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Viernes, 16 de abril de 2004

YO, PECADORA

La indiferencia

 Por Marta Dillon

Hemos sido indiferentes, sí. Nuestros prejuicios nos traicionan, para qué negarlo. Que ella sea vedette, que su cuerpo haya sido manipulado por ella misma para cumplir el deseo masculino (¿acaso hay alguien que pueda arrojar la primera piedra?) tan arraigado en talleres mecánicos y vestuarios, que cumpla tan bien con su rol de objeto decorativo, nada de eso nos disculpa de haber mirado para otro lado cuando de distintos y velados modos se hacía referencia en cuanto programa de chismes estuviera en el aire a la violencia que venía sufriendo por parte de su pareja. No hubo entre sus conocidos quien no se asumiera testigo de esa violencia, de los ataques de celos del muchachito de labios regordetes, mirada torva y músculos hinchados. Todos lo sabían. Todos sabían cuánto le costaba a Alejandra Pradón trabajar a pesar de. Y sin embargo la reflexión más escuchada al respecto fue que ella “siempre tuvo relaciones conflictivas”, o que gustaba de exhibir “escándalos”. Lo cierto es que Alejandra Pradón, desde su cama de hospital, fue sospechada de no haber caído desde donde se dijo que cayó, y apenas si fue interpretado su sutil: “yo le di mi vida, no sé por qué me la quiso quitar”, lograda síntesis que evidentemente intentaba poner las responsabilidades del lado del muchacho de los labios (¿o los músculos?) hinchados sin incriminarlo –con la connotación de crimen que encierra esa palabra– porque ella no quiere “mandar a nadie a la cárcel”. Y nosotras, pecadoras, siempre dispuestas a denunciar la violencia de género, hicimos caso omiso a sus sentidas palabras, más relativizadas por ella misma cuanto más cerca está su recuperación. Pero, Alejandra, que sepas perdonar, como dijiste, que te recuperes, incluso que se borren las marcas de la escultura de tu cuerpo no quiere decir que haya que borrar también las responsabilidades. Ni siquiera las nuestras, que pecamos de indiferentes desaprovechando esta oportunidad tan mediática de mostrar que nadie está exenta de sufrir ese crimen tan común que es la violencia de género.

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