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Viernes, 28 de febrero de 2014

COSAS MARAVILLOSAS

Hora libre

Conectarse con la propia experiencia de la niñez, buscar la mirada de cuando eran chicas, abrir el juego a la imaginación, a veces romper con lo esperado: ideas que guían el trabajo de estas artistas que volcaron su producción al público infantil. Paciencia y constancia, ilusiones y expectativas para generar algo diferente en el campo del arte para los más pequeños.

 Por Laura Rosso

Todo toma nuevo sentido cuando la obra habita en otras paredes. Antes, fue elegida por alguna razón: los colores, las formas, el clima. O una magia indefinible que puede estar representada en un paisaje, un personaje o un animal. Como Gato lectura, un gato enorme color celeste que tiene anteojos, un pajarito en la cabeza que está leyendo el diario. O Patonejo, que es blanco y verde con orejas de conejo, pico de pato, ojos raros –“medio creepy”, como lo define su autora– y que habita un bosque fantástico. Obras con toques de psicodelia y arte abstracto, como el oso gris al que le salen rayos de colores de los ojos, o cuadros con figuras simples, como la manzana gigante intervenida en su interior con pequeños dibujitos, y las flores-mandalas o los mandalas-conejos.

La reunión con ellas –que se dedican a hacer arte para chicos y chicas– ocurre en Villa Ortúzar, en un departamento del antiguo edificio construido por la Cooperativa El Hogar Obrero, allá por 1940, y donde sus habitantes comparten un jardín central con árboles, pileta y tobogán. Ellas son Uke, Celina Hilbert, Celeste Albani, Daniela Fiorentino y Caro Méndez Ferro. Algo de la memoria se dispara a la infancia y vuelve con imágenes y olores que cada una sabrá decodificar. En el departamento hay obras que cada una trajo y que entran en comunión en el revuelo que se arma cuando se sacan los envoltorios que las protegen. Como una especie de ceremonia compartida se descubren los trabajos y aparecen el magenta, el salmón, dégradés iluminados de verdes y contrastes entre colores cálidos y fríos. En la charla aparece la posibilidad de intercambiar datos de lugares donde comprar bastidores y materiales propios del métier, modos de vender las obras y variantes de cómo preparar limonada en días de calor. Hasta asomó la posibilidad de hacer obras compartidas. Que una la empiece, que otra la siga, que otra la complete. Que gire por diferentes manos.

Destino y gracia

La pregunta que se impone es desde dónde se piensa una obra cuyo destino es el público infantil. Cada una podrá ensayar su idea al respecto, pero al cabo lo que queda es ese mundo interno que se mueve inquieto y conecta con la esencia que cada una es. “La infancia es el solo país, como una lluvia primera de la que nunca, enteramente, nos secamos”, escribía Juan José Saer. Esa lluvia las acompaña. “El arte y la pintura me sirvieron siempre para contemplar, recordarme, volverme a ver en algunas situaciones y mejorarlas. El arte para mí tiene esa magia”, dice Daniela Fiorentino. Tres de las chicas, Celina, Celeste y Caro, son diseñadoras gráficas. El diseño las llevó a la ilustración, hasta que en algún momento el deseo de generar lo propio se hizo un lugar.

Celina y Celeste eran compañeras de la facultad y coinciden en que, aunque pareciera que se están escapando del diseño, con esta apuesta (trabajan juntas en un proyecto común que bautizaron Arte Pica) están llegando a más lugares. Cuenta Celina: “Yo ilustraba en un medio y sentía que quería expresarme de otra manera. Así fue como junto con Celeste comenzamos Arte Pica. Fue algo que yo siempre quise porque durante más de quince años trabajé sola. Hace tres tuve un hijo, bajé cambios y eso me ayudó a replantearme un proyecto personal. Nadie me estaba pidiendo nada, al contrario: yo estaba generando algo para después ofrecerlo”. En esos primeros tiempos, se juntaban a la noche para trabajar. Hoy tienen varios formatos, pueden empezar y concluir una obra cada una o intervenir en la obra de la otra.

Caro pinta y dibuja desde los ocho años y dice que le sale naturalmente. “Soy como una niña en un cuerpo de adulta, entonces hago lo que me gusta y en consecuencia eso gusta. Me divierto”, dice. El diseño la llevó a la ilustración y de ahí pasó a buscar otros medios, otras técnicas.

Uke y Daniela recorrieron su camino desde la Escuela Prilidiano Pueyrredón, la primera, y la Escuela Ernesto de la Cárcova, la segunda. Uke es Eugenia Carballo y una vez que egresó de la Pueyrredón hizo en el IUNA una extensión para artes visuales y se especializó en pintura. Terminada su época como alumna, Uke tuvo una etapa figurativa, después pasó a una etapa abstracta y luego volvió a la figuración, pero esta vez con motivos infantiles. De esta etapa, que ya lleva siete años, su primera pintura fue un oso. Se acuerda de que agarró un oso de plástico que tenía y lo pintó como se pinta una naturaleza muerta. Le gustó y tuvo la intuición de seguir por ahí. Daniela recuerda que empezó a pintar casi por instinto. Por cuestiones familiares de chica vivió en la casa-taller del pintor Antonio Berni. Durante esos años estuvo rodeada de sus inmensos “y complejos cuadros”. “Era maravilloso despertarme, bajar y recorrer la obra. Estar en su taller y ver su trabajo fue muy fuerte para mí. Yo convivía con los monstruos de Berni, con Juanito, con Ramona y con algunas obras que me daban mucho miedo”, cuenta. Ese universo la cautivó, no sólo en lo referente a la pintura, sembró intrigas acerca de aquel mundo de muñecos y personajes “a los que sólo les faltaba hablar”.

