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Viernes, 4 de noviembre de 2005

CONSEJITOS DE MARU BON BON

Delicias de la vida cotidiana

¡Amiguete/ta/s de lo bueno/na¡ ¡Estimadísimos/mas cultores/ras de las pequeñas cosas que nos hacen felices y prácticamente sin gastar dinero! No siempre hay cosas que decir sobre las relaciones entre las personas, que las personas, los/las amantes, las parejas, las desparejas, las triejas, las orgiecas, y todos/das los que sepan reunirse lo hagan a su gusto y placer inventando lo que puedan y repitiendo lo que no, que no siempre por nuevo va el camino, ruta es mejor. Yo, mis tesoretes, mis adorables, esta vez me dedico a la cocina, que es un a placer como cualquier otro/tra y tan rendidor como pocos. Pero eso sí, después de exhaustivas investigaciones, y atenta a lo que manda la madre naturaleza, he seleccionado aquí dos platos con espárragos –propios de la estación– y una ensalada para que el sopor que sigue a la ingesta no nuble los sentidos de mis deliciosa/so/s bacantes. ¡A vuestra salud!

1

Espárragos con poder: Llámase así a ese atadito de ídem machacado en un mortero y bien rociados con vino tinto, donde reposarán hasta tanto, en un mortero aparte –no me vengáis ahora con que no hay tantos morteros en la cocina, pedid al vecino y de paso cañazo– se triture una cebolla chica, pimienta en grano, salvia, coriandro y un chorro de aceite. Más luego se verterán ambas preparaciones en una fuente bien aceitada sobre el fuego hasta que todo esté blando, blando, blando. Atención: no se recomienda untar esta preparación sobre partes sensibles, ya que puede provocar erupciones y o mordiscos involuntarios.

2

Ensalada Don/ña Juan/a: Se toman dos tallos de apio y no se los utiliza cual falo erguido como en las malas películas erósticas, sino que se los lava, se los corta y se los cocina durante un cuarto de hora (sólo las partes blancas). Se los deja enfriar. Aparte se pica una cebolla, una zanahoria y un ramito de perejil. Se saltea todo en manteca, se le agrega pimienta, sal, una pizca de nuez moscada y un poco de caldo de verdura. Se cocina a fuego lento durante media hora –tiempo perfecto para dedicarse a menesteres lentos donde más os guste–. Mientras tanto, y he aquí el secreto de mi éxito, se lava medio kilo de mollejas, se las corta en tiras y se las pone a hervir. Una vez cocinadas se las extiende en el fondo de una cacerola –al fuego, sí, se vierte el apio sobre ellas y se añade un vaso de vino marsala–. Se deja reducir y más tarde se mezcla todo. Cuidado: que hablamos de mezclar los ingredientes y no la ensalada con los otros menesteres.

3

Espárragos a la varenne: ¡Mi favorita, amigue/te/ta/s! ¡Rescatada de un baúl perdido en 1530 y recuperado más tarde, mucho más tarde, por una bataclana (gallina estoy hablando) que empollaba en una iglesia de Varenne. Sencilla, eficaz y pesada, claro que sí, aunque no tanto como para no poder ir a la cama y dar unos lindos saltos. Se cortan dos paquetes de espárragos en trozos, se fríen en manteca o panceta fundida junto con un ramito de perejil, un par de cucharadas de cebollines y alguna que otra hierba aromática. Se cocina a fuego suave, se agrega crema de leche y se sirve con una mota de nuez moscada. Ojito: si la intención es remojar los espárragos en huecos alternativos se recomienda no cortarlos en trozos so pena de perderlos en profundidades remotas.

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Como notarán amigos/gas la alegría está lejos de ser sólo brasileña, mucho menos de asociarse con música alguna. Alegres serán los que sepan qué probar y como dar en la boca a alguien más.
 
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