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Viernes, 25 de julio de 2014

MONDO FISHION

Las mujeres super-poderosas

 Por Victoria Lescano

“Creador busca mannequins atípicos” fue la proclama que Jean Paul Gaultier publicó con formato de aviso a comienzos de 1990, con la premisa de innovar en los modismos de la pasarela, hacer castings de modelos de una amplia franja etaria y romper con los cánones de belleza establecidos. Esa máxima de Gaultier volvió a estar en boga en su reciente colección de alta costura, celebrada en París durante julio. Así como en la apertura irrumpió la bella modelo suiza Catherina Loewe, dueña de silueta de un metro ochenta y 56 años confesos (la modelo que suele hacer gráfica en las principales revistas de moda iba vestida con un riguroso top negro entallado con ballenas similares a las de un corsé, guantes de cuero, pantalones y tacones de vértigo al tono que le conferían un aire extremadamente elegante). Pero cuando uno de sus tacones resbaló, la lady no pudo evitar el tropezón en la pasarela y lejos de los gags y la risotada inmediata seguidas por aplausos, la visión de Catherina de bruces, con su pelo largo y socorrida por asistentes de la primera fila resultó cruel y nada graciosa. La seguía una joven modelo vestida con un trench coat con asimetrías y cuyo peinado simulaba portar canas. Corresponde agregar que el desfile, que transcurrió en La Casa de los Horrores, de París, tuvo a modo de cierre la participación de Conchita Wurst, nombre artístico del cantante austríaco Thomas Newirth (quien fuera el ganador del último festival Eurovisión, dueño de una barba tan cuidada como sus pestañas postizas y que predica un manual de estilo que parecería emular a Penélope Cruz). En ocasión de la extravagancia de Gaultier, Conchita, quien suele definir a su personaje “como una declaración de la tolerancia y la aceptación”, emuló a una novia vestida de negro, con un velo al tono y ornamentos similares a banderas de trajes regionales en colores rojo y oro.

Entre los estilos imperantes en el desfile de Gaultier, uno de los sobrevivientes de la generación de extravagantes representada por Galliano y por Mc Queen, asomó un maxivestido negro en el cuerpo de una joven modelo con antifaz rojo. El vestido culminaba en una capa cruza de atuendo de cardenal con bata de bailaora. O bien una monoprenda cruza de pantalón sastre con chaqueta ídem, con contrastes de paño y satén, cuya usuaria llevaba un foulard blanco que culminaba en una capucha de estilo vintage. Seguirían faldas pencil en cuero matizadas con encajes a modo de top; o bien trajes de raya diplomática en color plata y con cresta punk rojiza; una proliferación de babuchas en terciopelo y monoprendas en gris con velos al tono, vestidos negros que culminaban en línea A y estolas de piel a modo de ruedo; mientras que un apartado de la colección estuvo consagrado a ejercicios de estilo en siluetas rojas y negras. Cadenas doradas irrumpirían en un guiño sutil desde un impecable traje de pantalón o chaqueta negros, o bien como gorguera rocker en algunos vestidos cruza con estilos deportivos; pero su versión más dramática irrumpió en un simulacro de crinolina negro y dorado. Mientras que el sitio Style.com parece haber omitido la crítica y reseña, desde Vogue.com, la experta Susy Menkes esgrimió: “Por todo el negro, las tonalidades rojo sangre –y colores gore– los looks vampirescos y el talento para el espectáculo (que incluyó algunas caídas por los stilettos con tacón de aguja), se puede afirmar que ha sido un espectáculo muy Gaultier. Todo lo que tenía que hacer uno como cliente era lavar la sangre y ahí entraba la moda y los códigos del diseñador: pantalones cortados de una manera tan sumamente perfecta que parecían casi realizados sobre el cuerpo. Su temática del empoderamiento de la mujer no ha cambiado. Pero su técnica sí lo ha hecho. Este dance macabre llevado hasta los sonidos góticos de Marilyn Manson, ha incluido tantos outfits diferentes que el volumen de las prendas, en cada pliegue y estilo, quitaba el aliento”.

Cuando en 2013 el Museo de Bellas Artes de Montreal inauguró El Planeta Moda de Gaultier, una retrospectiva de sus diseños articulada en cinco ejes (El Boudoir, A flor de piel, Can-Can Punk, Jungla Urbana, Metrópolis y La Odisea de Jean Paul Gaultier), la muestra recopiló un centenar de trajes y de tipologías ideadas por quien fuese calificado una y otra vez “el niño terrible de la moda francesa”. Lejos de ese apodo, el creador francés con formación autodidacta, nacido en Arcueil en 1952 y cuyo primer trabajo fue una pasantía en Pierre Cardin, afirmó en diversas ocasiones que la principal influencia en su decisión de volcarse a la moda fue su abuela peluquera, así como también su compulsión por dibujar las ropas de las bailarinas del Follies Bergère. Su faceta de showman se complementó durante más de una década como coconductor del célebre programa de TV Eurotrash y en 2014 participó como uno de los jueces invitados del reality mexicano sobre la moda de la revista Elle. Esta semana, Jean Paul anunció el lanzamiento de una colección cápsula de moda para niñas rebeldes, apodada Junior Gaultier Couture: consiste en cinco vestidos de tul que se comercializan en las Galerías Lafayette.

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