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Viernes, 23 de noviembre de 2012

El machismo tiene su reserva ecológica

POLITICA. A pesar de que existe una ley de cupo sindical, las voces de las mujeres están prácticamente silenciadas detrás de eternos líderes varones que las toman en cuenta mayoritariamente para las secretarías de género u otras ligadas a lo que tradicionalmente se considera femenino. La mayoría de los sindicatos viola abiertamente la ley de cupo, algo que sólo puede explicar el machismo amante del poder y sus privilegios.

 Por Elisabet Contrera

El sindicalismo fue productor de noticias en esta semana y en los últimos meses: el paro del martes pasado, la pelea entre “moyanistas” y “cristinistas”, la consiguiente ruptura de la CGT, el paro por diez días de los metrodelegados, las acusaciones cruzadas con la UTA y el Gobierno porteño son algunos ejemplos recientes. Estos conflictos mostraron una postal repetida: la cara y voz de esos reclamos, marchas y conferencias siguen siendo los varones. A diez años de la sanción de la Ley de Cupo Sindical, todavía queda mucho por andar y desandar en la búsqueda de equilibrar la balanza de género.

¿El sindicalismo sigue en manos de los varones?, ¿las mujeres tienen oportunidades de participar?, ¿hay techo en el crecimiento de su vida sindical?, ¿o es posible llegar a los puestos más altos?, ¿están confinadas a “ocupar” los cargos vinculados a las problemáticas de género?, ¿hay más chances en los sindicatos municipales y provinciales?, ¿qué pasa en los gremios nuevos? Las12 planteó estas preguntas a especialistas, dirigentes y delegadas de gremios con diversas historias y caminos.

En un país liderado por una presidenta y con un gabinete integrado por mujeres en ministerios claves, con juezas de larga trayectoria en la Corte Suprema de Justicia y un Congreso con representación femenina alta, sólo el 5 por ciento de los sindicatos nacionales son dirigidos por mujeres.

Así lo revela la investigación Sexo y poder, elaborada por ELA y basada en una muestra de 140 sindicatos en los cuales se relevaron los cargos de primera línea, presidente y consejo directivo. “La proporción de mujeres en lugares de decisión dentro de las estructuras sindicales es muy baja y rara vez se alcanza el 30 por ciento”, advierte el informe.

En base a estos números, la mayoría de los sindicatos están violando la ley 25.674, conocida como la Ley de Cupo Sindical. Esta norma fija un piso mínimo de 30 por ciento de mujeres en cargos electivos y de representación cuando el número de mujeres alcance o supere ese porcentaje sobre el total de trabajadores empadronados.

“La primera sorpresa fue corroborar que la sociedad es mucho menos igualitaria de lo que parece indicar el cumplimiento de las normas de cupo”, señala Natalia Gherardi, abogada y directora ejecutiva de ELA. “Este número insuficiente de mujeres en altos puestos no se explica si no es por motivos de discriminación, ya que hay una gran cantidad de mujeres con las necesarias credenciales educativas y trayectorias laborales para asumir estos liderazgos”, sostiene.

Para la especialista, “la sanción de la ley de cupo no ha tenido un impacto significativo en los cargos altos de los gremios. De modo que debería reforzarse esta medida, en paralelo a exigir su cumplimiento, mediante otras herramientas que resulten más acordes al sector y que promuevan la presencia de mujeres en los espacios de máxima decisión”, plantea.

Las metrodelegadas

La Asociación Gremial de Trabajadores del Subterráneo y Premetro (AGTSyP) fue centro de atención por diez días al paralizar el servicio de subte en reclamo de aumento salarial. También, a la hora de negociar el levantamiento de la medida, fueron criticados por algunos medios de comunicación por bajar sus pretensiones y reclamar mejoras en las condiciones laborales, que incluían, entre otros puntos, agregar un día a la licencia por nacimiento.

Aunque Néstor Segovia y Roberto Pianelli fueron las caras visibles de este conflicto, el gremio cuenta en sus filas con muchas mujeres que apoyan a su dirigencia y otras que fueron elegidas para ser conductoras por el voto de sus compañeros/as.

Un ejemplo de ello es Agustina Ionno (25), delegada de estaciones de la línea C, uno de los trayectos más concurridos por unir Constitución con Retiro. El 3 de agosto, día que comenzó la medida de fuerza, ella cumplía cinco años como boletera en la estación Constitución y poco más de un año como delegada.

