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Viernes, 16 de abril de 2004

INUTILíSIMO

Hogar dulcísimo hogar

Pilar fundamental de la dicha familiar, la mujer hogareña debería recuperar el prestigio de un título que merecería enorgullecernos a todas porque del cumplimiento correcto de esas funciones dependen la prosperidad doméstica, la salud de los hijos y el bienestar del marido. Así lo declara, con la más absoluta de las convicciones, la Condesa de A en La mujer en familia, tratado aparecido en Barcelona (Montaner y Simón Editores, 1907). Al revés de tanto libelo difamador de la consagración tiempo completo, la citada dama afirma que “esas ocupaciones que pueden parecer prosaicas, sin embargo, rodean al ama de casa de una bella aureola, pues ella es el alma y la poesía del hogar”. Más todavía, “es una reina que tiene en la mano, a guisa de cetro, la llave de oro que abre la misteriosa puerta de la felicidad”. Claro que para ejercer esta monarquía la señora de la casa debe renunciar a las pompas mundanas, a esos éxitos profesionales que buscan aquellas que no han comprendido que “el arreglo del hogar es como una obra de arte que el ingenio femenino renueva cada día”. Para lo cual, obvio es señalarlo, hacen falta cualidades tan específicas como “el orden, la delicadeza, la bondad, la vigilancia, la dulzura”.
Empero, por más que parezca un contrasentido, “a la mujer moderna se la inicia en una infinidad de artes y ciencias que constituyen un lujo innecesario para sus naturales destinos, y muy poco se le enseña de lo indispensable para el buen gobierno de la casa”. Ay, cuántas parejas distanciadas, cuántos matrimonios rotos podrían haberse salvado si hubieses tenido en cuenta las recomendaciones de La mujer en la familia. Por ejemplo, lo imprescindibles que resultan los conocimientos relativos a la cocina, la repostería, la preparación de encurtidos y confituras: “Buena parte del bienestar de una familia proviene de la cocina; aunque la comida sea sencilla, cuando es variada y sabrosa procura satisfacciones a los comensales y plácemes a la señora que las ha preparado o dirigido”.
Por otra parte, la madre que no sepa guisar bien, mal podrá transmitir a sus hijas la importancia de esta habilidad para el equilibrio, la paz y la armonía familiar. De este modo irresponsable es como se va dilapidando “todo lo que de bello, grande y útil representan estos quehaceres” (que, desde luego, corresponden exclusivamente a la mujer). Pero si seguimos la estela luminosa de la Condesa de A y asumimos nuestras cargas femeninas, alcanzaremos el ideal que ella nos propone: ser caseras a pleno, sin un minuto de ocio, porque –no lo olvidemos jamás– “una hora perdida voluntariamente o empleada en futilidades, puede tener muy graves consecuencias”.

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