Cada una tiene su estilo. La tendencia en el trabajo de Uke es el personaje. “Ahora hago algo más pop, con una influencia japonesa del carácter. Creo personajitos como el conejo que dice ¡fuck you!, que fue un boom. Me nació de adentro.” Hay más cuadros con personajitos: un oso que grita “¡Quiero sushi!”, un conejo que con su enorme boca abierta y entre lágrimas dice “Besame” y otro que acusa “¡Soy así!”. A Daniela la inspiran sus sueños y desde ahí recrea su universo. Está hecha de muchxs niñxs. Eso dice al hablar de sus emociones, que se generan en un lugar profundo y luego dan el salto para nutrir su trabajo. Se dedica al arte infantil, tanto desde su obra pictórica –donde el color es fundante, “protagonista de la pieza”– como desde la escena, cuando es payasa y titiritera. A la hora de empezar a trabajar, piensa qué le gustaría que le contaran y enseguida aparecen sus hijos Francisca y León, fuente total de inspiración: “Retengo momentos precisos de sus juegos, de esa forma de mirar y de planear. Siempre me devuelven respuestas a mis preguntas. Si ven en un cuadro un personaje que se repite, enseguida advierten: ¡Ese está en el anterior, debe ser hermano de tal o cual!”.

Caro Méndez Ferro describe su pintura como figurativa, fantástica y surrealista. Inventa criaturitas que viven en bosques y cavernas donde priman los contrates entre colores cálidos y fríos. Si bien dice que no le gusta exponer, mostró su obra en bares y centros culturales, pero últimamente lo que hace es pintura en vivo, dibuja o pinta mientras suena la música. “Mis cuadros nacen a partir de un personaje que se me ocurre, por lo general son animales extraños, mezcla de conejo con pato o criaturas animalescas. Y surge también el mundo donde están estos personajes, que son como mis hijos.” Enseguida Uke remarca: “Cuando empezás a vender hay que cortar un poco con esa idea de los hijos, que yo también la tengo. Pero a la vez me pasa de pedir la foto del cuadro colgado para ver cómo quedó, o voy yo misma y lo cuelgo para que no se rompa ni quede ahí parado contra una pared”.

Tanto Uke, como Caro y las chicas de Arte Pica publican sus obras en Facebook y utilizan esa gran ventana para generar encargos y vender sus trabajos. Todas venden a precios bastante económicos. La anécdota dice que cuando Uke organizó una muestra en la peluquería de un amigo la cajera del lugar le pidió que anotara los precios al lado de cada obra. “A mí me daba vergüenza, pero lo hice y fue la exposición que más vendí.” Eso tal vez sirva para desmitificar esa imposibilidad de comprar una obra. Uke aclara que vende los cuadros pero no el personaje. Eso sí, cada cuadro es único. A Caro le gusta que sus cuadros sean accesibles, y si alguien quiere un cuadro suyo, negocia el precio. “Me interesa más lo que la persona siente cuando ve un cuadro mío que llenarme de plata.” Uke dice: “Pero estás trabajando. Ojo que yo también lo he hecho”. “Nosotras queremos hacer pero también queremos vender”, acuerdan las chicas de Arte Pica. Y agregan: “La tendencia es soltar, no está todo tan establecido, hay alternativas, circuitos abiertos y a través de Facebook tenés el barómetro de qué obras gustan más o menos”.

Para su obra, Daniela elige las acuarelas. Dice que esa técnica le da liviandad, que le permite jugar con agua. “Me gusta estar acuática, la poesía que da el trabajo creativo, una buena manera de cambiar el mundo, la única que conozco, la única que siento y en la cual milito desde adentro. Para mí el arte es un acto amoroso de entrega total.” Uke pinta con acrílicos, igual que las chicas de Arte Pica y sobre el tamaño de sus obras decidió pintar en dimensiones que entraran en su auto, para facilitar la entrega de los trabajos sin necesidad de pedir un flete.

Pinta tu aldea

Para concluir la tarde, cuando el sol ya se esconde y la luz natural se apaga en el hogar obrero, cada una esgrime: “Cuando yo pinto –dice Caro– busco que lo que estoy haciendo genere algo en mí. Emociones. Salirme de la realidad. Un mundo que me guste más. Feliz, extraño, raro, que pueda pasar cualquier cosa. Busco ese refugio”. “Nosotras buscamos situaciones más solitarias, más planas, no hay tanto recurso ilustrativo, apelamos al emblema, a algo más quieto, a las figuras simples”, sostiene Arte Pica. “Pintar es un medio de expresión, lo que yo siento, sale”, revela Uke. “Cuando pintás para chicos creás un mundo donde no hay angustia, querés que haya amor, un mundo dentro del gran mundo. Ese mundo tiene que ser lo más cuidado posible. Si va a estar colgado y vas a convivir con el cuadro, tiene que generar placer. Colgar un Goya en el living de tu casa es como muy fuerte.” “A los chicos también les gustan las cosas oscuras. Esos mundos oscuros como el de Tim Burton... Igual, yo tendría un Goya en el living”, concluye Caro, y todas se ríen.

Uke: www.ukecarballo.blogspot.com.ar
Arte Pica: www.artepica.com.ar
Daniela Fiorentino: www.danielafiorentino.com.ar
Caro Méndez Ferro: www.missandtropa.com.ar

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CARO MENDEZ FERRO Y UKE

CELINA HILBERT, CELESTE ALBANI Y DANIELA FIORENTINO
 
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