“A los pocos días de empezar a trabajar comencé a participar, aunque en ese momento tener sindicato propio no era más que una utopía”, recuerda. “Enseguida me encontré, por un lado, con injusticias y abusos de poder de la empresa y, por otro, con un colectivo de gente que tenía voluntad de hacer de nuestro trabajo un lugar mejor”, remarca.

A la hora de discutir, construir y actuar la voz de las mujeres tiene el mismo peso que la de los varones, la lucha –asegura Ionno– es a la par. “La participación de mujeres es muy grande, ves mujeres en el sindicato todo el tiempo, ya sea laburando en la Secretaria de Género o en la radio del subte”, detalla. “El subte es un colectivo que no hace diferencias con respecto a edad, género, luchamos en conjunto por el bien común”, resalta.

Tampoco se sintió relegada o discriminada a la hora de ejercer como delegada. “Soy consciente de que existe un estereotipo de sindicalista muy arraigado en la sociedad, pero en el subte me siento una compañera más de lucha. Quizá, al principio, me pasó que a mis compañeros les resultaba raro tenerme como delegada porque tenía 24 años, pero ese temor se disipó con hechos y ya no existen esos prejuicios”, comenta.

Para Ionno, las mujeres no tienen techo en el gremio y está dentro de su universo de posibilidades llegar a ocupar el cargo de secretaria general. “El subte dejó de ser un lugar de hombres hace mucho tiempo. En este sindicato todos tenemos las mismas oportunidades así que no tengo ninguna duda de que eso suceda”, sostiene.

“Fortalecer el liderazgo de las mujeres”

Una investigación de Silvia Chejter y Claudia Laudano de 2002 hace un recorrido por la historia de la CTA y el hito que marcó en la historia del sindicalismo y la participación de las mujeres la reforma estatutaria del 2000. Incluyó la creación de la Secretaría de Equidad de Género e Igualdad de Oportunidades y estableció un cupo mínimo del 20 por ciento en los cargos directivos de la CTA. “Gracias esa reforma ingresaron 400 mujeres a las dirección y se eligieron a nivel nacional 120 secretarías de equidad de género”, detallan las investigadoras.

“Esa reforma no supuso el inmediato cumplimiento del cupo y la integración de las compañeras a la conducción”, aclara Estela Díaz, dirigente histórica del gremio y secretaria de género a nivel nacional. “Hubo que discutir bastante esta cuestión, organizarnos con las compañeras de las diferentes provincias, incluso en algunos casos llegar a realizar presentaciones formales a la junta electoral para la modificación de la listas”, recuerda.

Hoy, el escenario de la CTA está partido en dos. En el sector que responde a Hugo Yasky, el 33 por ciento de la conducción nacional está integrada por mujeres. “En muchas regiones y provincias se supera ampliamente el cupo”, detalla.

Para Díaz, no sólo se cumple el cupo sino que en el último tiempo se registraron avances más profundos. “Ya no es necesario que sea ‘la secretaria del tema’ la que reclame la voz de las mujeres, sino que son los mismos compañeros los que destacan esa necesidad”, resalta. “Hay un cambio cualitativo en las relaciones de género en la sociedad, así como la ampliación de temáticas como los de diversidad sexual”, evalúa.

A la hora de analizar el estado del sindicalismo puertas afuera, Díaz reconoce el histórico sesgo machista. “La escasa renovación y cambios en las estructuras sindicales son las que impiden la mayor movilización no sólo para inclusión de las mujeres sino también de las y los jóvenes.”

Pero a la vez cree que el sindicalismo está en el momento justo para hacer algunos cambios. “Estamos frente a una crisis importante, primero la tuvimos en la CTA y ahora se está transitando la fractura de la CGT; debería ser una oportunidad para discutir una reforma profunda, que fortalezca la libertad y la democracia sindical”, reflexiona.

Una reforma que, según la dirigente, debe ir acompañada por la necesidad de fortalecer los liderazgos de las mujeres y los jóvenes sindicalistas. “Necesitamos un fuerte proceso de politización y militancia par dinamizar la participación y contribuir a erradicar ese estigma tan fuerte en contra del sindicalismo.”

