solo en la ley, sino en garantizar la ley con políticas públicas: “En casos de violencia de género en las relaciones familiares o interpersonales, se deben implementar políticas integrales que ofrezcan una posibilidad real a las víctimas de salir de la relación violenta. Ello implica que tales políticas contemplen, por ejemplo, asistencia médica, legal y psicológica gratuitas, el acceso a una vivienda y a programas de capacitación y reinserción laboral, facilidades para acceder al crédito, la posibilidad de mantener escolarizados a los niños, entre otras medidas”, describe Asensio.

Otro problema es conseguir un abogado/a y, mucho más, cuando hay urgencias, cuesta salir de la casa o no hay dinero para solventar un profesional. “Pese a la implementación de varias iniciativas tendientes a ampliar el acceso a la Justicia en este tipo de casos, aún persisten numerosas barreras que impiden que las mujeres puedan reclamar en sede judicial sus derechos, tales como el desconocimiento sobre sus derechos y los mecanismos de exigibilidad, falta de un reconocimiento de la violencia como un problema social y no simplemente como algo que sucede en las familias, persistencia de prejuicios y estereotipos de género en las y los operadores judiciales, entre otros”, afirma la coordinadora de la Comisión sobre Temáticas de Género de la Defensoría General de la Nación . Y agrega: “La ley 26.485 y su decreto reglamentario establecen el derecho de las mujeres víctimas de violencia a contar con asistencia jurídica gratuita y preferentemente especializada, sin necesidad de acreditar la falta de recursos para costear un abogado particular. Sin embargo, ante la falta de funcionamiento de servicios jurídicos suficientes para brindar ese servicio a todas las víctimas de violencia de género, se autoriza a las mujeres a formular las denuncias de hechos de violencia en sede judicial sin necesidad de contar con asistencia letrada. Pero sería importante que toda mujer víctima de violencia pueda contar en forma gratuita con asesoramiento y asistencia letrada como garantía de una mejor defensa de sus derechos”.

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