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Viernes, 24 de julio de 2015

COSAS VEREDES

Tiempo de descuento

En Estados Unidos, distintos negocios –disquerías, tiendas de diseño y bares– han decidido cobrar menos a las mujeres, en señal de protesta ante la disparidad salarial y la discriminación de género.

 Por Guadalupe Treibel

A pesar de que la Equal Pay Act (léase, la ley federal que exige igual remuneración por igual trabajo entre hombres y mujeres) fue aprobada y firmada por John F. Kennedy en 1963, la brecha salarial continúa siendo una situación de hecho en Estados Unidos (y en el mundo entero). Nada nuevo bajo el sol de julio para la platea femenina: sus tasas de desempleo son superiores (también las de pobreza), ocupan puestos peor remunerados, reciben salarios menores por trabajos de igual valor. Sin más, en el mentado país del Norte, las estadísticas muestran que señoras y señoritas ganan –en promedio– 77 centavos por cada dólar que llega al bolsillo del varón, cifra que se vuelve aún más “tacaña” en el caso de las afroamericanas (64 centavos) o las latinas (56 centavos). “El techo de cristal se ha agrietado un poco, pero no se ha roto del todo”, apuntan voces a diestra y siniestra, amén de números extensivos a otros puntos cardinales. Empero, cierta novedad ha arribado a EE.UU. para poner los puntos sobre las íes, avivando el debate e intentando achicar la brecha. En la medida de las posibilidades, por supuesto. Se trata de distintas iniciativas comerciales que, cada cual en su ámbito, ha decidido cobrar a las mujeres menos que a los muchachos. O, en otras palabras, que las mujeres paguen el porcentaje correspondiente a lo que ganan con relación a la infame brecha salarial. ¿Discriminación positiva? Discriminación positiva, exclusivamente motivada por una balanza nada equitativa. A saber:

El primer caso corresponde a Elana Schlenker, diseñadora gráfica de Pittsburgh, Pennsylvania, estado en el que la disparidad es de 76/100. Razón por la cual los productos ofrecidos en su pop-up store (tienda itinerante y temporal, de corto plazo, inaugurada el pasado abril) responden a dicha desproporción: por cada dólar abonado por un señor por equis artículo, la mujer paga 76 centavos. “Estaba cansada de leer artículo tras artículo sobre la brecha salarial generalizada y las formas en que las mujeres siguen siendo infravaloradas en el lugar de trabajo, sobre la baja representación femenina en puestos ejecutivos, directivos, gubernamentales. El tema me voló la peluca. Entonces, tuve esta idea y sentí que realmente podía lograr que las personas hablaran sobre el tópico”, explica la creadora de Less Than 100 (tal es el nombre de su tienda) en reciente interviú con diario El País. No sin destacar que la propuesta “es tan injusta como injusta es la brecha”, en réplica a las voces críticas que la acusan de sexista. Ella abraza la polémica, siempre y cuando aporte al debate y ayude a hacer consciente “el sesgo inconsciente sobre cómo percibimos y valoramos a las mujeres” en el campo laboral.

Por lo demás, Less Than 100 vende objetos de diseño creados por mujeres artistas, independientes y locales, con símil ideales y misma preocupación, encantadas de subirse a la ola justiciera con libros arty-activistas de Guerilla Girls, remeras, portarretratos, etcétera. Tan exitosa resultó la iniciativa que Schlenker planea importar formato; quizás una tienda en New Orleans, donde la diferencia salarial es aún más pronunciada (66/100) y, por tanto, más pronunciada sería la diferencia de precios en los productos que la joven ponga a la venta. Quizás en otros puntos del globo. Finalmente, “mujeres de Canadá, Suecia y Reino Unido ya me han contactado para discutir el tema y transmitir su apoyo. Los derechos femeninos son un asunto global”, atina la muchacha desde los confines yanquis. Confines donde, más recientemente, otros negocios de categorías varias han decido adoptar el lema “Que las mujeres paguen en proporción al gender wage-gap que padecen”, sumándose a esta flamante tendencia igualitaria (o, dirán los malpensados, redituable campaña de marketing).

Tal es el caso de un bar de Brooklyn, Nueva York, que –desde comienzos de julio– ha puesto en práctica una lady’s night con vueltita de tuerca feminista, “nivelando el campo de juego aunque sólo sea por una noche”: “Las mujeres merecen más. Reconocer la discrepancia es sólo el comienzo”, advierte el dueño de The Way Station –ubicado en el 683 Washington Avenue, entre St. Marks y Prospect Place–, local temático (las instalaciones son una oda a Dr. Who) en cuestión. Allí, cada martes, la clientela femenina puede beber a sus anchas, a sabiendas de que sólo abonará el 77 por ciento de su cuenta final. Nuevamente: el equivalente de sus ganancias, con relación a los muchachos norteamericanos. “Una manera divertida e innovadora de poner el foco de atención sobre una problemática que afecta a cada mujer del país”, festeja el sitio Mic sobre una intentona que ya tiene detractores. “Activistas de los Derechos del Varón han comenzado a quejarse en webs como Reddit, diciendo que los discrimino, llamando a un boicot. No es el tipo de clientela que quiero para mi bar; por fortuna, esta promoción me ha ayudado a librarme de tipos que no tratan a las mujeres con respeto”, destaca Andy Heidel, y les dedica unas últimas palabras: “Hasta nunca”.

“La Equal Pay Act se aprobó en 1963, y ya estamos en el 2015”, se indigna Brett Lyman, de la discográfica independiente M’Lady’s Records, de Portland, Oregon, última empresita en sumarse a la ola. De allí, el 23 por ciento de descuento que la firma ha empezado a aplicar a las damas que ordenen sus discos online. “Verdadero progreso sería que este esquema de precios fuera aplicado en tiendas de comestibles o empresas de servicios públicos. Pero, dado que no manejamos ninguna de esas áreas, nos conformamos con darle curso en nuestro pequeño manicomio”, declara el muchacho Brett, un autodefinido feminista.

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