La FEB conducida por mujeres

La Federación de Educadores Bonaerense (FEB) es uno de los espacios de participación de los docentes en la provincia de Buenos Aires. Su particularidad es que históricamente fue conducida por mujeres a diferencia, por ejemplo, de Suteba, que hoy está a cargo de Roberto Baradel.

Su presidenta es Mirta Petrocini, que está ejerciendo su segundo mandato al frente de la Federación. Comenzó su recorrido en la docencia como maestra de educación especial y de grado de un Centro Educativo Complementario. Allí empezó a participar sindicalmente como delegada de escuela, luego formó parte del consejo directivo local y después saltó a la provincia.

“En ningún momento me sentí discriminada. Históricamente en la Federación hubo conductoras. Somos una organización que nuclea en su mayor parte a mujeres. Hay que tener valentía para emprender el camino de educar y formar personas críticas y autónomas, por lo cual en el universo docente se reconoce la fuerza del género femenino y se la respeta”, afirma.

En la actualidad, el 90 por ciento de las afiliadas son mujeres y de las 26 comisiones directivas que tuvo la federación en su historia, 19 fueron presididas por mujeres.

A la hora de negociar con el gobierno bonaerense o acordar medidas conjuntas con otros gremios, la dirigente nunca sintió que su posición valiera menos por el hecho de ser mujer. “Entrar en un ambiente donde la mayoría son hombres requiere de una capacidad de adaptación tanto mía como de ellos, soy la única mujer del Frente Gremial Docente bonaerense. Los hombres tienen una manera de manifestarse diferente a la nuestra, ni mejor ni peor”, señala.

“Los sindicatos, en su mayoría, están conducidos por hombres, es algo cultural. La participación activa de las mujeres está logrando una ruptura en un espacio tradicional y hegemónicamente masculino. La docencia es una de las pocas profesiones donde las trabajadoras están unidas en gremios y no en colegios, como la medicina o la psicología”, explica. “Desde la FEB propiciamos la activa participación de mujeres y varones. Es la única manera de construir un país verdaderamente democrático y con diversidad”, sostiene.

“A nosotras nos cuesta mucho más”

Mónica Zubeldía tiene 50 años y hace 30 años que forma parte del Sindicato de Comercio de Almirante Brown, zona sur del conurbano bonaerense. “Desde que me afilié, comencé a participar dentro de la organización, primero como simple empleada de comercio y como una más de las que quería participar en algo colectivo y solidario en los últimos años de la dictadura militar.”

Nacida en una familia de trabajadoras donde el sindicalismo era considerado “la posibilidad de igualar hacia arriba” y víctima del atropello empresarial en sus primeros trabajos (extras impagos, falta de condiciones de salubridad, descuentos por días de enfermedad), no dudó en empezar a reclamar por los derechos de las compañeros/as.

“En los primeros años, era una de las pocas mujeres que participaba en la vida gremial, existía mucho miedo en aquel tiempo. Empecé a notar que las mujeres sólo se acercaban al gremio cuando quedaban embarazadas y por ello se me ocurrió proponer un beneficio, el plan materno infantil”, recuerda como uno de sus primeros logros.

Así comenzó su lucha por los derechos de las trabajadoras. Ese camino la llevó a crear el Departamento de la Mujer, que hoy preside, y a impulsar la apertura del primer consultorio ginecológico que entregara el DIU en forma gratuita a las empleadas de comercio.

“Ibamos bien, pero sumábamos más del 50 por ciento del gremio y no teníamos representación en la organización”, señala. “Es muy difícil hablar de participación por lo extendido de las jornadas de trabajo y por la multiplicidad de tareas que culturalmente debemos cubrir las mujeres, pero de todos modos fuimos alentando a las compañeras a que se animaran a participar en las elecciones y la ley de cupo tuvo un papel decisivo en ese proceso de apertura.”

En estas décadas de trabajo sindical, Zubeldía señala que nunca se sintió discriminada por los varones, aunque reconoce que las mujeres tienen que trabajar el doble para llegar a sus objetivos en comparación con aquéllos. “El lugar que ocupo me lo gané por mi manera de ser, por mi impronta trabajadora y militante. Nadie te regala nada en ningún ámbito y menos a una mujer”, admite.

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